/ jueves 7 de marzo de 2019

Terpsícore

¿Qué tendrá la danza de especial que hasta los filósofos le conceden un lugar especial dentro de sus reflexiones? Nietzsche por ejemplo, con todo y su vehemente nihilismo llegó a exclamar que él sólo podría creer en un dios que supiese bailar. Lo mismo que Nietzsche, Sócrates encuentra en la danza ideales relacionados con la belleza en movimiento, una búsqueda que lo llevó a a prendera bailar a los 70 años de edad.

No es solamente idear pasos de baile, piruetas y molinetes al compás de la música, se trata de mimetizarse con los movimientos de la naturaleza, como lo hizo Isadora Duncan, que se inspiró en el mar y por el cual “creó” la danza moderna.El mar por ejemplo es ese eterno coreógrafo de almas, al que van a curarse todo tipo de penas y como él, existen otros tantos seres que pueden enseñarte lecciones de movimiento como, por ejemplo, los árboles que mecen sus copas al viento como tú lo harías si dejas tu cabello revolotear o los pájaros que dan saltitos para expresar alegría o los guajolotes que zapatean para demostrar coraje.

Como ves, bailar permite entrar en sintonía con el ritmo vital del mundo y ya que la vida es música, se puede entender entonces que, por la música de la vida, podemos disfrutar de un baile de principio a fin. Llegamos al mundo moviéndonos y nos vamos de él con los últimos estertores.

Es así que la danza tiene potenciales creadores que unen al ser humano de una manera muy especial con su entorno. Ni siquiera es requisito tener una pareja de baile para experimentar esta unión con el universo por medio de la danza; si bien la danza en pareja sincroniza los tiempos de dos personas, es simplemente una vertiente de la verdadera, aquella que se experimenta a solas y con uno mismo.

Dos elementos son fundamentales dentro de la experiencia de la danza individual, uno corresponde a sentir la tierra debajo de los pies y el segundo a tocar el cielo con las palmas queriendo estrechar la infinitud del Cosmos, una danza que aprendemos de manera innata, ¿puedes recordarla?

Se trata de una experiencia que viviste en un pasado no tan remoto, justo como cuando eras niño y girabas hasta caer rendido y entrar en una dimensión que abstraía de manera diferente los colores, el movimiento y los contornos. Cuando girabas tantas veces, todos los colores y las figuras se aglomeraban en una sola masa de múltiples pinceladas, el sonido y el movimiento viajaban contigo y curiosamente tu cuerpo aun siendo pequeño en ese entonces, lograba captar mejor ese carrusel universal, convirtiéndote en un embudo por el que se filtraba la sensación del todo.

Cuando tu cuerpo crece, la vergüenza lo vuelve un poco más pesado y menos receptivo amoverse con libertad, si intentas girar, sentirás las náuseas de la existencia, ésas a las que eras inmune solamente bajo el frenesí infantil. No es sólo el paso del tiempo el que te cobra la factura cuando giras viendo hacia el firmamento, también te lo cobra tu experiencia de vida.

Antes podías captar las nubes, las estrellas y el infinito con ojos de asombro y te sentías uno con la tierra que seguía su curso, pero al crecer olvidas esa sensación al grado que terminas repudiándola y se vuelve incluso vomitiva.Cuando aprendes a bailar o a patinar, sea cual sea tu edad, tus primeras lecciones serán dar vueltas y aprender a enfocar tu mirada en un punto para girar en armonía sin desfallecer, pero realmente lo que están enseñándote es a recordar que la resistencia que tenías de niño, debes manejarla bajo el enfoque que te provee tu adultez.

Nunca es tarde para aprender a sintonizar con el mundo por medio del baile, más que ejercitarte, puede alimentar sanamente tus pretensiones místicas y unirte al mundo, como dice la canción de Jimmy Fontana: “Gira, il mondo gira, nellospazio senza fine, con gli amori appena nati, con gli amori già finiti, con lagioia e col dolor e, del la gente come me.” (Gira, el mundo gira, en el espacio sin fin, con amores recién nacidos, con amores ya acabados, con la alegría y con el dolor, de la gente como yo.) (L)

¿Qué tendrá la danza de especial que hasta los filósofos le conceden un lugar especial dentro de sus reflexiones? Nietzsche por ejemplo, con todo y su vehemente nihilismo llegó a exclamar que él sólo podría creer en un dios que supiese bailar. Lo mismo que Nietzsche, Sócrates encuentra en la danza ideales relacionados con la belleza en movimiento, una búsqueda que lo llevó a a prendera bailar a los 70 años de edad.

No es solamente idear pasos de baile, piruetas y molinetes al compás de la música, se trata de mimetizarse con los movimientos de la naturaleza, como lo hizo Isadora Duncan, que se inspiró en el mar y por el cual “creó” la danza moderna.El mar por ejemplo es ese eterno coreógrafo de almas, al que van a curarse todo tipo de penas y como él, existen otros tantos seres que pueden enseñarte lecciones de movimiento como, por ejemplo, los árboles que mecen sus copas al viento como tú lo harías si dejas tu cabello revolotear o los pájaros que dan saltitos para expresar alegría o los guajolotes que zapatean para demostrar coraje.

Como ves, bailar permite entrar en sintonía con el ritmo vital del mundo y ya que la vida es música, se puede entender entonces que, por la música de la vida, podemos disfrutar de un baile de principio a fin. Llegamos al mundo moviéndonos y nos vamos de él con los últimos estertores.

Es así que la danza tiene potenciales creadores que unen al ser humano de una manera muy especial con su entorno. Ni siquiera es requisito tener una pareja de baile para experimentar esta unión con el universo por medio de la danza; si bien la danza en pareja sincroniza los tiempos de dos personas, es simplemente una vertiente de la verdadera, aquella que se experimenta a solas y con uno mismo.

Dos elementos son fundamentales dentro de la experiencia de la danza individual, uno corresponde a sentir la tierra debajo de los pies y el segundo a tocar el cielo con las palmas queriendo estrechar la infinitud del Cosmos, una danza que aprendemos de manera innata, ¿puedes recordarla?

Se trata de una experiencia que viviste en un pasado no tan remoto, justo como cuando eras niño y girabas hasta caer rendido y entrar en una dimensión que abstraía de manera diferente los colores, el movimiento y los contornos. Cuando girabas tantas veces, todos los colores y las figuras se aglomeraban en una sola masa de múltiples pinceladas, el sonido y el movimiento viajaban contigo y curiosamente tu cuerpo aun siendo pequeño en ese entonces, lograba captar mejor ese carrusel universal, convirtiéndote en un embudo por el que se filtraba la sensación del todo.

Cuando tu cuerpo crece, la vergüenza lo vuelve un poco más pesado y menos receptivo amoverse con libertad, si intentas girar, sentirás las náuseas de la existencia, ésas a las que eras inmune solamente bajo el frenesí infantil. No es sólo el paso del tiempo el que te cobra la factura cuando giras viendo hacia el firmamento, también te lo cobra tu experiencia de vida.

Antes podías captar las nubes, las estrellas y el infinito con ojos de asombro y te sentías uno con la tierra que seguía su curso, pero al crecer olvidas esa sensación al grado que terminas repudiándola y se vuelve incluso vomitiva.Cuando aprendes a bailar o a patinar, sea cual sea tu edad, tus primeras lecciones serán dar vueltas y aprender a enfocar tu mirada en un punto para girar en armonía sin desfallecer, pero realmente lo que están enseñándote es a recordar que la resistencia que tenías de niño, debes manejarla bajo el enfoque que te provee tu adultez.

Nunca es tarde para aprender a sintonizar con el mundo por medio del baile, más que ejercitarte, puede alimentar sanamente tus pretensiones místicas y unirte al mundo, como dice la canción de Jimmy Fontana: “Gira, il mondo gira, nellospazio senza fine, con gli amori appena nati, con gli amori già finiti, con lagioia e col dolor e, del la gente come me.” (Gira, el mundo gira, en el espacio sin fin, con amores recién nacidos, con amores ya acabados, con la alegría y con el dolor, de la gente como yo.) (L)

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