/ jueves 21 de febrero de 2019

Polimnia

“Tengo miedo”. Me dijiste llorando con gran aspaviento y yo no supe cómo reaccionar. Entre sollozos volviste a hablar: “Tengo miedo porque mi vida va a cambiar y voy a dejar atrás momentos felices que me han definido. Tengo miedo de equivocarme y de no estar a la altura de la situación, de fallar y tener que tragarme la vergüenza después.Tengo miedo de desoír los consejos que siempre me han trazado el camino del bien y del mal, y miedo al reflejo de sus ojos donde me veo débil e incapaz de superarme. Tengo miedo porque me estoy comunicando hacia la vida con lágrimas y la vida no entiende ese lenguaje”.

Cuando terminaste de desahogarte,te tomé de la mano y te conduje al parque, hasta la banca debajo del árbol que tanto nos gusta. Me senté frente a ti y sin vacilar te dije mirándote a los ojos: “Niña querida, cómo se ve que sigues siendo la misma de ayer. ¿Acaso no eres tú la que siempre me ha dicho que las cosas que se hacen con miedo están destinadas a fracasar? Yo te voy a enseñar el himno del miedo y a partir de hoy te lo vas a aprender con lágrimas de fuego.

Este es el himno del miedo que recitan los desventurados a los que se les niega la paz. Este es el himno que encadena a los condenados a la infelicidad, que carcome las entrañas de los que han perdido la fe en sí mismos.

Es un himno lúgubre que se canta a una sola voz, en un solo gemido y dice así: “Yo soy el miedo, consejero de los humanos desde el día en que fueron expulsados del Paraíso. Yo soy el que les dio espinas a las rosas y a las serpientes ponzoña. Por mi causa se construyeron castillos con muros altos y fosas profundas. Yo me he encargado de hundir muchos barcos sobrecargados de avaricia y traer la bancarrota a los que aprenden de mí.

“Yo soy el miedo, rey de los moribundos y de los insomnes que me invocan en las madrugadas y en sus agonías.Yo soy el miedo, sepulturero de intrépidos, cantinero de las almas perdidas,verdugo de los cobardes, seductor de los poderosos, abogado de los necios, morador subterráneo de camas y armarios, arquitecto de pesadillas, fabricante de armas, maquillista de riesgos, mercader de la desesperanza, severo juez de tus actos,contador de todos tus pecados.

“Te seguiré dondequiera que tú me invites. Tú me das la existencia, por causa de ti existo y por la de nadie más.Ábreme las puertas de tu corazón y en él edificaré mi fortaleza. Permíteme entrar en tu conciencia y desde ella dominaré tu lengua. Obedéceme y disemina mi culto. Conviértete en un discípulo del terror porque sabes que te conviene.Adórame temiéndome, deposita en mí tu confianza y te dejaré en quiebra,sacrifica tus sueños para darme poder y a cambio, yo evitaré que sufras vergüenzas, seré el escudo que te proteja de las verdades incómodas que no quieres oír, amortiguaré tus pasos para evitarte caídas y nunca sabrás lo que significa el arrepentimiento porque al no atreverte, siempre te sostendrán mis brazos. Yo soy el miedo, tu protector”.

Nos quedamos viendo la una a la otra por un largo tiempo, en silencio absoluto. Vislumbré en tu semblante un paisaje de tentaciones que se sucedían uno tras otro y dejé que lloraras hasta temblar. Después te abracé y te susurré al oído diciéndote: “Mi niña del ayer,yo te perdono todo. Sólo tú sabes qué hacer. Hagas lo que hagas, yo confío en ti”. Después me levanté y te dejé sentada en la banca, la banca debajo del árbol que tanto nos gusta a las dos. (F)

“Tengo miedo”. Me dijiste llorando con gran aspaviento y yo no supe cómo reaccionar. Entre sollozos volviste a hablar: “Tengo miedo porque mi vida va a cambiar y voy a dejar atrás momentos felices que me han definido. Tengo miedo de equivocarme y de no estar a la altura de la situación, de fallar y tener que tragarme la vergüenza después.Tengo miedo de desoír los consejos que siempre me han trazado el camino del bien y del mal, y miedo al reflejo de sus ojos donde me veo débil e incapaz de superarme. Tengo miedo porque me estoy comunicando hacia la vida con lágrimas y la vida no entiende ese lenguaje”.

Cuando terminaste de desahogarte,te tomé de la mano y te conduje al parque, hasta la banca debajo del árbol que tanto nos gusta. Me senté frente a ti y sin vacilar te dije mirándote a los ojos: “Niña querida, cómo se ve que sigues siendo la misma de ayer. ¿Acaso no eres tú la que siempre me ha dicho que las cosas que se hacen con miedo están destinadas a fracasar? Yo te voy a enseñar el himno del miedo y a partir de hoy te lo vas a aprender con lágrimas de fuego.

Este es el himno del miedo que recitan los desventurados a los que se les niega la paz. Este es el himno que encadena a los condenados a la infelicidad, que carcome las entrañas de los que han perdido la fe en sí mismos.

Es un himno lúgubre que se canta a una sola voz, en un solo gemido y dice así: “Yo soy el miedo, consejero de los humanos desde el día en que fueron expulsados del Paraíso. Yo soy el que les dio espinas a las rosas y a las serpientes ponzoña. Por mi causa se construyeron castillos con muros altos y fosas profundas. Yo me he encargado de hundir muchos barcos sobrecargados de avaricia y traer la bancarrota a los que aprenden de mí.

“Yo soy el miedo, rey de los moribundos y de los insomnes que me invocan en las madrugadas y en sus agonías.Yo soy el miedo, sepulturero de intrépidos, cantinero de las almas perdidas,verdugo de los cobardes, seductor de los poderosos, abogado de los necios, morador subterráneo de camas y armarios, arquitecto de pesadillas, fabricante de armas, maquillista de riesgos, mercader de la desesperanza, severo juez de tus actos,contador de todos tus pecados.

“Te seguiré dondequiera que tú me invites. Tú me das la existencia, por causa de ti existo y por la de nadie más.Ábreme las puertas de tu corazón y en él edificaré mi fortaleza. Permíteme entrar en tu conciencia y desde ella dominaré tu lengua. Obedéceme y disemina mi culto. Conviértete en un discípulo del terror porque sabes que te conviene.Adórame temiéndome, deposita en mí tu confianza y te dejaré en quiebra,sacrifica tus sueños para darme poder y a cambio, yo evitaré que sufras vergüenzas, seré el escudo que te proteja de las verdades incómodas que no quieres oír, amortiguaré tus pasos para evitarte caídas y nunca sabrás lo que significa el arrepentimiento porque al no atreverte, siempre te sostendrán mis brazos. Yo soy el miedo, tu protector”.

Nos quedamos viendo la una a la otra por un largo tiempo, en silencio absoluto. Vislumbré en tu semblante un paisaje de tentaciones que se sucedían uno tras otro y dejé que lloraras hasta temblar. Después te abracé y te susurré al oído diciéndote: “Mi niña del ayer,yo te perdono todo. Sólo tú sabes qué hacer. Hagas lo que hagas, yo confío en ti”. Después me levanté y te dejé sentada en la banca, la banca debajo del árbol que tanto nos gusta a las dos. (F)

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