/ jueves 14 de marzo de 2019

Urania

En lo alto del firmamento, incontables estrellas brillan a años luz de distancia, destilando un aura de misterio que nos recuerda la frágil ignorancia que envuelve nuestro conocimiento. Son incógnitas flamígeras que alumbran, pero no para dejarse ver, sino para ocultarse en su propia luz, por eso deslumbran. Las estrellas siempre han cautivado la imaginación de los pueblos del mundo, protagonizando infinitud de leyendas y expresiones idiomáticas, tales como: “nació con buena estrella”, “alcanzar las estrellas”, “bajarte la Luna y las estrellas”, “convertirte en una estrella”.

Son ellas, las estrellas, esas incandescentes esferas que han cobijado los sueños de la humanidad desde tiempos remotos, inspirando textos tanto científicos como mágicos. La astronomía, ciencia dedicada al estudio de los astros, no ha dejado nunca de buscar la explicación racional del origen del Universo, mientras que la astrología no ha dudado por un minuto que nuestro destino está escrito en el lenguaje de los planetas y de las constelaciones, pero ambas desde su enfoque particular, siempre aspirando a obtener la respuesta que pacifique la duda existencial, encontrar el sentido de la vida: ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?Por ello, llama la atención la importancia que el pueblo griego le dio al tema de los astros y que éste se refleje incluso en las musas. La más pequeña de las nueve hermanas, de nombre Urania, se le consideró la musa de la astronomía y por lo tanto se le representa con una corona de estrellas, un globo terráqueo y un compás, instrumento que denota su patronazgo sobre las ciencias exactas, sobre todo las matemáticas.

Si existe una musa de las matemáticas, resultaría un alivio para los estudiantes mortificados con el libro de Baldor, pero analizándolo con un poco de detenimiento, existe una razón más espiritual que racional detrás de Urania, una razón que el discurso positivista en torno al cual se funda la ciencia actual, se encargaría de mutilar. La pregunta es: ¿por qué alguien querría ser inspirado por los astros y por las matemáticas?Porque quien busca respuestas en las matemáticas, está buscando respuesta a sus inquietudes existenciales. Las matemáticas son una ciencia con un poder creador especial, al modo en que Pitágoras consideraba mágicos a los números. Recapitulemos que las musas suelen asociarse con el arte: la música, la poesía, los relatos históricos, los himnos, ¿de dónde sale entonces una musa “científica”?, ¿qué sensibilidad cabe en la fría, dubitativa y estricta ciencia?Más que una musa “científica” que habla de razones frías y calculadoras, más que considerar a las matemáticas racionales y portentosas, hay que verlas como nos la presenta Urania: las matemáticas están plagadas de intuición espiritual, casi diría religiosa, porque la esencia de los números no es otra cosa que la esencia de la Creación.

La “ciencia” con Urania no contrapone razón y espíritu, sino que concilia ambos hasta llevarlos a la captación de lo real, lo inmutable, lo que no engaña a los sentidos.

Toda la entropía a la que tiende el Universo, se explica sólo mediante esa aspiración de terminar con el caos que tanto atemorizaba a los griegos, las matemáticas vienen pues a explicar el misterio, no a negarlo.El misterio que encierran esos brillantes cuerpos celestes traspasa la frontera del caos, de la frialdad, de la oscuridad, es un misterio que mueve las entrañas hacia la fuente del origen de donde surgió, como las abejas van al polen, como los ríos van al océano, como los pájaros siguen su curso en inverno, como el corazón pide amor, como el cerebro pide explicaciones, es la ley invisible que ata a la creación con su creador.La ley que dicta la curiosidad espiritual del científico, la vocecita interior que escuchas cuando te asomas por la ventana de noche, la que te habla: “Sientes curiosidad, ¿verdad?, por el Universo, por su grandeza que te encoge, por la lástima de desconocer tanto, pero, ¿no es acaso tu alma una reproducción a escala de las fuerzas que gobiernan al Universo?, ¿no son tus ojos dos luceros que te fueron dados para alumbrar la oscuridad?, ¿no es tu cuerpo un sistema a la medida?, ¿y no se encuentra en ti la fuerza de la marea gobernada por la Luna y el calor del Sol no es el mismo que recorre tus venas?, ¿no te has dado cuenta que eres polvo de estrella y polvo serás? Tienes un corazón pensante. Siente y sabrás…”. (F)

En lo alto del firmamento, incontables estrellas brillan a años luz de distancia, destilando un aura de misterio que nos recuerda la frágil ignorancia que envuelve nuestro conocimiento. Son incógnitas flamígeras que alumbran, pero no para dejarse ver, sino para ocultarse en su propia luz, por eso deslumbran. Las estrellas siempre han cautivado la imaginación de los pueblos del mundo, protagonizando infinitud de leyendas y expresiones idiomáticas, tales como: “nació con buena estrella”, “alcanzar las estrellas”, “bajarte la Luna y las estrellas”, “convertirte en una estrella”.

Son ellas, las estrellas, esas incandescentes esferas que han cobijado los sueños de la humanidad desde tiempos remotos, inspirando textos tanto científicos como mágicos. La astronomía, ciencia dedicada al estudio de los astros, no ha dejado nunca de buscar la explicación racional del origen del Universo, mientras que la astrología no ha dudado por un minuto que nuestro destino está escrito en el lenguaje de los planetas y de las constelaciones, pero ambas desde su enfoque particular, siempre aspirando a obtener la respuesta que pacifique la duda existencial, encontrar el sentido de la vida: ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?Por ello, llama la atención la importancia que el pueblo griego le dio al tema de los astros y que éste se refleje incluso en las musas. La más pequeña de las nueve hermanas, de nombre Urania, se le consideró la musa de la astronomía y por lo tanto se le representa con una corona de estrellas, un globo terráqueo y un compás, instrumento que denota su patronazgo sobre las ciencias exactas, sobre todo las matemáticas.

Si existe una musa de las matemáticas, resultaría un alivio para los estudiantes mortificados con el libro de Baldor, pero analizándolo con un poco de detenimiento, existe una razón más espiritual que racional detrás de Urania, una razón que el discurso positivista en torno al cual se funda la ciencia actual, se encargaría de mutilar. La pregunta es: ¿por qué alguien querría ser inspirado por los astros y por las matemáticas?Porque quien busca respuestas en las matemáticas, está buscando respuesta a sus inquietudes existenciales. Las matemáticas son una ciencia con un poder creador especial, al modo en que Pitágoras consideraba mágicos a los números. Recapitulemos que las musas suelen asociarse con el arte: la música, la poesía, los relatos históricos, los himnos, ¿de dónde sale entonces una musa “científica”?, ¿qué sensibilidad cabe en la fría, dubitativa y estricta ciencia?Más que una musa “científica” que habla de razones frías y calculadoras, más que considerar a las matemáticas racionales y portentosas, hay que verlas como nos la presenta Urania: las matemáticas están plagadas de intuición espiritual, casi diría religiosa, porque la esencia de los números no es otra cosa que la esencia de la Creación.

La “ciencia” con Urania no contrapone razón y espíritu, sino que concilia ambos hasta llevarlos a la captación de lo real, lo inmutable, lo que no engaña a los sentidos.

Toda la entropía a la que tiende el Universo, se explica sólo mediante esa aspiración de terminar con el caos que tanto atemorizaba a los griegos, las matemáticas vienen pues a explicar el misterio, no a negarlo.El misterio que encierran esos brillantes cuerpos celestes traspasa la frontera del caos, de la frialdad, de la oscuridad, es un misterio que mueve las entrañas hacia la fuente del origen de donde surgió, como las abejas van al polen, como los ríos van al océano, como los pájaros siguen su curso en inverno, como el corazón pide amor, como el cerebro pide explicaciones, es la ley invisible que ata a la creación con su creador.La ley que dicta la curiosidad espiritual del científico, la vocecita interior que escuchas cuando te asomas por la ventana de noche, la que te habla: “Sientes curiosidad, ¿verdad?, por el Universo, por su grandeza que te encoge, por la lástima de desconocer tanto, pero, ¿no es acaso tu alma una reproducción a escala de las fuerzas que gobiernan al Universo?, ¿no son tus ojos dos luceros que te fueron dados para alumbrar la oscuridad?, ¿no es tu cuerpo un sistema a la medida?, ¿y no se encuentra en ti la fuerza de la marea gobernada por la Luna y el calor del Sol no es el mismo que recorre tus venas?, ¿no te has dado cuenta que eres polvo de estrella y polvo serás? Tienes un corazón pensante. Siente y sabrás…”. (F)

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