/ jueves 4 de abril de 2024

Educación: pasos por la laicidad

En tiempos de disputa por el poder, para muchos actores clave, partidos políticos y grupos fácticos, el fin justifica los medios. Esto no se queda en el discurso, sino que se lleva hasta las últimas consecuencias.

Se está normalizando conocer en tiempos electorales de retórica y acciones tendientes a pasar por encima de lo que sea, ignorar o manipular los preceptos constitucionales, pervertir las causas sociales, usar los derechos humanos y las libertades, engañar a las minorías, así como renovar las siempre incumplidas promesas de reivindicaciones y de justicia social. Suelen ser acciones pragmáticas, recursivas, al borde de lo delincuencial, que casi siempre quedan impunes en una democracia incipiente y poco forjada, como la nuestra.

La situación endémica de rezago educativo de la población michoacana, la cual escasamente acumula 8.6 grados de escolaridad en promedio facilita las manipulaciones, la persuasión y la cooptación. La pobreza, la desigualdad, la corrupción, la violencia y la delincuencia agravan ampliamente las circunstancias. Por si fuera poco, estamos viviendo un pico histórico de entrega de apoyos sociales, ya sea en efectivo o en especie, de parte del gobierno a la ciudadanía. Como consecuencia, en línea con los resultados del estudio que realizamos en Mexicanos Primero Capítulo Michoacán en septiembre pasado, los recipiendarios de este tipo de ayudas modifican su percepción, mejorando hasta un 20 por ciento su evaluación a favor del partido político, alianza y persona que les entrega los recursos públicos. En ese sentido, las causas y agendas públicas son señuelos que se mueven para impulsar intereses muy particulares, agendas confidenciales, inconfesables e impresentables.

Ante el redoblado activismo de organizaciones alejadas de la ciencia, particularmente en pleno proceso electoral, es muy importante subrayar la importancia de dos factores muy importantes: el estado laico y la cientificidad. La primera de ellas permite, de acuerdo con su concepción clásica, que se ejerzan las atribuciones del Estado sin el intervencionismo de organizaciones religiosas, mientras que, la segunda impulsa una cultura de basarse en evidencias construidas con el método científico para argumentar adecuadamente, principalmente en la toma de decisiones públicas. Ambos factores tienen su cimentación en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y enraízan en el sistema educativo nacional.

Ahora bien, si las conciencias de los ciudadanos, de las generaciones de votantes presentes y futuras son inoculadas con ideología, pensamiento mágico, relativismo, fake news y toda clase de humo que distrae la percepción, la conciencia y la toma de decisiones se fijan anclajes para posteriormente incidir en lo público con agendas de finalidades soterradas.

En Mexicanos Primero Michoacán consideramos que todas las niñas, niños y jóvenes deben estar, aprender y participar en las escuelas. Las barreras al acceso y a la participación escolares, la exclusión, la marginación, las desigualdades, el abandono, la omisión, la precariedad y la corrupción están tan arraigadas y son tan proteicas que prácticamente consumen todo el espacio de la agenda pública. Sin embargo, cuando todo el caos se desmorone y los cimientos indestructibles de la educación pública se sostengan invictos, cuando se avoquen a la reconstrucción de todos los prerrequisitos, regresaremos a centralizar el debate en el aspecto más cardinal de los derechos educativos: el aprendizaje.

Es decir, a discutir sobre aprender qué, aprender bajo qué enfoques epistemológicos, paradigmas, pedagogías, entre otros elementos, de cara a la libertad de conciencia y al conocimiento científico, ante los posibles dilemas, conflictos y tensiones. Para tales efectos, se debe de hacer un análisis crítico de la situación colocando el estado del arte, la ciencia, la ley y los derechos humanos como criterios objetivos. Al respecto, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es esclarecedora: la educación que se imparte en las escuelas públicas de la nación debe de ser laica, apegada a la ciencia y libre de sectarismos.

Aprender en las escuelas seudociencia, ideología de toda índole, falsos paradigmas, sofisterías y bufonería solamente implicará que las jóvenes conciencias se apropien de todo ello y que, con esas concepciones erróneas tomen decisiones en su vida, topándose de bruces con las consecuencias de la desinformación, teniendo que desaprender lo que se había tomado como cierto, para posteriormente reaprender. Este proceso es largo, costoso en el más amplio sentido del término y frustrante, además de que es violatorio de los derechos humanos por donde lo veamos.

Pareciera lejano, pero violaciones a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en este sentido ocurren todos los días, en muchas escuelas de la nación y de Michoacán en particular, sin que, prácticamente se tomen acciones al respecto. Recuperar la rectoría de la educación implicará instaurar los preceptos constitucionales en todas las escuelas de la entidad federativa. No hacerlo conllevará seguir manteniendo a estudiantes a merced de la desinformación, el pensamiento mágico, de la ideología y del relativismo son sintomáticos de padecer un estado fallido en materia de aprendizajes.

¿Qué tanto se garantiza hoy la laicidad y el estado laico en todos los planteles educativos de la nación? Y qué tanto merece una actualización el concepto de laico, retomando la etimología del concepto -laos, pueblo, en griego. Es decir: se debe garantizar que la educación vuelva a ser de la ciudadanía, comprendiéndose por esto que, en las escuelas públicas, en un clima de laicidad y cientificidad, inclusión, universalidad se brinden las mejores herramientas para que quienes estén matriculados en el sistema educativo logren obtener conocimientos, destrezas, competencias, saberes, habilidades, actitudes y valores que les permitan alcanzar la versión mejor posible de sí mismos.

Por ello, es muy importante proteger el libre pensamiento, la criticidad y el conocimiento científico como pilares de las decisiones públicas, conjurando que sean con base en ideologías falacias, sofismas, coerciones, amenazas, cooptaciones y dádivas. Es decir: es trascendental en estos momentos cruciales asegurarse de que las instituciones educativas públicas estén realmente al servicio de garantizar los derechos de las niñas, niños y jóvenes, particularmente, asegurándose de que los contenidos, los planes y programas estén apegados al estado del arte de la ciencia y de los conocimientos de frontera del género humano. ¡Sí a la educación laica!


Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles

*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.

En tiempos de disputa por el poder, para muchos actores clave, partidos políticos y grupos fácticos, el fin justifica los medios. Esto no se queda en el discurso, sino que se lleva hasta las últimas consecuencias.

Se está normalizando conocer en tiempos electorales de retórica y acciones tendientes a pasar por encima de lo que sea, ignorar o manipular los preceptos constitucionales, pervertir las causas sociales, usar los derechos humanos y las libertades, engañar a las minorías, así como renovar las siempre incumplidas promesas de reivindicaciones y de justicia social. Suelen ser acciones pragmáticas, recursivas, al borde de lo delincuencial, que casi siempre quedan impunes en una democracia incipiente y poco forjada, como la nuestra.

La situación endémica de rezago educativo de la población michoacana, la cual escasamente acumula 8.6 grados de escolaridad en promedio facilita las manipulaciones, la persuasión y la cooptación. La pobreza, la desigualdad, la corrupción, la violencia y la delincuencia agravan ampliamente las circunstancias. Por si fuera poco, estamos viviendo un pico histórico de entrega de apoyos sociales, ya sea en efectivo o en especie, de parte del gobierno a la ciudadanía. Como consecuencia, en línea con los resultados del estudio que realizamos en Mexicanos Primero Capítulo Michoacán en septiembre pasado, los recipiendarios de este tipo de ayudas modifican su percepción, mejorando hasta un 20 por ciento su evaluación a favor del partido político, alianza y persona que les entrega los recursos públicos. En ese sentido, las causas y agendas públicas son señuelos que se mueven para impulsar intereses muy particulares, agendas confidenciales, inconfesables e impresentables.

Ante el redoblado activismo de organizaciones alejadas de la ciencia, particularmente en pleno proceso electoral, es muy importante subrayar la importancia de dos factores muy importantes: el estado laico y la cientificidad. La primera de ellas permite, de acuerdo con su concepción clásica, que se ejerzan las atribuciones del Estado sin el intervencionismo de organizaciones religiosas, mientras que, la segunda impulsa una cultura de basarse en evidencias construidas con el método científico para argumentar adecuadamente, principalmente en la toma de decisiones públicas. Ambos factores tienen su cimentación en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y enraízan en el sistema educativo nacional.

Ahora bien, si las conciencias de los ciudadanos, de las generaciones de votantes presentes y futuras son inoculadas con ideología, pensamiento mágico, relativismo, fake news y toda clase de humo que distrae la percepción, la conciencia y la toma de decisiones se fijan anclajes para posteriormente incidir en lo público con agendas de finalidades soterradas.

En Mexicanos Primero Michoacán consideramos que todas las niñas, niños y jóvenes deben estar, aprender y participar en las escuelas. Las barreras al acceso y a la participación escolares, la exclusión, la marginación, las desigualdades, el abandono, la omisión, la precariedad y la corrupción están tan arraigadas y son tan proteicas que prácticamente consumen todo el espacio de la agenda pública. Sin embargo, cuando todo el caos se desmorone y los cimientos indestructibles de la educación pública se sostengan invictos, cuando se avoquen a la reconstrucción de todos los prerrequisitos, regresaremos a centralizar el debate en el aspecto más cardinal de los derechos educativos: el aprendizaje.

Es decir, a discutir sobre aprender qué, aprender bajo qué enfoques epistemológicos, paradigmas, pedagogías, entre otros elementos, de cara a la libertad de conciencia y al conocimiento científico, ante los posibles dilemas, conflictos y tensiones. Para tales efectos, se debe de hacer un análisis crítico de la situación colocando el estado del arte, la ciencia, la ley y los derechos humanos como criterios objetivos. Al respecto, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es esclarecedora: la educación que se imparte en las escuelas públicas de la nación debe de ser laica, apegada a la ciencia y libre de sectarismos.

Aprender en las escuelas seudociencia, ideología de toda índole, falsos paradigmas, sofisterías y bufonería solamente implicará que las jóvenes conciencias se apropien de todo ello y que, con esas concepciones erróneas tomen decisiones en su vida, topándose de bruces con las consecuencias de la desinformación, teniendo que desaprender lo que se había tomado como cierto, para posteriormente reaprender. Este proceso es largo, costoso en el más amplio sentido del término y frustrante, además de que es violatorio de los derechos humanos por donde lo veamos.

Pareciera lejano, pero violaciones a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en este sentido ocurren todos los días, en muchas escuelas de la nación y de Michoacán en particular, sin que, prácticamente se tomen acciones al respecto. Recuperar la rectoría de la educación implicará instaurar los preceptos constitucionales en todas las escuelas de la entidad federativa. No hacerlo conllevará seguir manteniendo a estudiantes a merced de la desinformación, el pensamiento mágico, de la ideología y del relativismo son sintomáticos de padecer un estado fallido en materia de aprendizajes.

¿Qué tanto se garantiza hoy la laicidad y el estado laico en todos los planteles educativos de la nación? Y qué tanto merece una actualización el concepto de laico, retomando la etimología del concepto -laos, pueblo, en griego. Es decir: se debe garantizar que la educación vuelva a ser de la ciudadanía, comprendiéndose por esto que, en las escuelas públicas, en un clima de laicidad y cientificidad, inclusión, universalidad se brinden las mejores herramientas para que quienes estén matriculados en el sistema educativo logren obtener conocimientos, destrezas, competencias, saberes, habilidades, actitudes y valores que les permitan alcanzar la versión mejor posible de sí mismos.

Por ello, es muy importante proteger el libre pensamiento, la criticidad y el conocimiento científico como pilares de las decisiones públicas, conjurando que sean con base en ideologías falacias, sofismas, coerciones, amenazas, cooptaciones y dádivas. Es decir: es trascendental en estos momentos cruciales asegurarse de que las instituciones educativas públicas estén realmente al servicio de garantizar los derechos de las niñas, niños y jóvenes, particularmente, asegurándose de que los contenidos, los planes y programas estén apegados al estado del arte de la ciencia y de los conocimientos de frontera del género humano. ¡Sí a la educación laica!


Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles

*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.

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