/ domingo 15 de noviembre de 2020

De los muros a la sociedad: el duro camino hacia la libertad

Eduardo Yáñez platica cómo es su vida después de haber cumplido una condena de 6 años y medio

Morelia, Michoacán (OEM-Infomex). - El miedo se quedó. Si a Eduardo Yáñez se le cruza una patrulla por la ciudad, piensa en lo peor, en que lo van a detener y que los oficiales al darse cuenta de sus antecedentes, procederán a consignarlo por cualquier cosa. Hace un año que salió de prisión tras haber cumplido una condena de 6 años y medio. Ya nada vuelve a ser igual, dice que cuando estás adentro, inevitablemente pierdes tu sitio en el mundo de afuera, como si no existieras.

Tiene 47 años de edad, luce con un semblante tranquilo y una camisa blanca que contrasta con sus canas. En su conversación no deja de hablar de sus hijos. Son tres los que viven ahora mismo con él y pese a los tiempos de pandemia que corren, no deja de pensar y planear cómo hallarles lugar en alguna escuela pública.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

La cosa no ha sido fácil. Explica que se sostiene en sus hijos y su madre, pero desde el primer día que se le abrieron las puertas del Cereso “David Franco Rodríguez”, el proceso de adaptación ha estado marcado por la marginación social.

“Uno no se acopla tan fácil a la sociedad, ni siquiera en la casa estás cómodo, quizá porque te terminas acostumbrando a estar solo allá adentro, aunque paradójicamente estaba rodeado de mucha gente”.

Pintor y rotulista, Eduardo agradece que no le ha faltado el trabajo en los últimos meses y que en un afán de crecimiento, planea abrir en el mediano plazo un local de venta de carnitas. Trata de llevar una vida normal, pero es consciente de que la discriminación es un factor que ya no se va ir y que lo mejor es aprender a convivir con ella.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

“La gente que sabe de tu caso te mira raro y te llegan a tirar indirectas, dicen cosas; pero a mí ya no me afecta, no lo permito, simplemente quiero seguir demostrando lo que soy en realidad”.

Si se le cuestiona sobre el sistema de reinserción social, no duda en afirmar que los programas que manejan los centros penitenciarios no funcionan y terminan por ser inútiles; pero resalta que es a través de la ayuda externa de asociaciones y organizaciones civiles como un interno puede comenzar a modificar su pensamiento y su realidad.

Cuando la Asociación Civil Vivir para Trascender (VITAC) se le cruzó en su camino, entendió que no podía llegar a la tan anhelada libertad si no comenzaba a superar situaciones emocionales que venía arrastrando desde hace tiempo.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

Es un convencido de que poco iba a servir estar fuera del Cereso si seguía siendo prisionero de traumas, frustraciones y miedos. En este sentido, expone que los que nunca han pisado una cárcel tampoco están exentos de cargar con cadenas que los hacen ser presos de la vida misma.

De acuerdo a los datos de la coordinación de los Centros Penitenciarios en Michoacán, el año pasado se registraron 73 reincidencias en el estado, cifra que es baja considerando que la población penitenciaria supera los 5 mil 500 internos.

Pero más allá de estadísticas, el presidente de la Asociación Civil Vida (VIDAC), Diego Martín Salcedo Robles, refiere que el problema con el sistema carcelario del país es que solamente está ocupado en contener, pero no en preparar a los internos para que cuando salgan sean realmente unas personas renovadas.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

“Las autoridades detienen, contienen al interno creyendo que castigándolo por años ya va salir y le servirá de experiencia, pero lo único que sucede es que las ex Personas Privadas de su Libertad (PPL) pueden volver a la calle con ira, odio y rencor; salen pensando no en quién se las hizo, si no en quién se las paga”.

VIDAC nació como una extensión de VITAC. Diego relata que esta última lleva siete años trabajando en Michoacán, ofreciendo cursos de capacitación a los internos en los Ceresos y a sus familias. Se manejan tres módulos de enseñanza: vivir con responsabilidad, libertad con responsabilidad y mediación de conflictos. El curso completo tiene una duración de un año y tres meses.

Sin embargo, expone que se percataron de que faltaba una parte importante en el proceso: preparar a los PPL para su salida. De esa necesidad nació VIDAC, quienes a través de talleres trabajan la autoestima del interno para que adquiera una nueva conciencia, buscan quitarles el chip de rabia y también alistan a las familias para que los reciban.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

“Hay familias que no los quieren, que no les causa felicidad que vayan a salir, al contrario, se lamentan porque piensan que les van a echar a perder todo. También están los casos de internos que salen y se van a su casa, pero resulta que todo es un desmadre, tienen hermanos adictos y padres golpeadores”.

Todo gira en torno a lo emocional. Para Diego de poco sirve que en los penales se tenga a gente con escolaridad de cualquier grado, si se sigue sin atender directamente al ser humano, pues argumenta que una profesión y una carrera universitaria no garantiza que el interno vaya a salir con otra manera de pensar.

“Tenemos que enfocarnos en los detalles del ser humano, que aprenda a valorarse y quererse, para que después aprenda a hacerlo con el resto de las personas. Y no lo digo en un sentido cursi, sino en el hecho de que no puedes capacitar a una persona si no entras primero por su autoestima, pues difícilmente aprenderá a identificar lo que son las emociones”.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

En esta idea que sostiene Diego de combatir la delincuencia desde adentro, o desde el infierno como prefiere llamarlo, la psicóloga y especialista en criminología, Christian Erandi Gutiérrez Corona, complementa que de nada sirve trabajar con un PPL, si al salir se va encontrar con el mismo sistema que lo llevó a ser lo que es.

Desde hace tres años, Erandi acude a los Ceresos de Michoacán para ofrecer psicoterapia grupal y talleres que se basan en los cinco ejes rectores: deporte, salud, capacitación, trabajo y cultura. Fue adentro de los penales donde dimensionó el papel que juega el entorno social de los internos.

“A mí no me gusta ver a las personas por el acto delictivo, sino por su historia de vida. No los veo como víctimas, pero sí tiene que ver mucho su registro familiar, su situación económica y otros aspectos sociales. Hay personas que son muy buenas, que tienen muchas capacidades que se pueden potencializar”.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

Pero también está la resistencia. No niega el caso de los PPL que solamente asisten a los talleres por el documento que les representa un beneficio o las familias de los internos que se niegan a participar en las dinámicas y terapias.

En esta lógica, lamenta que la reinserción social de un preso va ser más que compleja si al salir se encuentra con un sistema familiar quebrantado o patológico, que sumado a la falta de ofertas de empleo, hace que muchos terminen reincidiendo.

La falta de trabajo post-penitenciario es otro punto que hace que la rehabilitación sea endeble. La especialista subraya que lo ideal es que el sistema tuviera un seguimiento con las ex PPL, desde los vínculos con las bolsas de trabajo, terapias psicológicas y visitas de trabajo social a la familia.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

Ya sea por falta de recursos económicos o por el déficit de personal, es una labor que sigue estando pendiente en el sistema carcelario del país. “Ellos quieren que salgan y ya, ahora con la Ley de Amnistía, sacaron a personas porque había sobrepoblación, pero no se pusieron a ver si ya estaban rehabilitados o con una salud mental apta, simplemente se deslindaron de responsabilidades”.

Y si de rehabilitaciones se trata, Erandi no exonera a la sociedad de esta responsabilidad, del ir eliminando prejuicios sobre las ex PPL. ¿Cómo? Piensa que con educación y que si algo ha aprendido de la criminología positiva, es que precisamente se habla de las habilidades sociales que tienen las personas, donde todo se centra en la empatía por el otro.

Nadie te cree que cambiaste

Salir del Cereso es obtener el pase inmediato a una incógnita. Cuenta Israel González Rodríguez de 37 años de edad, que tras cumplir una condena de cinco años, lo que más trabajo le costó fue dar con un empleo. Las puertas no estaban del todo abiertas y cuando aparecían las escasas oportunidades, se tuvo que enfrentar a otro obstáculo: tramitar su credencial de elector se convirtió en un auténtico calvario.

“Me pedían documentos que me obligaban a volver al Cereso, luego me pedían papeles que no tenía a la mano porque yo soy del Distrito Federal”. Fue hasta que un conocido le ofreció trabajo en el mercado de Abastos como pudo ganar sus primeros ingresos. Pese a una lesión en la rodilla, Israel sabía que la chance no la podía dejar pasar. Iba y venía con los costales de maíz sobre sus hombros.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

“La gente no confía en uno, yo a veces me halago diciendo que fui un interno ejemplar, pero la gente no cree que vas a cambiar o que ya lo hiciste, que de verdad ya tienes una mentalidad diferente, son pocas las personas que se fían”.

Ante los señalamientos, dice que no le queda de otra que aceptar que cada cabeza es un mundo y que tiene que vivir con eso. Pero la discriminación no la utiliza como un pretexto, “la reinserción la va tomar quien la quiera tomar, yo siempre he dicho que la puedes vivir de la mejor forma o de la peor”.

Estando dentro del Cereso “David Franco Rodríguez”, Israel conoció a una mujer que visitaba constantemente a un familiar. Conversaron, se hicieron novios y a la larga terminaron casándose dentro del penal. Los padrinos fueron los propios compañeros internos y ahora que lo analiza, se da cuenta que prácticamente nada más gastaron en el vestido y el traje.

Confiesa que es en su esposa y una hija de 15 años donde encontró la paciencia. Relata que soportó correr con bultos por el mercado porque tenía una familia en la que pensaba, porque no quería regresar a una cárcel a vivir el encierro, ni tampoco que llegaran los 10 de mayo para felicitar a su madre por teléfono ni mucho menos quería tener un aniversario de bodas detrás de unas rejas.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

“Todo eso te va provocando una madurez y consciencia, que es lo que se debe crear en un interno, darte cuenta que no sólo te estás haciendo daño a ti, sino a terceros, a la sociedad y a tu familia”. Pero también hay fallas. Considera que parte de los errores del sistema penitenciario es que las personas que están al mando ven el problema desde el exterior y pretenden resolverlo todo en un escritorio.

“No te estoy diciendo que pongas a un preso como director, pero sí se tienen que adentrar más, porque el problema en México son los prejuicios, una persona que sale del Cereso ya no puede volver ni de visita; pero luego te encuentras con que las trabas también están para las asociaciones o personas que pretenden dar cursos, no quieren que el interno se relacione con lo externo”.

Cuesta definir lo que es la libertad. Para Eduardo Yáñez no se trata de estar afuera, sino de saber vivir. Erandi Gutiérrez lo enfoca a la inteligencia emocional y lo vincula a conocer las emociones propias para entender las de los demás. Diego Salcedo dice que es el poder decidir y sentirse responsable de uno mismo. Israel González se reserva un poco más las ideas, prefiere sonreír un rato antes de responder: “Es lo más chingón”.

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Morelia, Michoacán (OEM-Infomex). - El miedo se quedó. Si a Eduardo Yáñez se le cruza una patrulla por la ciudad, piensa en lo peor, en que lo van a detener y que los oficiales al darse cuenta de sus antecedentes, procederán a consignarlo por cualquier cosa. Hace un año que salió de prisión tras haber cumplido una condena de 6 años y medio. Ya nada vuelve a ser igual, dice que cuando estás adentro, inevitablemente pierdes tu sitio en el mundo de afuera, como si no existieras.

Tiene 47 años de edad, luce con un semblante tranquilo y una camisa blanca que contrasta con sus canas. En su conversación no deja de hablar de sus hijos. Son tres los que viven ahora mismo con él y pese a los tiempos de pandemia que corren, no deja de pensar y planear cómo hallarles lugar en alguna escuela pública.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

La cosa no ha sido fácil. Explica que se sostiene en sus hijos y su madre, pero desde el primer día que se le abrieron las puertas del Cereso “David Franco Rodríguez”, el proceso de adaptación ha estado marcado por la marginación social.

“Uno no se acopla tan fácil a la sociedad, ni siquiera en la casa estás cómodo, quizá porque te terminas acostumbrando a estar solo allá adentro, aunque paradójicamente estaba rodeado de mucha gente”.

Pintor y rotulista, Eduardo agradece que no le ha faltado el trabajo en los últimos meses y que en un afán de crecimiento, planea abrir en el mediano plazo un local de venta de carnitas. Trata de llevar una vida normal, pero es consciente de que la discriminación es un factor que ya no se va ir y que lo mejor es aprender a convivir con ella.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

“La gente que sabe de tu caso te mira raro y te llegan a tirar indirectas, dicen cosas; pero a mí ya no me afecta, no lo permito, simplemente quiero seguir demostrando lo que soy en realidad”.

Si se le cuestiona sobre el sistema de reinserción social, no duda en afirmar que los programas que manejan los centros penitenciarios no funcionan y terminan por ser inútiles; pero resalta que es a través de la ayuda externa de asociaciones y organizaciones civiles como un interno puede comenzar a modificar su pensamiento y su realidad.

Cuando la Asociación Civil Vivir para Trascender (VITAC) se le cruzó en su camino, entendió que no podía llegar a la tan anhelada libertad si no comenzaba a superar situaciones emocionales que venía arrastrando desde hace tiempo.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

Es un convencido de que poco iba a servir estar fuera del Cereso si seguía siendo prisionero de traumas, frustraciones y miedos. En este sentido, expone que los que nunca han pisado una cárcel tampoco están exentos de cargar con cadenas que los hacen ser presos de la vida misma.

De acuerdo a los datos de la coordinación de los Centros Penitenciarios en Michoacán, el año pasado se registraron 73 reincidencias en el estado, cifra que es baja considerando que la población penitenciaria supera los 5 mil 500 internos.

Pero más allá de estadísticas, el presidente de la Asociación Civil Vida (VIDAC), Diego Martín Salcedo Robles, refiere que el problema con el sistema carcelario del país es que solamente está ocupado en contener, pero no en preparar a los internos para que cuando salgan sean realmente unas personas renovadas.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

“Las autoridades detienen, contienen al interno creyendo que castigándolo por años ya va salir y le servirá de experiencia, pero lo único que sucede es que las ex Personas Privadas de su Libertad (PPL) pueden volver a la calle con ira, odio y rencor; salen pensando no en quién se las hizo, si no en quién se las paga”.

VIDAC nació como una extensión de VITAC. Diego relata que esta última lleva siete años trabajando en Michoacán, ofreciendo cursos de capacitación a los internos en los Ceresos y a sus familias. Se manejan tres módulos de enseñanza: vivir con responsabilidad, libertad con responsabilidad y mediación de conflictos. El curso completo tiene una duración de un año y tres meses.

Sin embargo, expone que se percataron de que faltaba una parte importante en el proceso: preparar a los PPL para su salida. De esa necesidad nació VIDAC, quienes a través de talleres trabajan la autoestima del interno para que adquiera una nueva conciencia, buscan quitarles el chip de rabia y también alistan a las familias para que los reciban.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

“Hay familias que no los quieren, que no les causa felicidad que vayan a salir, al contrario, se lamentan porque piensan que les van a echar a perder todo. También están los casos de internos que salen y se van a su casa, pero resulta que todo es un desmadre, tienen hermanos adictos y padres golpeadores”.

Todo gira en torno a lo emocional. Para Diego de poco sirve que en los penales se tenga a gente con escolaridad de cualquier grado, si se sigue sin atender directamente al ser humano, pues argumenta que una profesión y una carrera universitaria no garantiza que el interno vaya a salir con otra manera de pensar.

“Tenemos que enfocarnos en los detalles del ser humano, que aprenda a valorarse y quererse, para que después aprenda a hacerlo con el resto de las personas. Y no lo digo en un sentido cursi, sino en el hecho de que no puedes capacitar a una persona si no entras primero por su autoestima, pues difícilmente aprenderá a identificar lo que son las emociones”.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

En esta idea que sostiene Diego de combatir la delincuencia desde adentro, o desde el infierno como prefiere llamarlo, la psicóloga y especialista en criminología, Christian Erandi Gutiérrez Corona, complementa que de nada sirve trabajar con un PPL, si al salir se va encontrar con el mismo sistema que lo llevó a ser lo que es.

Desde hace tres años, Erandi acude a los Ceresos de Michoacán para ofrecer psicoterapia grupal y talleres que se basan en los cinco ejes rectores: deporte, salud, capacitación, trabajo y cultura. Fue adentro de los penales donde dimensionó el papel que juega el entorno social de los internos.

“A mí no me gusta ver a las personas por el acto delictivo, sino por su historia de vida. No los veo como víctimas, pero sí tiene que ver mucho su registro familiar, su situación económica y otros aspectos sociales. Hay personas que son muy buenas, que tienen muchas capacidades que se pueden potencializar”.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

Pero también está la resistencia. No niega el caso de los PPL que solamente asisten a los talleres por el documento que les representa un beneficio o las familias de los internos que se niegan a participar en las dinámicas y terapias.

En esta lógica, lamenta que la reinserción social de un preso va ser más que compleja si al salir se encuentra con un sistema familiar quebrantado o patológico, que sumado a la falta de ofertas de empleo, hace que muchos terminen reincidiendo.

La falta de trabajo post-penitenciario es otro punto que hace que la rehabilitación sea endeble. La especialista subraya que lo ideal es que el sistema tuviera un seguimiento con las ex PPL, desde los vínculos con las bolsas de trabajo, terapias psicológicas y visitas de trabajo social a la familia.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

Ya sea por falta de recursos económicos o por el déficit de personal, es una labor que sigue estando pendiente en el sistema carcelario del país. “Ellos quieren que salgan y ya, ahora con la Ley de Amnistía, sacaron a personas porque había sobrepoblación, pero no se pusieron a ver si ya estaban rehabilitados o con una salud mental apta, simplemente se deslindaron de responsabilidades”.

Y si de rehabilitaciones se trata, Erandi no exonera a la sociedad de esta responsabilidad, del ir eliminando prejuicios sobre las ex PPL. ¿Cómo? Piensa que con educación y que si algo ha aprendido de la criminología positiva, es que precisamente se habla de las habilidades sociales que tienen las personas, donde todo se centra en la empatía por el otro.

Nadie te cree que cambiaste

Salir del Cereso es obtener el pase inmediato a una incógnita. Cuenta Israel González Rodríguez de 37 años de edad, que tras cumplir una condena de cinco años, lo que más trabajo le costó fue dar con un empleo. Las puertas no estaban del todo abiertas y cuando aparecían las escasas oportunidades, se tuvo que enfrentar a otro obstáculo: tramitar su credencial de elector se convirtió en un auténtico calvario.

“Me pedían documentos que me obligaban a volver al Cereso, luego me pedían papeles que no tenía a la mano porque yo soy del Distrito Federal”. Fue hasta que un conocido le ofreció trabajo en el mercado de Abastos como pudo ganar sus primeros ingresos. Pese a una lesión en la rodilla, Israel sabía que la chance no la podía dejar pasar. Iba y venía con los costales de maíz sobre sus hombros.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

“La gente no confía en uno, yo a veces me halago diciendo que fui un interno ejemplar, pero la gente no cree que vas a cambiar o que ya lo hiciste, que de verdad ya tienes una mentalidad diferente, son pocas las personas que se fían”.

Ante los señalamientos, dice que no le queda de otra que aceptar que cada cabeza es un mundo y que tiene que vivir con eso. Pero la discriminación no la utiliza como un pretexto, “la reinserción la va tomar quien la quiera tomar, yo siempre he dicho que la puedes vivir de la mejor forma o de la peor”.

Estando dentro del Cereso “David Franco Rodríguez”, Israel conoció a una mujer que visitaba constantemente a un familiar. Conversaron, se hicieron novios y a la larga terminaron casándose dentro del penal. Los padrinos fueron los propios compañeros internos y ahora que lo analiza, se da cuenta que prácticamente nada más gastaron en el vestido y el traje.

Confiesa que es en su esposa y una hija de 15 años donde encontró la paciencia. Relata que soportó correr con bultos por el mercado porque tenía una familia en la que pensaba, porque no quería regresar a una cárcel a vivir el encierro, ni tampoco que llegaran los 10 de mayo para felicitar a su madre por teléfono ni mucho menos quería tener un aniversario de bodas detrás de unas rejas.

Foto: Mariana Luna | El Sol de Morelia

“Todo eso te va provocando una madurez y consciencia, que es lo que se debe crear en un interno, darte cuenta que no sólo te estás haciendo daño a ti, sino a terceros, a la sociedad y a tu familia”. Pero también hay fallas. Considera que parte de los errores del sistema penitenciario es que las personas que están al mando ven el problema desde el exterior y pretenden resolverlo todo en un escritorio.

“No te estoy diciendo que pongas a un preso como director, pero sí se tienen que adentrar más, porque el problema en México son los prejuicios, una persona que sale del Cereso ya no puede volver ni de visita; pero luego te encuentras con que las trabas también están para las asociaciones o personas que pretenden dar cursos, no quieren que el interno se relacione con lo externo”.

Cuesta definir lo que es la libertad. Para Eduardo Yáñez no se trata de estar afuera, sino de saber vivir. Erandi Gutiérrez lo enfoca a la inteligencia emocional y lo vincula a conocer las emociones propias para entender las de los demás. Diego Salcedo dice que es el poder decidir y sentirse responsable de uno mismo. Israel González se reserva un poco más las ideas, prefiere sonreír un rato antes de responder: “Es lo más chingón”.

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