/ jueves 22 de agosto de 2019

“Seguiré siendo bombero hasta que el cuerpo aguante”

Víctor Hugo García habló acerca de sus inicios en tan noble corporación, pues fue en sus días de estudiante cuando “la primera espinita le picó”, tomó un curso de capacitación y algunos años después comenzó a portar el uniforme amarillo opaco con el casco a juego

MORELIA, Mich. (OEM-Infomex).- Con el rostro lleno de ceniza, mientras que las botas, el pantaloncillo y la chaqueta de color ocre emanan un fuerte olor a humo y plástico, Víctor Hugo García Ramos descansa bajo la sombra de un árbol a la espera su siguiente intervención.

Después de lastimarse el tobillo derecho, el bombero fue puesto en descanso; las largas jornadas tratando de apaciguar el fuego desmedido proveniente de dos fábricas de plásticos lo han dejado rendido, pero no sin fuerzas para continuar la labor.

Se levanta con dificultad, apoyándose de la raíz de un pino, revisa su reloj en la mano izquierda y apunta la hora de llegada de la siguiente pipa al lugar: “Trabajo siempre hay, si no puedo estar allá adentro, voy a apoyar desde aquí afuera”, menciona.

Tras 20 años de labor, Víctor García sabe a la perfección cuáles son las necesidades de los cuerpos de Bomberos y Protección Civil ante un siniestro de gran magnitud, señala que para que las cosas se puedan mantener bajo control debe haber mucho orden, pero sobre todo mucho trabajo.

Nosotros llevamos aquí más de 20 horas, que se van y regresan compañeros, pues sí, pero al menos yo me he mantenido aquí desde ayer; ahorita que me chingué el pie, pues ayudo en lo que se necesite, pero de aquí no nos vamos

Las largas jornadas son algo a lo que todos los elementos de bomberos están acostumbrados, “pues los turnos de 24 horas son algo con lo que aprendes a lidiar desde que comienzas a trabajar en esta corporación de rescate. Un día de sol a sol de trabajo por dos días de descanso”.

Mientras toma asiento de nuevo al pie del árbol, nos cuenta que aquellos días en los que no se atienden incendios de gran magnitud, los bomberos trabajan en auxilio de fugas de gas, enjambres, emergencias médicas y choques. Y es que, no existe día en que estos servidores públicos no atiendan alguna emergencia, señalando que un día bajo reciben por los menos siete llamadas por turno.

Entre los desvelos, las lesiones físicas y las pérdidas de todo tipo que ha registrado mientras se encuentran en el cumplimiento de su deber, Victor Hugo recuerda con nostalgia sus primeros años en la corporación. El aprender a manejar las máquinas, el rechazo de su madre ante su tan importante la labor y la pérdida de un amigo querido que murió en acción.

“Aquí pasan muchas cosas, tanto buenas como malas; yo he perdido amigos en servicio, es algo muy feo, pero es algo que nos pasa, nosotros sabemos a lo que nos metemos, pero al menos yo lo hago con dedicación y pasión”, señaló.

Mientras ríe, parece recordar con gracia los tiempos en los que su familia se oponía a su sueño y profesión, dice que su madre se negaba a aceptar que su hijo fuese bombero, porque algo le podía pasar. “Al principio mi mamá se oponía por el riesgo que corremos, pero en general mis hermanos y mi familia se sienten orgullosos; mi mamá terminó por aceptar que es algo que me apasiona”.

Habló acerca de sus inicios en tan noble corporación, pues fue en sus días de estudiante cuando “la primera espinita le picó”, aunque su madre reprobará su pasión, él quería ser bombero. Tomó un curso de capacitación y algunos años después comenzó a portar el uniforme amarillo opaco con el casco a juego.

Los días en los que era un simple aprendiz quedaron atrás, ahora él ocupa el lugar de quien alguna vez lo instruyó, es maestro de las nuevas generaciones. Desde las aulas en las que Víctor imparte trata de alentar a los jóvenes voluntarios a darlo todo por los demás, que si bien la recompensa económica no es la mejor, con la satisfacción en el corazón es suficiente.

“Yo trato de inculcar lo que yo aprendí; a nosotros no nos pagan bien, tenemos sueldos bajos en comparación a lo que hacemos, pero no importa, al menos yo seguiré siendo bombero hasta que el cuerpo aguante, esto algo que realmente me apasiona”, recalcó.

Así pues, García Ramos forma parte de los Bomberos de Morelia, una institución pública que cuenta con 36 elementos capacitados para atender cualquier eventualidad, quienes a decir del bombero, “siempre estarán dispuestos a salvar una vida”.

MORELIA, Mich. (OEM-Infomex).- Con el rostro lleno de ceniza, mientras que las botas, el pantaloncillo y la chaqueta de color ocre emanan un fuerte olor a humo y plástico, Víctor Hugo García Ramos descansa bajo la sombra de un árbol a la espera su siguiente intervención.

Después de lastimarse el tobillo derecho, el bombero fue puesto en descanso; las largas jornadas tratando de apaciguar el fuego desmedido proveniente de dos fábricas de plásticos lo han dejado rendido, pero no sin fuerzas para continuar la labor.

Se levanta con dificultad, apoyándose de la raíz de un pino, revisa su reloj en la mano izquierda y apunta la hora de llegada de la siguiente pipa al lugar: “Trabajo siempre hay, si no puedo estar allá adentro, voy a apoyar desde aquí afuera”, menciona.

Tras 20 años de labor, Víctor García sabe a la perfección cuáles son las necesidades de los cuerpos de Bomberos y Protección Civil ante un siniestro de gran magnitud, señala que para que las cosas se puedan mantener bajo control debe haber mucho orden, pero sobre todo mucho trabajo.

Nosotros llevamos aquí más de 20 horas, que se van y regresan compañeros, pues sí, pero al menos yo me he mantenido aquí desde ayer; ahorita que me chingué el pie, pues ayudo en lo que se necesite, pero de aquí no nos vamos

Las largas jornadas son algo a lo que todos los elementos de bomberos están acostumbrados, “pues los turnos de 24 horas son algo con lo que aprendes a lidiar desde que comienzas a trabajar en esta corporación de rescate. Un día de sol a sol de trabajo por dos días de descanso”.

Mientras toma asiento de nuevo al pie del árbol, nos cuenta que aquellos días en los que no se atienden incendios de gran magnitud, los bomberos trabajan en auxilio de fugas de gas, enjambres, emergencias médicas y choques. Y es que, no existe día en que estos servidores públicos no atiendan alguna emergencia, señalando que un día bajo reciben por los menos siete llamadas por turno.

Entre los desvelos, las lesiones físicas y las pérdidas de todo tipo que ha registrado mientras se encuentran en el cumplimiento de su deber, Victor Hugo recuerda con nostalgia sus primeros años en la corporación. El aprender a manejar las máquinas, el rechazo de su madre ante su tan importante la labor y la pérdida de un amigo querido que murió en acción.

“Aquí pasan muchas cosas, tanto buenas como malas; yo he perdido amigos en servicio, es algo muy feo, pero es algo que nos pasa, nosotros sabemos a lo que nos metemos, pero al menos yo lo hago con dedicación y pasión”, señaló.

Mientras ríe, parece recordar con gracia los tiempos en los que su familia se oponía a su sueño y profesión, dice que su madre se negaba a aceptar que su hijo fuese bombero, porque algo le podía pasar. “Al principio mi mamá se oponía por el riesgo que corremos, pero en general mis hermanos y mi familia se sienten orgullosos; mi mamá terminó por aceptar que es algo que me apasiona”.

Habló acerca de sus inicios en tan noble corporación, pues fue en sus días de estudiante cuando “la primera espinita le picó”, aunque su madre reprobará su pasión, él quería ser bombero. Tomó un curso de capacitación y algunos años después comenzó a portar el uniforme amarillo opaco con el casco a juego.

Los días en los que era un simple aprendiz quedaron atrás, ahora él ocupa el lugar de quien alguna vez lo instruyó, es maestro de las nuevas generaciones. Desde las aulas en las que Víctor imparte trata de alentar a los jóvenes voluntarios a darlo todo por los demás, que si bien la recompensa económica no es la mejor, con la satisfacción en el corazón es suficiente.

“Yo trato de inculcar lo que yo aprendí; a nosotros no nos pagan bien, tenemos sueldos bajos en comparación a lo que hacemos, pero no importa, al menos yo seguiré siendo bombero hasta que el cuerpo aguante, esto algo que realmente me apasiona”, recalcó.

Así pues, García Ramos forma parte de los Bomberos de Morelia, una institución pública que cuenta con 36 elementos capacitados para atender cualquier eventualidad, quienes a decir del bombero, “siempre estarán dispuestos a salvar una vida”.

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