/ miércoles 25 de marzo de 2020

El tema económico, salva los Juegos Olímpicos

El aplazamiento obligará al país a tomar nuevas medidas, la cancelación hubiera sido peor

Cuando todo estaba listo para que los Juegos Olímpicos de Tokio se llevaran a cabo este verano, los poco más de 339,000 contagios y las más de 14,500 muertes ocasionadas con el coronavirus cambió por completo los planes. La emergencia sanitaria puso en el límite del abismo al Comité Olímpico Internacional, perdido entre la disyuntiva de salvar los contratos millonarios y cuidar la salud de los atletas y los más de dos millones de visitantes que se esperaban en Japón. Si no fuera por el dinero, los Juegos Olímpicos ya se hubieran suspendido antes.

A medida que los casos de Covid-19 se incrementaron sin control por el mundo, el silencio del COI sobre el futuro de la justa veraniega y la idea de mantenerlos del 24 de julio al 9 de agosto se hicieron inviables. Apenas este domingo, ante la presión de Comités y atletas, Thomas Bach, presidente del organismo, reconoció por primera vez la posibilidad de posponerlos, aunque dejó claro que el cancelarlos no estaba entre las opciones. Pese a que el directivo se dio un plazo de cuatro semanas para tomar una determinación, este martes el primer ministro japonés, Shinzo Abe, hizo oficial lo inevitable: Los Juegos Olímpicos serán aplazados.

La falta de decisión inmediata obedece más a un tema de números que a consideraciones deportivas: Está la necesidad de renegociar los contratos millonarios con las poco más de 90 televisoras, que aportan 75% de los ingresos, además de la titánica tarea de ofrecer certidumbre a los anunciantes, que hacen de Tokio los Juegos con más patrocinios locales en la historia, con ganancias de 3,100 millones de dólares.

Y es que en Tokio todo es dinero y todas son preguntas. El coronavirus puso a temblar un proyecto con un presupuesto de 12,400 millones de dólares compuesto de capital federal, del Comité organizador y la iniciativa privada. Las pérdidas estiman un panorama oscuro cuyos daños serían devastadores para todos los implicados. Las cuentas no salen. No hay forma de recuperar los 6,000 millones de dólares estimados en ingresos, o el impacto económico para la capital japonesa de 284 mil millones, sobre un periodo de 18 años.

2021, LA MEJOR OPCIÓN

Más allá del artículo 66 del contrato firmado entre el COI y Tokio en 2013, cuando se designó la sede, indica que los Juegos se deben llevar a cabo en el año estipulado, de lo contrario derivaría la cancelación del evento, las voces de Federaciones como Canadá y Australia solicitando su realización en el verano de 2021, como ocurrirá con eventos internacionales como la Copa América y la Eurocopa, desenredaron el nudo. La idea fue bien recibida incluso por el gobierno japonés y diversos líderes mundiales.

Las interrogantes, sin embargo, no se detienen. El apretado calendario sufrirá importantes cambios. Además de que la logística de Tokio, perfectamente definida antes de la contingencia, enfrentará un reto mayúsculo en solventar cuestiones como el destino de las 5600 casas de la Villa Olímpica, a orillas de la bahía, las cuales pasarán a manos de un tercero en el mes de septiembre, según lo estipulado en los contratos. El tema de la venta de boletos no es menor. Hasta el momento se han vendido 5 millones de entradas, para una ganancia de 83 millones de dólares. El cambio de fechas obligará afrontar un reembolso no contemplado. Sin embargo, se remediará mediante otra forma y así podrá estar una nueva justa olímpica.

NO HAY CERTEZAS

El panorama se estudia con detenimiento. El hecho de que el contrato no contemple una pandemia dejó un futuro incierto. Las miradas se detienen en una clausula que le concede al COI el derecho de suspender los Juegos si algo amenaza la seguridad de los asistentes, aunque es cierto, la cancelación nunca fue una opción. Recientemente se dio a conocer que el Comité Olímpico Internacional cuenta con una reserva de 900 millones de dólares para afrontar una olimpiada sin Juegos, sin embargo, no especificaba si Tokio tendría una indemnización. Este panorama aumentaba de manera sustancial las interrogantes de cara al futuro. Cada vez son menos las ciudades capaces de albergar un evento de esta magnitud y el olimpismo no está para sumar enemigos. Los Juegos Olímpicos se llevarán a cabo, aunque sea un año después. Thomas Bach declaró que no se puede terminar con el sueño de atletas.

Cuando todo estaba listo para que los Juegos Olímpicos de Tokio se llevaran a cabo este verano, los poco más de 339,000 contagios y las más de 14,500 muertes ocasionadas con el coronavirus cambió por completo los planes. La emergencia sanitaria puso en el límite del abismo al Comité Olímpico Internacional, perdido entre la disyuntiva de salvar los contratos millonarios y cuidar la salud de los atletas y los más de dos millones de visitantes que se esperaban en Japón. Si no fuera por el dinero, los Juegos Olímpicos ya se hubieran suspendido antes.

A medida que los casos de Covid-19 se incrementaron sin control por el mundo, el silencio del COI sobre el futuro de la justa veraniega y la idea de mantenerlos del 24 de julio al 9 de agosto se hicieron inviables. Apenas este domingo, ante la presión de Comités y atletas, Thomas Bach, presidente del organismo, reconoció por primera vez la posibilidad de posponerlos, aunque dejó claro que el cancelarlos no estaba entre las opciones. Pese a que el directivo se dio un plazo de cuatro semanas para tomar una determinación, este martes el primer ministro japonés, Shinzo Abe, hizo oficial lo inevitable: Los Juegos Olímpicos serán aplazados.

La falta de decisión inmediata obedece más a un tema de números que a consideraciones deportivas: Está la necesidad de renegociar los contratos millonarios con las poco más de 90 televisoras, que aportan 75% de los ingresos, además de la titánica tarea de ofrecer certidumbre a los anunciantes, que hacen de Tokio los Juegos con más patrocinios locales en la historia, con ganancias de 3,100 millones de dólares.

Y es que en Tokio todo es dinero y todas son preguntas. El coronavirus puso a temblar un proyecto con un presupuesto de 12,400 millones de dólares compuesto de capital federal, del Comité organizador y la iniciativa privada. Las pérdidas estiman un panorama oscuro cuyos daños serían devastadores para todos los implicados. Las cuentas no salen. No hay forma de recuperar los 6,000 millones de dólares estimados en ingresos, o el impacto económico para la capital japonesa de 284 mil millones, sobre un periodo de 18 años.

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Más allá del artículo 66 del contrato firmado entre el COI y Tokio en 2013, cuando se designó la sede, indica que los Juegos se deben llevar a cabo en el año estipulado, de lo contrario derivaría la cancelación del evento, las voces de Federaciones como Canadá y Australia solicitando su realización en el verano de 2021, como ocurrirá con eventos internacionales como la Copa América y la Eurocopa, desenredaron el nudo. La idea fue bien recibida incluso por el gobierno japonés y diversos líderes mundiales.

Las interrogantes, sin embargo, no se detienen. El apretado calendario sufrirá importantes cambios. Además de que la logística de Tokio, perfectamente definida antes de la contingencia, enfrentará un reto mayúsculo en solventar cuestiones como el destino de las 5600 casas de la Villa Olímpica, a orillas de la bahía, las cuales pasarán a manos de un tercero en el mes de septiembre, según lo estipulado en los contratos. El tema de la venta de boletos no es menor. Hasta el momento se han vendido 5 millones de entradas, para una ganancia de 83 millones de dólares. El cambio de fechas obligará afrontar un reembolso no contemplado. Sin embargo, se remediará mediante otra forma y así podrá estar una nueva justa olímpica.

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