/ sábado 19 de octubre de 2019

¡Ya me desgraciaron! Mujer cuenta cómo sobrevivió con su hija en balacera de Culiacán

Mónica relata cómo es que logró salvarse aún estando lesionada, y a la vez proteger a su pequeña de siete años durante el caos en Culiacán

Cientas de historias son las que circulan entorno a lo sucedido el jueves en Culiacán, Sinaloa, y es que los ciudadanos se vieron frente a la vida y la muerte luego de que la captura de Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo, desatara una fuerte balacera entre el narco y elementos de seguridad, la cual se mantuvo por horas.

La gente tirada, algunos corriendo, o escondida en algún lugar buscaban un único objetivo, sobrevivir. Fue entonces que en medio del fuego cruzado, el grito de una mujer retumbó "¡Ya me desgraciaron!"

Era la voz de Mónica, una mujer de 32 años que aún lesionada, con el intenso dolor que sentía en ese momento, no olvidó su prioridad, pues entre el caos se encontraba con su pequeña de siete años, quien estaba sufriendo de una crisis de nervios.

"Mi protección nomás fue la oración”, enfatizó Mónica en varias ocasiones .

Mónica es empleada de un negocio que está por el fórum y como todos los días al dar las 12:00 horas, salió a hacer los mandados, sin imaginar que algo trágico estaba por ocurrir y cambiaría su vida por completo, pues sólo tuvo tiempo de cruzar la calle cuando una de las balaceras comenzó.

Me levanté temprano –cinco de la mañana- Como todos los días, arreglé a mis dos hijas, una de un año y la otra de siete. Soy madre soltera, así que me las ingenio para dejarlas en la guardería y la primaria.

Ella entra a las nueve de la mañana y sale a las cinco, es por eso que su hermano se encarga de pasar a la escuela por las niñas.

“Dejamos a la bebé en la guardería. Empezó a llover muy fuerte, y la niña (de siete años) no quería quedarse en la escuela, porque le tiene mucho miedo a la lluvia, por todo lo que ha pasado, así que al ver su angustia, opté por llevármela al trabajo, pocas veces lo hago, por lo tanto, no iba a tener problemas, la pongo a que me ayude, mi trabajo es la limpieza del negocio”.

Recuerda que el tiempo transcurrió sin contratiempos, hasta que le pidieron que fuera a hacer algunas compras, sin imaginar el infierno que iba a vivir durante toda la tarde.

Salió con su hija, la llevaba de la mano, al cruzar la calle, pasaron como “bólidos” soldados y camionetas, empezaron a tirar balazos, "estábamos en el camellón enfrente del Fórum, los carros se detenían, la gente salía corriendo, los abandonaban, yo me quedé paralizada".

“De repente la niña se me soltó, corría despavorida y yo sin saber qué hacer, las balas zumbaban, sentí algo caliente en mi pie ´¡ya me desgraciaron!´ grité, pero era más grande mi ansiedad de alcanzar a la niña, que seguí corriendo con un gran dolor, hasta que un buen hombre la “pepenó” de un brazo, la tiró al suelo y a mí me gritaba tírese, tírese, al suelo”.

"Así estuvimos por buen tiempo. Veía a la gente correr desesperada, el señor que nos protegía, se levantaba para ayudar, y a veces tumbaba a la gente para que se protegiera en el pavimento.

Había gritos desgarradores, uno de los delincuentes cayó frente a nosotros, boqueaba, la sangre le salía por todos lados, nomás duró unos instantes ahí, llegaron otros, lo levantaron, a una señora le quitaron la camioneta y huyeron con el herido.

Yo no soy muy católica, pero no sé de dónde me salieron tantas oraciones, le pedía a mi Dios por mi hija que temblaba 'mamá mira que rifles tan grandes, ¿son de los que matan?', me preguntaba al ver a los malvados que nos brincaban".

Mónica dijo que no sabía de donde salían las balas “lo único que recuerdo, era el sonido, unos muy fuertes que nos dolían los oídos, luego otros más calmados, a veces se veía humo”.

"Cuando se detuvo un poco la “tracatera”, levanté a mi niña, estábamos todas enlodadas, había gente que me gritaba que no me arriesgara, que cuidara a la niña.

Logré abrazarla, lo único que me preocupaba era proteger a mi chiquita, no sé cómo corrí con mi pie dañado, eso no me importaba, logré llegar al estacionamiento del Fórum, respiré un poco, me sentía ya un poco más segura..."

“La verdad creía que me habían dado un balazo en mi pie, había perdido los zapatos, me busqué sangre y no tenía, me revisé muy bien, lo que me había pasado es que me lo torcí…me dicen que es un esguince”, dice, mientras se observa el pie derecho hinchado y morado.

"Mi niña sufrió una crisis, lloraba desesperada, cuando de repente, llegaron corriendo unos “malos” a una camioneta que estaba a un lado de donde nosotros nos protegíamos, traían unas bolsas de una tienda, como que habían estado comprando, aventaron las cosas a la camioneta, sacaron unos chalecos negros, se veían pesados, se los pusieron, traían armas, las revisaron, luego hablaron por radio, lo único que entendí fue: estamos listos.

¡Arre!, gritaron. Se colgaron unos cinturones como con cuadros de fierro –posiblemente eran cargadores-, luego voltearon a vernos, uno de ellos, se puso dos dedos en los ojos y me dijo “ya las vimos, calladitas se ven más bonitas”, arrancaron y a la salida, se subieron tres hombres más, bien armados.

Dice que el rostro de los dos jóvenes los tiene grabado en su mente al igual que la amenaza.

“Nombre, estaban bien guapos, se veían de caché, jóvenes, recién bañaditos, pero malosos, éstos no le hicieron caso a sus mamacitas, como dice el presidente”, bromea en medio de su tragedia.

"Me amenazaron y así como yo los vi bien, ellos también, porque en el momento en que hacían todo, no nos quitaban la vista, tengo sus miradas en mi mente, la verdad tengo mucho miedo.

“Fría, rabiosa”, así es como Mónica describe las miradas de los agresores.

Finalmente, relató que lograron salir del estacionamiento, cruzaron el río, atravesaron el Malecón Viejo y se alejaron de lugar. ahora las balaceras sólo se escuchaban.

Cientas de historias son las que circulan entorno a lo sucedido el jueves en Culiacán, Sinaloa, y es que los ciudadanos se vieron frente a la vida y la muerte luego de que la captura de Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo, desatara una fuerte balacera entre el narco y elementos de seguridad, la cual se mantuvo por horas.

La gente tirada, algunos corriendo, o escondida en algún lugar buscaban un único objetivo, sobrevivir. Fue entonces que en medio del fuego cruzado, el grito de una mujer retumbó "¡Ya me desgraciaron!"

Era la voz de Mónica, una mujer de 32 años que aún lesionada, con el intenso dolor que sentía en ese momento, no olvidó su prioridad, pues entre el caos se encontraba con su pequeña de siete años, quien estaba sufriendo de una crisis de nervios.

"Mi protección nomás fue la oración”, enfatizó Mónica en varias ocasiones .

Mónica es empleada de un negocio que está por el fórum y como todos los días al dar las 12:00 horas, salió a hacer los mandados, sin imaginar que algo trágico estaba por ocurrir y cambiaría su vida por completo, pues sólo tuvo tiempo de cruzar la calle cuando una de las balaceras comenzó.

Me levanté temprano –cinco de la mañana- Como todos los días, arreglé a mis dos hijas, una de un año y la otra de siete. Soy madre soltera, así que me las ingenio para dejarlas en la guardería y la primaria.

Ella entra a las nueve de la mañana y sale a las cinco, es por eso que su hermano se encarga de pasar a la escuela por las niñas.

“Dejamos a la bebé en la guardería. Empezó a llover muy fuerte, y la niña (de siete años) no quería quedarse en la escuela, porque le tiene mucho miedo a la lluvia, por todo lo que ha pasado, así que al ver su angustia, opté por llevármela al trabajo, pocas veces lo hago, por lo tanto, no iba a tener problemas, la pongo a que me ayude, mi trabajo es la limpieza del negocio”.

Recuerda que el tiempo transcurrió sin contratiempos, hasta que le pidieron que fuera a hacer algunas compras, sin imaginar el infierno que iba a vivir durante toda la tarde.

Salió con su hija, la llevaba de la mano, al cruzar la calle, pasaron como “bólidos” soldados y camionetas, empezaron a tirar balazos, "estábamos en el camellón enfrente del Fórum, los carros se detenían, la gente salía corriendo, los abandonaban, yo me quedé paralizada".

“De repente la niña se me soltó, corría despavorida y yo sin saber qué hacer, las balas zumbaban, sentí algo caliente en mi pie ´¡ya me desgraciaron!´ grité, pero era más grande mi ansiedad de alcanzar a la niña, que seguí corriendo con un gran dolor, hasta que un buen hombre la “pepenó” de un brazo, la tiró al suelo y a mí me gritaba tírese, tírese, al suelo”.

"Así estuvimos por buen tiempo. Veía a la gente correr desesperada, el señor que nos protegía, se levantaba para ayudar, y a veces tumbaba a la gente para que se protegiera en el pavimento.

Había gritos desgarradores, uno de los delincuentes cayó frente a nosotros, boqueaba, la sangre le salía por todos lados, nomás duró unos instantes ahí, llegaron otros, lo levantaron, a una señora le quitaron la camioneta y huyeron con el herido.

Yo no soy muy católica, pero no sé de dónde me salieron tantas oraciones, le pedía a mi Dios por mi hija que temblaba 'mamá mira que rifles tan grandes, ¿son de los que matan?', me preguntaba al ver a los malvados que nos brincaban".

Mónica dijo que no sabía de donde salían las balas “lo único que recuerdo, era el sonido, unos muy fuertes que nos dolían los oídos, luego otros más calmados, a veces se veía humo”.

"Cuando se detuvo un poco la “tracatera”, levanté a mi niña, estábamos todas enlodadas, había gente que me gritaba que no me arriesgara, que cuidara a la niña.

Logré abrazarla, lo único que me preocupaba era proteger a mi chiquita, no sé cómo corrí con mi pie dañado, eso no me importaba, logré llegar al estacionamiento del Fórum, respiré un poco, me sentía ya un poco más segura..."

“La verdad creía que me habían dado un balazo en mi pie, había perdido los zapatos, me busqué sangre y no tenía, me revisé muy bien, lo que me había pasado es que me lo torcí…me dicen que es un esguince”, dice, mientras se observa el pie derecho hinchado y morado.

"Mi niña sufrió una crisis, lloraba desesperada, cuando de repente, llegaron corriendo unos “malos” a una camioneta que estaba a un lado de donde nosotros nos protegíamos, traían unas bolsas de una tienda, como que habían estado comprando, aventaron las cosas a la camioneta, sacaron unos chalecos negros, se veían pesados, se los pusieron, traían armas, las revisaron, luego hablaron por radio, lo único que entendí fue: estamos listos.

¡Arre!, gritaron. Se colgaron unos cinturones como con cuadros de fierro –posiblemente eran cargadores-, luego voltearon a vernos, uno de ellos, se puso dos dedos en los ojos y me dijo “ya las vimos, calladitas se ven más bonitas”, arrancaron y a la salida, se subieron tres hombres más, bien armados.

Dice que el rostro de los dos jóvenes los tiene grabado en su mente al igual que la amenaza.

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