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Ultimátum de cardenales al Papa para que aclare sus “errores doctrinales”

  • Jorge Sandoval | Corresponsal
  • en Mundo

CIUDAD DEL VATICANO. (OEM-Informex).- Ultimátum al papa Francisco para que “aclare” sus “errores doctrinales”. Un grupo de cardenales de la potente ala conservadora de la Iglesia, que ha criticado al Sumo Pontífice argentino de desvirtuar la doctrina católica y de crear por lo tanto confusión entre los fieles, siguen adelante en su iniciativa y ahora dan un ultimátum a Bergoglio, que vencerá a mas tardar el próximo 6 de enero, para que responda al pedido de “aclaraciones” doctrinales, presentado en octubre pasado a través de una carta firmada por cuatro purpurados encabezados por el estadunidense Raymond Burke.

Los cardenales, viendo que Francisco ha preferido ignorar su “pedido de explicaciones”, han hipotizado esta especie de ultimátum. Raymond Burke se hizo portavoz de esta posición, afirmando que si después del próximo 6 de enero el Papa no habrá contestado, se abrirían las puertas para un pedido formal de “aclaraciones”, en otras palabras, de un acto público y oficial con el cual es posible llegar a corregir al Papa en sus eventuales errores doctrinales en materia de fe.

Se trataría de un acto de abierta hostilidad hacia el jefe supremo de mil 200 millones de católicos con el cual se “oficializarían” las divisiones y los contrastes actuales dentro de la Iglesia católica.

Los cuatro cardenales, en representación del sector conservador de la Iglesia, el estadunidense Raymond Burke, el italiano Carlo Caffarra y los alemanes Walter Brandmuller y Joachim Meisner, plantearon a Francisco cinco “Dubia” (dudas) en relación tanto con la discutida cuestión de la comunión a los divorciados vueltos a casar, como sobre todo acerca del valor de las normas morales concernientes a la concepción de la vida cristiana acerca de los cuales se vislumbran errores en el ámbito de la doctrina católica.

El acto formal de corrección de un Papa es algo rarísimo en la historia de la Iglesia. Existiría un solo antecedente, que se remonta al siglo XIV bajo el pontificado de Juan XXII, cuando este Papa fue públicamente desafiado por los cardenales, por los reyes, los obispos y los teólogos, para que desmintiera que las almas de los justos fuesen admitidas a la visión beatifica después de la muerte.

Poco antes de morir, el Pontífice rectifico su posición, afirmando que se había expresado exclusivamente como un teólogo privado, sin comprometer al magisterio del cual era el máximo representante. Benedicto XII (1335-1342), elegido tras la muerte de Juan XXII, puso la palabra fin a la cuestión con una definición dogmatica.

Ahora habrá que ver si el “ultimátum” del cardenal Burke y su grupo tiene efectivamente la voluntad de seguir adelante con una iniciativa que técnicamente requeriría la casi totalidad de los cardenales, e inevitablemente la formal acusación del Pontífice argentino en defensa de la “recta doctrina” católica.

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FRANCISCO HABLA DE “RESISTENCIAS MALÉVOLAS” AL CAMBIO

Que Francisco esté dispuesto a seguir adelante en su problemática tarea de reformar a la Iglesia, lo demuestra también, además de ignorar el pedido formal de “aclaraciones” por parte de los cardenales conservadores, una frase significativa pronunciada ayer en su discurso a la curia romana: Existen “resistencias malévolas al cambio por parte de los tradicionalistas”.

Esta convicción la subrayó Bergoglio en su discurso, que más bien fue un enésimo jalón de orejas a los miembros de la Curia, en ocasión del tradicional intercambio de felicitaciones navideñas.

Francisco no habló de cuestiones doctrinales (la “manzana de la discordia” de sus contrastes con los conservadores), pero criticó abiertamente a quienes se declaran contrarios a su reforma.

La reforma de la Curia –enfatizó- “no es un ‘lifting, una operación de cirugía plástica para quitar las arrugas, porque no son las arrugas las que la Iglesia debe temer, sino ¡las manchas!”… Y para ello- subrayó Francisco- es esencial que “los miembros de la Curia se renueven espiritualmente, humanamente y profesionalmente” en una especie de “conversión y purificación permanentes: sin un cambio de mentalidad -sentenció-, el esfuerzo será inútil…”.

Durísimas fueron las palabras de Bergoglio cuando se refirió a las resistencias al cambio que se persigue. Para llevar a cabo los cambios necesarios –dijo-“es normal encontrar dificultades, que en el caso de la reforma (de la Curia, ndr) se podrían presentar en diversas tipologías”. Al respecto, Francisco identificó a tres: “Las resistencias abiertas que con frecuencia nacen de la buena voluntad y del diálogo sincero; las resistencias escondidas que nacen de los corazones temerosos de quienes dicen si al cambio solo a palabras, pero que en fondo quiere que todo permanezca igual que antes”.

Finalmente, puntualizó el Pontífice argentino, “existen también las resistencias malévolas, que crecen en mentes distorsionadas y se presentan cuando el demonio inspira las malas intenciones, a menudo disfrazadas de corderos… Este tipo de resistencias –acusó Francisco- se esconde en las tradiciones, en las apariencias, en las formalidades….”.

Se podría decir que “Al buen entendedor, pocas palabras”.