/ domingo 25 de agosto de 2019

Organilleros, vivir de la música

David Becerril y Fidel Bailón, son los únicos en Morelia que ejercen este oficio que poco a poco se ha perdido

MORELIA, Mich.(OEM-Infomex).- Una vuelta y otra, todas al ras del sol, entre los tumultos de gente que pasaba apresurada a realizar sus actividades diarias, hay quienes trabajan para llevar a los oídos una melodía de fondo que parece familiar, aún a cuatro cuadras de distancia.

Una vuelta más a la manija, mientras las melodías emanan de aquel aparato de madera y metal, un organillo tradicional, como los que se tocaban en la antigüedad, como los que rondan por las calles de Morelia.

David Becerril y Fidel Bailón son los únicos organilleros que adornan el Centro Histórico de la ciudad, un oficio que pasa de generación en generación, que ha llegado más allá de la época de 1800 y prevalece en las calles de Morelia, como una tradición que se niega a desaparecer.

Bajo los rayos del sol, entre las horas de la “pasadera”, mientras los trabajadores caminan a sus destinos, las madres recogen a sus hijos de las escuelas y los estudiantes rondan las calles del corazón de “La Ciudad de la Cantera Rosa”, es en ese momento donde estos dos hombres salen a trabajar.

Unidos por su amor a la música y al cariño de la gente, estos dos organilleros tocan sin descanso mientras los morelianos y visitantes dejan una o dos monedas en sus sombreros color beige, esos que se encuentran encima de la gran caja antigua, aquella que unos pocos tocan en la actualidad.

Mantener la tradición y lo que ahora es su sustento de vida, no siempre es una tarea sencilla; las largas jornadas de pie sobre las banquetas y las cientos de vueltas al derecho y al revés son el menor de los problemas para estos organilleros.

David es un joven de 27 años, oriundo de la capital michoacana, que toca el organillo desde hace tres años y medio en la calle Allende, a escasos metros de la Plaza Valladolid, punto estratégico en el primer cuadro, lugar que le ha permitido ganarse la vida desde el primer día que salió a trabajar.

“A mí me permite vivir dignamente el trabajo sin tener que estarme matando todo el día trabajándolo”, señala Becerril, luego de contarnos que él trabaja de jueves a lunes en un horario de 11:00 a las 16:00 horas, esto entre semana, pues los fines de semana sus jornadas se extiende hasta las 21:00 horas.

A decir del joven organillero, los fines de semana, puentes vacaciones y fechas turísticas importantes, como el Día de Muertos, son los días que mayor provecho le saca al oficio, pues mientras más gente camine la ciudad, mayores ingresos genera.

Más en fin semana cuando hay más de turismo, más gente y ahí sí trabajo hasta ocho horas; depende de cómo esté la gente y el clima

Fidel Bailón prefiere trabajar únicamente los fines de semana, pues aunque el organillo es su pasión, él no vive sólo de la música.

Fidel es un hombre de 62 años que ha recorrido diversos estados de la República Mexicana alegrando a miles de transeúntes que lo han escuchado tocar en la CDMX, Puebla, Querétaro, Colima, Guanajuato, Zacatecas y ahora, en la ciudad de Morelia, donde se ha avecindado por los últimos 10 años.

Su música toca los oídos de quienes transitan por la Avenida Madero, arteria principal del tráfico vehicular y peatonal de la ciudad de Morelia; sin embargo, aún con la afluencia de personas que transitan por la avenida, don Fidel debe recurrir a trabajar de albañil cuando consigue trabajo y dejar el organillo para sus ratos libres; un momento de diversión.

Y es que ambos organilleros coinciden en una cosa en particular: los días buenos dejan una ganancia de hasta $300 pesos, mientras que los días malos rondan entre los $50 y los $70 pesos.

Que si bien las ganancias no son estrafalarias, el dinero es tan sólo uno de los motivos por lo que reproducen el oficio que aprendieron en casa. La tradición que se remonta de generación en generación, es un llamado de la sangre y del oído, ya que después de tantas horas, días, meses e incluso años, de escuchar las mismas melodías, el organillo y las calles los llaman de regreso día con día.

Para David, el organillo llegó por parte de la familia de su madre, su tío, quien acostumbraba tocar en la Ciudad de México; emigra a Morelia en épocas vacacionales y descubre que la capital michoacana es el lugar ideal para instalar su gran máquina y comenzar a tocar.

Los años pasan y con un aparato de sobra, el tío de David hereda el trabajo a su sobrino, le enseña los trucos y los secretos, desde la manera correcta de girar la manija, hasta cómo arreglar los cilindros de su viejo organillo, una réplica alemana de los años 70’s.

Una máquina de más de 40 kilos que carga en su repertorio los temas más modernos para su época: unas cuantas canciones de Juan Gabriel y los temas más movidos de Luis Miguel.

Sin embargo, el caso de don Fidel es diferente, su organillo de alrededor de 60 kilos es un original Wagner y Levien, una marca alemana que llegó a México en 1844; un aparato que fue heredado de su padre, quien a su vez lo heredó su padre.

Su gran caja musical alberga ocho temas, desde las viejitas del recuerdo como Pedro Infante, hasta lo que la gente les pide: Juan Gabriel y Joan Sebastian. Los tiempos, así como las canciones han cambiado con los cambios generacionales.

Pues hace no más de 50 años, el oficio de organillero era tan redituable como para poder mantener una familia completa del salario que te otorgaba la gente, es a razón de ello que la tradición continúa siempre en familia.

Si le das buen mantenimiento y lo sabes trabajar, hay aparatos que llevaban trabajando 100 años, es por lo que te puede dar; ahorita no tanto, pero hace unos 30 años sí podías mantener una familia trabajando un aparato, es por eso que también se mantiene en familias

Becerril

Y es que un punto fundamental para quienes tocan estos instrumentos es el saberlos arreglar, ya que esto representa un ahorro en su bolsillo y la única manera de mantenerse en el trabajo, pues estos aparatos sólo se pueden arreglar a manos de cilindreros expertos, quienes regularmente residen en la Ciudad de México.

Cabe señalar que si en la ciudad de Morelia sólo existen dos organilleros, a nivel país se encuentran inscritas al menos 500 personas que se dedican al bello oficio del organillo.

Estas cifras salen de la Unión Nacional de Organilleros, un organismo se ha encargado de proteger y respaldar a los trabajadores del organillo, quienes por muchos años fueron perseguidos por inspectores municipales, en aras de evitar el ambulantaje en las ciudades donde se instalaban estos hombres y sus grandes instrumentos.

HISTORIA ANTIGUA

HISTORIA ANTIGUA

Los aparatos en México tienen desde poco antes del 1900, cuando se fue popularizando y me parece que 1940, lo retira en CDMX por tanto ambulantaje; para poder trabajar entonces necesitaba tener una representación constante, conseguir los permisos, poder organizarse y es por lo que meten el uniforme; el uniforme era de los Dorados de Villa, para eso se fundó la unión”, indicó David.

Así pues, ambos organilleros morelianos se encuentran suscritos a la Unión Nacional, la cual ha sido su base y sustento, al momento de pedir los permisos de ambulantaje con el Ayuntamiento capitalino.

Dentro del reglamento de la Dirección de Mercados, se establece que cualquier ciudadano puede requerir permisos temporales de ambulantaje, contribuyendo con los datos necesarios, sin costo alguno para quienes aportan a la visión estética del Centro Histórico.

Permisos por seis meses y melodías que no caducan, esa es la fórmula para que nos encontremos con estos característicos personajes que nos remontan a las épocas antiguas en las que al salir a la plaza nos encontrábamos con cilindreros, algodoneros, globeros, paleteros y uno que otro merenguero, trabajadores que buscaban la manera de llevar el pan a la mesa y una sonrisa a quienes transitaban cerca de ellos.

Así pues, con una larga tradición de casi dos centenarios, los organilleros se niegan a desaparecer, su música retumba en las paredes de cantera, mientras que su amor por su instrumento y lo que transmite, los mantiene en la calles día con día.

Para David, es el recibimiento de las personas, el contacto con la gente que pasa y los recuerdos invaluables que se han quedado en su cabeza y en su corazón, lo que lo tendrían haciendo esto por muchos años más.

Hace tres años, cuando andaba dudando, si sí funcionaba o no para trabajar de esto, de uno de los locales de junto sale una niñita de unos tres años, y sale como a escondidas, como si estuviera haciendo algo malo; se acerca y me deja una moneda de 10 centavos y todavía se acerca y me dice: “Ahorita le saco a mi mamá más”, eso fue algo, lo que dije sí me quedó, y como eso hay más; gente que llega y te abraza y te dice felicidades, sólo por el hecho de estar tocando, te dejan comida. Es un oficio muy noble y me encanta hacerlo”, enfatizó.

Además, de que trabajando en los horarios que él dispone, puede concentrarse en su otra pasión, el estudio y el saber, David busca ser un profesionista que apoyado por la música de su organillo, pueda costear sus estudios y salir adelante; el instrumento lo acompañará hasta que sea turno de su siguiente sucesor.

Mientras que, para don Fidel el organillo es una herramienta que lo ayuda a salir de las malas rachas y pasar un rato agradable, “estoy aquí porque alegro a la gente que pasa; me distraigo, me conoce la gente, me saluda y ahí me la llevo, me gusta mi trabajo porque tengo contacto con la gente”, aseveró.

Así pues, con unas cuentas monedas sobre sus sombreros y cientos de sonrisas recolectadas a lo largo del día, estos organilleros recogen su instrumento y parten a casa, el sol del mediodía los aguarda al día siguiente, pues la música tradicional de estos grandes aparatos se encuentra lejos de desaparecer.

MORELIA, Mich.(OEM-Infomex).- Una vuelta y otra, todas al ras del sol, entre los tumultos de gente que pasaba apresurada a realizar sus actividades diarias, hay quienes trabajan para llevar a los oídos una melodía de fondo que parece familiar, aún a cuatro cuadras de distancia.

Una vuelta más a la manija, mientras las melodías emanan de aquel aparato de madera y metal, un organillo tradicional, como los que se tocaban en la antigüedad, como los que rondan por las calles de Morelia.

David Becerril y Fidel Bailón son los únicos organilleros que adornan el Centro Histórico de la ciudad, un oficio que pasa de generación en generación, que ha llegado más allá de la época de 1800 y prevalece en las calles de Morelia, como una tradición que se niega a desaparecer.

Bajo los rayos del sol, entre las horas de la “pasadera”, mientras los trabajadores caminan a sus destinos, las madres recogen a sus hijos de las escuelas y los estudiantes rondan las calles del corazón de “La Ciudad de la Cantera Rosa”, es en ese momento donde estos dos hombres salen a trabajar.

Unidos por su amor a la música y al cariño de la gente, estos dos organilleros tocan sin descanso mientras los morelianos y visitantes dejan una o dos monedas en sus sombreros color beige, esos que se encuentran encima de la gran caja antigua, aquella que unos pocos tocan en la actualidad.

Mantener la tradición y lo que ahora es su sustento de vida, no siempre es una tarea sencilla; las largas jornadas de pie sobre las banquetas y las cientos de vueltas al derecho y al revés son el menor de los problemas para estos organilleros.

David es un joven de 27 años, oriundo de la capital michoacana, que toca el organillo desde hace tres años y medio en la calle Allende, a escasos metros de la Plaza Valladolid, punto estratégico en el primer cuadro, lugar que le ha permitido ganarse la vida desde el primer día que salió a trabajar.

“A mí me permite vivir dignamente el trabajo sin tener que estarme matando todo el día trabajándolo”, señala Becerril, luego de contarnos que él trabaja de jueves a lunes en un horario de 11:00 a las 16:00 horas, esto entre semana, pues los fines de semana sus jornadas se extiende hasta las 21:00 horas.

A decir del joven organillero, los fines de semana, puentes vacaciones y fechas turísticas importantes, como el Día de Muertos, son los días que mayor provecho le saca al oficio, pues mientras más gente camine la ciudad, mayores ingresos genera.

Más en fin semana cuando hay más de turismo, más gente y ahí sí trabajo hasta ocho horas; depende de cómo esté la gente y el clima

Fidel Bailón prefiere trabajar únicamente los fines de semana, pues aunque el organillo es su pasión, él no vive sólo de la música.

Fidel es un hombre de 62 años que ha recorrido diversos estados de la República Mexicana alegrando a miles de transeúntes que lo han escuchado tocar en la CDMX, Puebla, Querétaro, Colima, Guanajuato, Zacatecas y ahora, en la ciudad de Morelia, donde se ha avecindado por los últimos 10 años.

Su música toca los oídos de quienes transitan por la Avenida Madero, arteria principal del tráfico vehicular y peatonal de la ciudad de Morelia; sin embargo, aún con la afluencia de personas que transitan por la avenida, don Fidel debe recurrir a trabajar de albañil cuando consigue trabajo y dejar el organillo para sus ratos libres; un momento de diversión.

Y es que ambos organilleros coinciden en una cosa en particular: los días buenos dejan una ganancia de hasta $300 pesos, mientras que los días malos rondan entre los $50 y los $70 pesos.

Que si bien las ganancias no son estrafalarias, el dinero es tan sólo uno de los motivos por lo que reproducen el oficio que aprendieron en casa. La tradición que se remonta de generación en generación, es un llamado de la sangre y del oído, ya que después de tantas horas, días, meses e incluso años, de escuchar las mismas melodías, el organillo y las calles los llaman de regreso día con día.

Para David, el organillo llegó por parte de la familia de su madre, su tío, quien acostumbraba tocar en la Ciudad de México; emigra a Morelia en épocas vacacionales y descubre que la capital michoacana es el lugar ideal para instalar su gran máquina y comenzar a tocar.

Los años pasan y con un aparato de sobra, el tío de David hereda el trabajo a su sobrino, le enseña los trucos y los secretos, desde la manera correcta de girar la manija, hasta cómo arreglar los cilindros de su viejo organillo, una réplica alemana de los años 70’s.

Una máquina de más de 40 kilos que carga en su repertorio los temas más modernos para su época: unas cuantas canciones de Juan Gabriel y los temas más movidos de Luis Miguel.

Sin embargo, el caso de don Fidel es diferente, su organillo de alrededor de 60 kilos es un original Wagner y Levien, una marca alemana que llegó a México en 1844; un aparato que fue heredado de su padre, quien a su vez lo heredó su padre.

Su gran caja musical alberga ocho temas, desde las viejitas del recuerdo como Pedro Infante, hasta lo que la gente les pide: Juan Gabriel y Joan Sebastian. Los tiempos, así como las canciones han cambiado con los cambios generacionales.

Pues hace no más de 50 años, el oficio de organillero era tan redituable como para poder mantener una familia completa del salario que te otorgaba la gente, es a razón de ello que la tradición continúa siempre en familia.

Si le das buen mantenimiento y lo sabes trabajar, hay aparatos que llevaban trabajando 100 años, es por lo que te puede dar; ahorita no tanto, pero hace unos 30 años sí podías mantener una familia trabajando un aparato, es por eso que también se mantiene en familias

Becerril

Y es que un punto fundamental para quienes tocan estos instrumentos es el saberlos arreglar, ya que esto representa un ahorro en su bolsillo y la única manera de mantenerse en el trabajo, pues estos aparatos sólo se pueden arreglar a manos de cilindreros expertos, quienes regularmente residen en la Ciudad de México.

Cabe señalar que si en la ciudad de Morelia sólo existen dos organilleros, a nivel país se encuentran inscritas al menos 500 personas que se dedican al bello oficio del organillo.

Estas cifras salen de la Unión Nacional de Organilleros, un organismo se ha encargado de proteger y respaldar a los trabajadores del organillo, quienes por muchos años fueron perseguidos por inspectores municipales, en aras de evitar el ambulantaje en las ciudades donde se instalaban estos hombres y sus grandes instrumentos.

HISTORIA ANTIGUA

HISTORIA ANTIGUA

Los aparatos en México tienen desde poco antes del 1900, cuando se fue popularizando y me parece que 1940, lo retira en CDMX por tanto ambulantaje; para poder trabajar entonces necesitaba tener una representación constante, conseguir los permisos, poder organizarse y es por lo que meten el uniforme; el uniforme era de los Dorados de Villa, para eso se fundó la unión”, indicó David.

Así pues, ambos organilleros morelianos se encuentran suscritos a la Unión Nacional, la cual ha sido su base y sustento, al momento de pedir los permisos de ambulantaje con el Ayuntamiento capitalino.

Dentro del reglamento de la Dirección de Mercados, se establece que cualquier ciudadano puede requerir permisos temporales de ambulantaje, contribuyendo con los datos necesarios, sin costo alguno para quienes aportan a la visión estética del Centro Histórico.

Permisos por seis meses y melodías que no caducan, esa es la fórmula para que nos encontremos con estos característicos personajes que nos remontan a las épocas antiguas en las que al salir a la plaza nos encontrábamos con cilindreros, algodoneros, globeros, paleteros y uno que otro merenguero, trabajadores que buscaban la manera de llevar el pan a la mesa y una sonrisa a quienes transitaban cerca de ellos.

Así pues, con una larga tradición de casi dos centenarios, los organilleros se niegan a desaparecer, su música retumba en las paredes de cantera, mientras que su amor por su instrumento y lo que transmite, los mantiene en la calles día con día.

Para David, es el recibimiento de las personas, el contacto con la gente que pasa y los recuerdos invaluables que se han quedado en su cabeza y en su corazón, lo que lo tendrían haciendo esto por muchos años más.

Hace tres años, cuando andaba dudando, si sí funcionaba o no para trabajar de esto, de uno de los locales de junto sale una niñita de unos tres años, y sale como a escondidas, como si estuviera haciendo algo malo; se acerca y me deja una moneda de 10 centavos y todavía se acerca y me dice: “Ahorita le saco a mi mamá más”, eso fue algo, lo que dije sí me quedó, y como eso hay más; gente que llega y te abraza y te dice felicidades, sólo por el hecho de estar tocando, te dejan comida. Es un oficio muy noble y me encanta hacerlo”, enfatizó.

Además, de que trabajando en los horarios que él dispone, puede concentrarse en su otra pasión, el estudio y el saber, David busca ser un profesionista que apoyado por la música de su organillo, pueda costear sus estudios y salir adelante; el instrumento lo acompañará hasta que sea turno de su siguiente sucesor.

Mientras que, para don Fidel el organillo es una herramienta que lo ayuda a salir de las malas rachas y pasar un rato agradable, “estoy aquí porque alegro a la gente que pasa; me distraigo, me conoce la gente, me saluda y ahí me la llevo, me gusta mi trabajo porque tengo contacto con la gente”, aseveró.

Así pues, con unas cuentas monedas sobre sus sombreros y cientos de sonrisas recolectadas a lo largo del día, estos organilleros recogen su instrumento y parten a casa, el sol del mediodía los aguarda al día siguiente, pues la música tradicional de estos grandes aparatos se encuentra lejos de desaparecer.

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