/ jueves 15 de abril de 2021

Crónica de Cherán: diez años del levantamiento por su autonomía

Tras la primera barricada, un letrero prácticamente descolorido en su totalidad da la bienvenida: "Aquí nos regimos bajo nuestros usos y costumbres, se puede leer

Morelia, Michoacán (OEM-Infomex).- Tras la primera barricada, un letrero prácticamente descolorido en su totalidad da la bienvenida: “Cherán K´eri… Aquí nos regimos bajo nuestros usos y costumbres”. Unos metros más adelante, un anuncio publicitario de lonas parece burlarse de forma involuntaria-o no- con su slogan en el que se ostentan como la mejor opción mientras acompañan la atrevida frase con los logos de diez partidos políticos.

Welcome Cherán. El municipio que se ubica en el centro del estado de Michoacán y que forma parte de la Meseta Purépecha, es una galería constante de murales y pintas que hacen alusión a la expulsión de los talamontes, partidos políticos y al proceso de autonomía que iniciaron hace diez años.

Aquella madrugada del 15 de abril, doña Elvira y otras seis mujeres se congregaron a las afueras de la capilla El Calvario para enfrentar a los talamontes. Las campanadas que provenían de lo más alto de la iglesia fueron la señal para salir y defenderse con lo que se tuviera a la mano.

Con su rebozo color purpura y un cubrebocas floreado, doña Elvira se niega a decir su apellido, pero no se guarda ni un solo detalle de lo que califica como “un día que fue muy inolvidable”. La cosa empezó a eso de las cuatro de la mañana, cuando desde su cama empezó a escuchar las campanadas.

“Yo estaba acostada y me preguntaba qué estaba pasando, si sería un incendio o qué, entonces salí y me fui acercando con un señor que me contó que se iban a organizar para detener a los talamontes porque ya habían destruido todo el cerro de San Miguel”.

Aunque el instinto la hizo regresar a casa, fue un impulso lo que la hizo volver, tomar piedras y colocárselas en el delantal. En cuanto el primer camión comenzó a descender con la madera expropiada, Elvira y las otras seis mujeres bloquearon el acceso y no dudaron en apedrear el vehículo, sabiendo que de ello dependían sus vidas.

Esos incontables minutos fueron un brebaje de sensaciones, pero la mujer de 55 años confiesa que el coraje se imponía sobre todo lo demás, esa rabia que la llevaba a pensar en su papá, el que dedicó la vida a cuidar el bosque, el que no permitía que se le prendiera fuego y entendía que las montañas daban vida al pueblo.

Puede interesarte: A una década del levantamiento, Cherán reabre su museo

La insurrección derivó en un ambiente de solidaridad que se prolongó por varios meses. Elvira y los comuneros que apoyaron el movimiento vivieron en las fogatas que se encendieron por todo Cherán. Con orgullo, sabe identificar a los vecinos que estuvieron en esas noches, “nosotros no tenemos estudios ni nada, pero fuimos los que defendimos, los que enfrentamos, los que perdimos el miedo sin saber lo que nos podía pasar”.

Cae la noche. Poco a poco los comuneros se van sumando a la fogata número 13, ubicada en el barrio segundo de Cherán. Mientras al pozole le faltan todavía unos minutos para estar en su punto, todos intercambian anécdotas de hace diez años, ríen de cómo el tiempo les ha cambiado sus vidas, de la soltería que ya no tienen y de los hijos que llegaron.

El fuego se ha encendido porque esta noche se analizará la convocatoria para elegir al nuevo Concejo Mayor. Se tratará de la cuarta administración desde que el municipio inició con su proceso de autonomía y entrará en funciones a partir del próximo 1 de septiembre.

Lo primero que explica Salvador Adame tras diez años de movimiento ininterrumpido, es que se han tenido aciertos, pero también muchas oportunidades para mejorar. Miembro activo del Concejo y partícipe de varias comisiones, define que el modelo de gobierno bajo el cual se rigen se sigue construyendo y ajustando.

“La convocatoria la construimos todos, no se prepara desde un simple escritorio o con unas cuantas personas. De las fogatas se proponen a los comuneros que pueden integrar el concejo, luego esa propuesta se lleva a la asamblea de barrio, se les da cinco minutos para que digan por qué quieren integrar el concejo, es un candado para que no tiren rollos como lo hacen en los partidos políticos”.

Salvador desglosa cada uno de los rubros, busca explicar a detalle cómo están en la actualidad. En Salud admite que tienen un hospital con muchas carencias, al que les ha costado trabajo poder equiparlo y que se hace más difícil cuando el presupuesto directo que llega de las dependencias es limitado.

Es en Seguridad donde considera que el crecimiento ha sido sustancial durante diez años. Recuerda que cuando se inició el movimiento fue con el objetivo de cambiar esa realidad en la que el crimen organizado los dominaba, se llevaba su madera y desaparecía comuneros con absoluta impunidad.

“La Ronda Comunitaria está conformada por comuneros que nosotros mismos elegimos, es importante aclarar que no son autodefensas, son nuestros vecinos a quienes invitamos a participar de esta manera; tenemos barricadas que controlan la entrada y salida de los vehículos, se otorga seguridad en las calles y a los guardabosques les damos equipo para que puedan trabajar en las mejores condiciones posibles”.

Para Salvador no solamente se trata de fortalecer un cuerpo policiaco, sino de reforzar la estructura social y comunitaria; sin embargo, acepta que se siguen presentando conflictos difíciles de abatir como el tránsito de drogas por esta zona.

“Este es un punto donde hay desviaciones a otros municipios, ha habido ocasiones en que se revisan vehículos y se detectan armas y drogas, lo que hacemos es canalizarlo a la Fiscalía General del Estado (FGE), pero vemos que rápidamente los sueltan y es un reto que tenemos en la justicia”.

El campo es otro rubro complicado de tratar. El integrante del Concejo Mayor expone que Cherán tiene una extensión de tierra amplia, donde el único producto que se tiene es el maíz, pero su precio ha venido a la baja. Esta situación, abunda, provoca que muchos campesinos se vean obligados a rentar sus tierras para que éstas sean utilizadas en la siembra excesiva de aguacate y papa.

Las casetas están resguardadas por un par de imágenes de San Francisco de Asís y por cuatro elementos que pertenecen a la Ronda Comunitaria. Parece no importarles la intensidad del calor y a media carretera saludan a los habitantes de Cherán y a los choferes de los camiones Purépecha, mientras que a los desconocidos les cuestionan el destino hacia dónde se dirigen. A nadie lo detienen para hacerle una inspección del vehículo.

Vestido con uniforme militar, gorra y lentes oscuros que no abandona en ningún momento, un miembro de la Ronda accede a conversar con la condición de que su nombre no sea mencionado. Es leal al movimiento, lleva cuatro años en la corporación y sigue los pasos de su papá, quien fue militar e instruyó desde sus inicios a la fuerza policial de la comunidad.

“La experiencia ha sido tanto buena como mala, hay aspectos positivos, pero también cosas negativas. Más que nada problemas con la misma gente de aquí, los que no están de acuerdo con el movimiento y quieren hacer que no funcione el sistema, pero creo que es mayoría la que está de acuerdo”.

Para refutar a la oposición, dice que sólo basta con observar a las afueras de Cherán, pues mientras los cerros del pueblo todavía lucen verdes y arbolados, en los linderos la realidad es distinta, “uno se encuentra con montañas pelonas por todas las huertas de aguacate”.

Admite que la unidad que se tenía al inicio del movimiento se ha ido perdiendo con el paso del tiempo, pero es un factor que lo adjudica a la tranquilidad que se vive en el pueblo. “Es en parte por la apatía de la gente, en un principio se hacían las asambleas y eran muchos asistentes, todo se daba bajo la forma ideal, pero pasaron los años y todos se relajaron un poco al ver que ya no se tiene la misma inseguridad que antes”.

Pero no todos coinciden. Mientras desciende del cerro con su burro, el comunero Luis Felipe Durán Sánchez critica al sistema actual. Argumenta que lo de los “usos y costumbres” está muy bien en la teoría, pero afirma que no se está ejerciendo en la práctica.

“Está fallando un poco el movimiento porque ya no hay respeto. Hace unos meses se quemaron patrullas, entonces eso nos dice justamente que entre la autoridad y el pueblo ya no existe ese respeto. Ahora, para qué nos hacemos tontos, hay mucha droga y prostitución, no estamos bien”.

Se le pregunta si preferiría regresar al sistema de partidos políticos, pero titubea, cambia de tema radicalmente y mejor nos invita a que conozcamos la huerta colectiva que es producto del programa “Sembrando vidas” del Gobierno Federal de Andrés Manuel López Obrador.

A unas cuadras de la plaza principal de Cherán, Juan Fabián Juárez nos detiene y su primer saludo es una frase: “Todo es una falacia”. A partir de ese momento, no se mide en expresar reclamos al movimiento, al Concejo Mayor y a todo lo que tiene que ver con la autonomía.

“Es una mentira que dicen que no quieren partidos, todos los que están ahí están manchados con ellos, pregúntele a la gente y les dirán la realidad. Aquí estamos secuestrados por el crimen organizado, están agarrando todo, es la tala con uniforme ahora”.

Se le pide que enumere que otros delitos se viven en la comunidad y enlista el robo, secuestro y la violación de derechos humanos, así, como quien posee las estadísticas en la mano. Sin embargo, la percepción no coincide con los últimos datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

De acuerdo al organismo, en el mes de febrero en Cherán se presentó un caso de violación sexual, un robo de auto, un delito relacionado con daño a la propiedad, un despojo y un atentado contra el medio ambiente; es decir, una incidencia delictiva bastante baja para una población de más de 19 mil habitantes.

La diferencia de percepciones entre los comuneros da la impresión de que el pueblo está dividido y más polarizado que nunca. El movimiento de Cherán Ker´i ha generado un reflujo que inclusive puede ser calificado como natural.

Salvador Adame, miembro del Concejo Mayor, también considera que es importante no romantizar la lucha social; es decir, no escamita en confesar que las asambleas están llenas de discusiones acaloradas, cuestionamientos de transparencia y horas de diálogo en las que se intentan llegar a un consenso.

Se suele decir que lo complicado en la estrategia de cualquier gobierno revolucionario no radica en ganar, sino en lograr mantenerse. A diez años de aquella madrugada del 15 de abril, Cherán se encuentra luchando para que la fogata no se apague.

Morelia, Michoacán (OEM-Infomex).- Tras la primera barricada, un letrero prácticamente descolorido en su totalidad da la bienvenida: “Cherán K´eri… Aquí nos regimos bajo nuestros usos y costumbres”. Unos metros más adelante, un anuncio publicitario de lonas parece burlarse de forma involuntaria-o no- con su slogan en el que se ostentan como la mejor opción mientras acompañan la atrevida frase con los logos de diez partidos políticos.

Welcome Cherán. El municipio que se ubica en el centro del estado de Michoacán y que forma parte de la Meseta Purépecha, es una galería constante de murales y pintas que hacen alusión a la expulsión de los talamontes, partidos políticos y al proceso de autonomía que iniciaron hace diez años.

Aquella madrugada del 15 de abril, doña Elvira y otras seis mujeres se congregaron a las afueras de la capilla El Calvario para enfrentar a los talamontes. Las campanadas que provenían de lo más alto de la iglesia fueron la señal para salir y defenderse con lo que se tuviera a la mano.

Con su rebozo color purpura y un cubrebocas floreado, doña Elvira se niega a decir su apellido, pero no se guarda ni un solo detalle de lo que califica como “un día que fue muy inolvidable”. La cosa empezó a eso de las cuatro de la mañana, cuando desde su cama empezó a escuchar las campanadas.

“Yo estaba acostada y me preguntaba qué estaba pasando, si sería un incendio o qué, entonces salí y me fui acercando con un señor que me contó que se iban a organizar para detener a los talamontes porque ya habían destruido todo el cerro de San Miguel”.

Aunque el instinto la hizo regresar a casa, fue un impulso lo que la hizo volver, tomar piedras y colocárselas en el delantal. En cuanto el primer camión comenzó a descender con la madera expropiada, Elvira y las otras seis mujeres bloquearon el acceso y no dudaron en apedrear el vehículo, sabiendo que de ello dependían sus vidas.

Esos incontables minutos fueron un brebaje de sensaciones, pero la mujer de 55 años confiesa que el coraje se imponía sobre todo lo demás, esa rabia que la llevaba a pensar en su papá, el que dedicó la vida a cuidar el bosque, el que no permitía que se le prendiera fuego y entendía que las montañas daban vida al pueblo.

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La insurrección derivó en un ambiente de solidaridad que se prolongó por varios meses. Elvira y los comuneros que apoyaron el movimiento vivieron en las fogatas que se encendieron por todo Cherán. Con orgullo, sabe identificar a los vecinos que estuvieron en esas noches, “nosotros no tenemos estudios ni nada, pero fuimos los que defendimos, los que enfrentamos, los que perdimos el miedo sin saber lo que nos podía pasar”.

Cae la noche. Poco a poco los comuneros se van sumando a la fogata número 13, ubicada en el barrio segundo de Cherán. Mientras al pozole le faltan todavía unos minutos para estar en su punto, todos intercambian anécdotas de hace diez años, ríen de cómo el tiempo les ha cambiado sus vidas, de la soltería que ya no tienen y de los hijos que llegaron.

El fuego se ha encendido porque esta noche se analizará la convocatoria para elegir al nuevo Concejo Mayor. Se tratará de la cuarta administración desde que el municipio inició con su proceso de autonomía y entrará en funciones a partir del próximo 1 de septiembre.

Lo primero que explica Salvador Adame tras diez años de movimiento ininterrumpido, es que se han tenido aciertos, pero también muchas oportunidades para mejorar. Miembro activo del Concejo y partícipe de varias comisiones, define que el modelo de gobierno bajo el cual se rigen se sigue construyendo y ajustando.

“La convocatoria la construimos todos, no se prepara desde un simple escritorio o con unas cuantas personas. De las fogatas se proponen a los comuneros que pueden integrar el concejo, luego esa propuesta se lleva a la asamblea de barrio, se les da cinco minutos para que digan por qué quieren integrar el concejo, es un candado para que no tiren rollos como lo hacen en los partidos políticos”.

Salvador desglosa cada uno de los rubros, busca explicar a detalle cómo están en la actualidad. En Salud admite que tienen un hospital con muchas carencias, al que les ha costado trabajo poder equiparlo y que se hace más difícil cuando el presupuesto directo que llega de las dependencias es limitado.

Es en Seguridad donde considera que el crecimiento ha sido sustancial durante diez años. Recuerda que cuando se inició el movimiento fue con el objetivo de cambiar esa realidad en la que el crimen organizado los dominaba, se llevaba su madera y desaparecía comuneros con absoluta impunidad.

“La Ronda Comunitaria está conformada por comuneros que nosotros mismos elegimos, es importante aclarar que no son autodefensas, son nuestros vecinos a quienes invitamos a participar de esta manera; tenemos barricadas que controlan la entrada y salida de los vehículos, se otorga seguridad en las calles y a los guardabosques les damos equipo para que puedan trabajar en las mejores condiciones posibles”.

Para Salvador no solamente se trata de fortalecer un cuerpo policiaco, sino de reforzar la estructura social y comunitaria; sin embargo, acepta que se siguen presentando conflictos difíciles de abatir como el tránsito de drogas por esta zona.

“Este es un punto donde hay desviaciones a otros municipios, ha habido ocasiones en que se revisan vehículos y se detectan armas y drogas, lo que hacemos es canalizarlo a la Fiscalía General del Estado (FGE), pero vemos que rápidamente los sueltan y es un reto que tenemos en la justicia”.

El campo es otro rubro complicado de tratar. El integrante del Concejo Mayor expone que Cherán tiene una extensión de tierra amplia, donde el único producto que se tiene es el maíz, pero su precio ha venido a la baja. Esta situación, abunda, provoca que muchos campesinos se vean obligados a rentar sus tierras para que éstas sean utilizadas en la siembra excesiva de aguacate y papa.

Las casetas están resguardadas por un par de imágenes de San Francisco de Asís y por cuatro elementos que pertenecen a la Ronda Comunitaria. Parece no importarles la intensidad del calor y a media carretera saludan a los habitantes de Cherán y a los choferes de los camiones Purépecha, mientras que a los desconocidos les cuestionan el destino hacia dónde se dirigen. A nadie lo detienen para hacerle una inspección del vehículo.

Vestido con uniforme militar, gorra y lentes oscuros que no abandona en ningún momento, un miembro de la Ronda accede a conversar con la condición de que su nombre no sea mencionado. Es leal al movimiento, lleva cuatro años en la corporación y sigue los pasos de su papá, quien fue militar e instruyó desde sus inicios a la fuerza policial de la comunidad.

“La experiencia ha sido tanto buena como mala, hay aspectos positivos, pero también cosas negativas. Más que nada problemas con la misma gente de aquí, los que no están de acuerdo con el movimiento y quieren hacer que no funcione el sistema, pero creo que es mayoría la que está de acuerdo”.

Para refutar a la oposición, dice que sólo basta con observar a las afueras de Cherán, pues mientras los cerros del pueblo todavía lucen verdes y arbolados, en los linderos la realidad es distinta, “uno se encuentra con montañas pelonas por todas las huertas de aguacate”.

Admite que la unidad que se tenía al inicio del movimiento se ha ido perdiendo con el paso del tiempo, pero es un factor que lo adjudica a la tranquilidad que se vive en el pueblo. “Es en parte por la apatía de la gente, en un principio se hacían las asambleas y eran muchos asistentes, todo se daba bajo la forma ideal, pero pasaron los años y todos se relajaron un poco al ver que ya no se tiene la misma inseguridad que antes”.

Pero no todos coinciden. Mientras desciende del cerro con su burro, el comunero Luis Felipe Durán Sánchez critica al sistema actual. Argumenta que lo de los “usos y costumbres” está muy bien en la teoría, pero afirma que no se está ejerciendo en la práctica.

“Está fallando un poco el movimiento porque ya no hay respeto. Hace unos meses se quemaron patrullas, entonces eso nos dice justamente que entre la autoridad y el pueblo ya no existe ese respeto. Ahora, para qué nos hacemos tontos, hay mucha droga y prostitución, no estamos bien”.

Se le pregunta si preferiría regresar al sistema de partidos políticos, pero titubea, cambia de tema radicalmente y mejor nos invita a que conozcamos la huerta colectiva que es producto del programa “Sembrando vidas” del Gobierno Federal de Andrés Manuel López Obrador.

A unas cuadras de la plaza principal de Cherán, Juan Fabián Juárez nos detiene y su primer saludo es una frase: “Todo es una falacia”. A partir de ese momento, no se mide en expresar reclamos al movimiento, al Concejo Mayor y a todo lo que tiene que ver con la autonomía.

“Es una mentira que dicen que no quieren partidos, todos los que están ahí están manchados con ellos, pregúntele a la gente y les dirán la realidad. Aquí estamos secuestrados por el crimen organizado, están agarrando todo, es la tala con uniforme ahora”.

Se le pide que enumere que otros delitos se viven en la comunidad y enlista el robo, secuestro y la violación de derechos humanos, así, como quien posee las estadísticas en la mano. Sin embargo, la percepción no coincide con los últimos datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

De acuerdo al organismo, en el mes de febrero en Cherán se presentó un caso de violación sexual, un robo de auto, un delito relacionado con daño a la propiedad, un despojo y un atentado contra el medio ambiente; es decir, una incidencia delictiva bastante baja para una población de más de 19 mil habitantes.

La diferencia de percepciones entre los comuneros da la impresión de que el pueblo está dividido y más polarizado que nunca. El movimiento de Cherán Ker´i ha generado un reflujo que inclusive puede ser calificado como natural.

Salvador Adame, miembro del Concejo Mayor, también considera que es importante no romantizar la lucha social; es decir, no escamita en confesar que las asambleas están llenas de discusiones acaloradas, cuestionamientos de transparencia y horas de diálogo en las que se intentan llegar a un consenso.

Se suele decir que lo complicado en la estrategia de cualquier gobierno revolucionario no radica en ganar, sino en lograr mantenerse. A diez años de aquella madrugada del 15 de abril, Cherán se encuentra luchando para que la fogata no se apague.

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