/ sábado 22 de febrero de 2020

Muere el CD, plataformas y vinilos, las tendencias

La venta de discos físicos ha caído 38 por ciento en los últimos 20 años, en contraparte, las suscripciones digitales aumentaron casi 40 por ciento

Morelia, Mich. (OEM-Infomex).- Hace años era considerado parte esencial de los melómanos. Se le podía escuchar en la sala de la casa, en la habitación, mientras caminábamos o en el auto.

Se pensaba que era un invento para la eternidad, que jamás sería sustituido con nada, pero fue un error; en plena década de los 20 el disco compacto, o el CD como todos le decimos, prácticamente ha muerto, quedando como un objeto sólo para coleccionistas y aquéllos que valoran la calidad de audio.

En la Avenida Madero del Centro Histórico de Morelia hay una tienda que llegó a mostrar miles de discos para todos los gustos. Su nombre: Stereo Lásser Digital. Sólo que hoy, en plena época del streaming, lo que menos venden son compactos.

En cambio, hay playeras con los logos de bandas como Nirvana o AC/DC; gorras de Metallica y Guns and Roses; tazas con carteles de películas y hasta estampados con personajes tan dispares como Spiderman y Frida Kahlo.

Su sección de discos, esos que era imposible recorrer con la vista en la década de los 90, hoy es tan reducida que se pierde entre el resto de la mercancía.

¿Quién gastaría 200 pesos por un disco que se puede escuchar en YouTube, en Spotify, sin costo alguno? La respuesta podría parecer obvia, pero aún existen personas que aprecian el objeto llamado disco y además no todos tienen acceso a la tecnología, sobre todo las personas mayores que prefieren invertir en un disco de Rocío Dúrcal que estar bajando sus canciones en Internet.

La administradora de la tienda, un tanto reacia a dar información, acepta que el panorama actual es diametralmente opuesto a ese 1993 cuando la empresa abrió sus puertas y cientos de personas compraban los CDs de moda.

Se vendía mucho y de todo, desde artistas nacionales e internacionales, pero hoy sólo compran los coleccionistas o los más viejos, que buscan boleros, tríos, ese tipo de música que además es más barata

Los jóvenes casi no llegan, pero hay fenómenos como el de los fans del k-pop, como se le conoce al pop de bandas juveniles originarias de Japón.

“Muchos chavos compran esos discos sin importar cuánto cuestan, no entienden la letra ni el mensaje, pero dicen que aman a esos grupos”, nos dice una empleada de la tienda que irradia juventud.

Son unas joyas, pero ahí se quedan

En la calle Bartolomé de las Casas, también en pleno centro de la ciudad, la tienda Tarkus Rock ha sido una suerte de templo oscuro para quienes gustan de subgéneros como el trash, death, speed, heavy y otras variantes del metal.

Mujeres y hombres acudían a ese local administrado por Juan Carlos Trejo para comprar joyas underground que no vendían en otras partes, artistas de países escandinavos o bandas mexicanas que le apostaban al rock más difícil de digerir.

Aquellos tiempos ya pasaron. Si hoy nos damos una vuelta por Tarkus aún podemos ver uno que otro CD, pero, como lo acepta Trejo, “ya muy pocas personas los compran”.

Claro que siguen existiendo los fans más fieles que jamás cambiarán el cómo suena un disco original en comparación con archivos comprimidos en Internet o con discos de la piratería, empero, el también conductor de Radio Nicolaita acepta que la tecnología ha ganado la batalla.

Hay una banda local, afirma, cuya producción es excelsa, el disco suena como cualquiera de Europa, “no le pide nada”, pero aunque le dejaron varias copias del compacto, nadie lo ha comprado, absolutamente nadie.

También vendemos tenis

Entre las escasas tiendas de discos compactos que aún sobreviven en la ciudad está Discotecas A-gogo, ubicada en la Plaza Fiesta Camelinas, en el sur de la capital.

La exhibición de compactos es mayor si la comparamos con la referida del centro, con artistas tan distintos como Gorillaz y El Pirulí, una amplia gama para cualquier gusto y generación, sólo que además de CDs se vende un poco de todo: gorras, playeras, pines, regalos varios y hasta tenis infantiles, pues dejar que todo el ingreso dependa de la venta de discos sería un suicidio.

Son varias las décadas que este local ha resistido, es, hoy por hoy, uno de los últimos bastiones físicos a los que podríamos acudir para comprar música, ésa que ahora también podemos buscar de forma virtual en plataformas como Amazon o Mercado Libre con la ventaja de que nos llegará a la comodidad del hogar.

Por lo pronto, en este local una muy joven empleada hace lo suyo: atender bien a los clientes, recomendando discos nuevos, discos en vivo, recopilaciones y todo lo que esté en sus manos para lograr el casi milagro de la venta.

Caída libre

De acuerdo a un reporte de la Asociación Mexicana de Productores de Fonogramas (Amprofon) la industria de la música en México y el mundo goza de buena salud, pues se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos donde las plataformas digitales son el principal vehículo para que artistas ganen dinero gracias a sus obras.

En 2018, a nivel mundial se generó una cifra de 19 mil millones de dólares por ingresos en materia de compra de música, con un 47 por ciento aportado desde las plataformas de streaming gracias a 255 millones de suscriptores.

En lo que respecta al formato físico (CD, vinilos y casetes), la curva marca que en 1999 su aporte era de 25 mil millones de dólares, mientras que en 2018 cayó por debajo de los 10 mil millones.

Visto de otra forma, la venta de discos físicos ha caído 38 por ciento en los últimos 20 años, en contraparte, las suscripciones digitales aumentaron casi 40 por ciento.

El panorama ya es otro. Los artista no esperan vender grandes cantidades de discos, sino que sus temas se reproduzcan por millones en YouTube o estén en el top de Spotify y otras plataformas similares.

Si eso sucede, llegarán las compensaciones económicas y sus conciertos se venderán sin importar el costo del boletaje.

La batalla por el consumo musical se ganó en la esfera virtual desde 2016, cuando la misma Amprofon informó que las plataformas en la red ya representaban el 66 por ciento en cuanto a la venta de música.

El CD, sin embargo, continúa con un agónico reinado, pues pese a todo sigue siendo el formato físico más consumido, aunque cada vez se ve más amenazado por su padre: el vinilo, que en 2019 tuvo un repunte del 12.9 por ciento según la Recording Industry Association of America.

En un rápido y nada científico sondeo en redes sociales para fines de este reportaje, los melómanos aceptan que ya casi no compran CDs, si acaso “cuando sale alguno que me guste muchísimo”, dice un usuario, mientras que otro dice que prefiere los vinilos y a veces, sólo a veces, se deja seducir por cajas que contienen varios discos compactos.

Ni piratas

La industria del disco-objeto ya había sido golpeada de forma ilegal cuando la tecnología encontró el camino para “quemar” discos originales y ofrecerlos en una versión pirata a muy bajo costo.

Así, bastaba con ir a un mercado popular y encontrar puestos con discos a costos tan bajos como 10 ó hasta cinco pesos. Poco importaron las campañas mediáticas para evitar este consumo, pues resultaba mucho más económico en comparación con los elevados precios del original.

Nada más que la red de redes también venció a los clones; si hoy nos salimos a esos mercados, ya prácticamente nadie ofrece discos apócrifos, hay quienes venden memorias USB con cientos o hasta miles de canciones en formato MP3, pero de discos ya ni hablamos.

La tendencia es irreversible. El investigador español Pedro Buil Tercero afirma en la revista Telos número 106: “Asistimos a una revolución de la información y la telecomunicación que supone más de lo que nunca antes ha supuesto, ya que el Big Data transforma el modo de acceder al contenido y el modo de venderlo. En el caso de la música, permite conocer previamente las preferencias del usuario y emplear la información de las redes sociales para canalizar y optimizar las estrategias del marketing publicitario”.

¿Muerte definitiva?

Decretar la muerte definitiva del disco compacto sería tal vez arriesgado. De momento huele a inanición, pero no por ello se abarata ni se devalúa, al contrario, en sitios como Mercado Libre hay ejemplares muy caros: discos de rock hasta en mil 500 pesos quizá porque están descontinuados por los fabricantes y entonces aparece la variante de la escases, fundamento de la economía capitalista. Así que si el lector tiene una gran colección de CDs será mejor que los conserve: podría, a futuro, tener un tesoro muy bien pagado.

Datos curiosos

El disco compacto fue creado en 1979 por el holandés Kees Schouhamer Immink, de Philips, y el japonés Toshitada Doi, de Sony.

Los primeros títulos grabados en discos compactos en Europa fueron la Sinfonía Alpina de Richard Strauss, los valses de Frédéric Chopin interpretados por el pianista chileno Claudio Arrau, y el álbum The Visitors, del grupo ABBA.

El primer CD de música que CBS/Sony lanzó para este reproductor fue el disco 52nd Street, de Billy Joel.

Dire Straits fue la primera banda en lograr vender un millón de discos compactos gracias al álbum Brothers in Arms.


Morelia, Mich. (OEM-Infomex).- Hace años era considerado parte esencial de los melómanos. Se le podía escuchar en la sala de la casa, en la habitación, mientras caminábamos o en el auto.

Se pensaba que era un invento para la eternidad, que jamás sería sustituido con nada, pero fue un error; en plena década de los 20 el disco compacto, o el CD como todos le decimos, prácticamente ha muerto, quedando como un objeto sólo para coleccionistas y aquéllos que valoran la calidad de audio.

En la Avenida Madero del Centro Histórico de Morelia hay una tienda que llegó a mostrar miles de discos para todos los gustos. Su nombre: Stereo Lásser Digital. Sólo que hoy, en plena época del streaming, lo que menos venden son compactos.

En cambio, hay playeras con los logos de bandas como Nirvana o AC/DC; gorras de Metallica y Guns and Roses; tazas con carteles de películas y hasta estampados con personajes tan dispares como Spiderman y Frida Kahlo.

Su sección de discos, esos que era imposible recorrer con la vista en la década de los 90, hoy es tan reducida que se pierde entre el resto de la mercancía.

¿Quién gastaría 200 pesos por un disco que se puede escuchar en YouTube, en Spotify, sin costo alguno? La respuesta podría parecer obvia, pero aún existen personas que aprecian el objeto llamado disco y además no todos tienen acceso a la tecnología, sobre todo las personas mayores que prefieren invertir en un disco de Rocío Dúrcal que estar bajando sus canciones en Internet.

La administradora de la tienda, un tanto reacia a dar información, acepta que el panorama actual es diametralmente opuesto a ese 1993 cuando la empresa abrió sus puertas y cientos de personas compraban los CDs de moda.

Se vendía mucho y de todo, desde artistas nacionales e internacionales, pero hoy sólo compran los coleccionistas o los más viejos, que buscan boleros, tríos, ese tipo de música que además es más barata

Los jóvenes casi no llegan, pero hay fenómenos como el de los fans del k-pop, como se le conoce al pop de bandas juveniles originarias de Japón.

“Muchos chavos compran esos discos sin importar cuánto cuestan, no entienden la letra ni el mensaje, pero dicen que aman a esos grupos”, nos dice una empleada de la tienda que irradia juventud.

Son unas joyas, pero ahí se quedan

En la calle Bartolomé de las Casas, también en pleno centro de la ciudad, la tienda Tarkus Rock ha sido una suerte de templo oscuro para quienes gustan de subgéneros como el trash, death, speed, heavy y otras variantes del metal.

Mujeres y hombres acudían a ese local administrado por Juan Carlos Trejo para comprar joyas underground que no vendían en otras partes, artistas de países escandinavos o bandas mexicanas que le apostaban al rock más difícil de digerir.

Aquellos tiempos ya pasaron. Si hoy nos damos una vuelta por Tarkus aún podemos ver uno que otro CD, pero, como lo acepta Trejo, “ya muy pocas personas los compran”.

Claro que siguen existiendo los fans más fieles que jamás cambiarán el cómo suena un disco original en comparación con archivos comprimidos en Internet o con discos de la piratería, empero, el también conductor de Radio Nicolaita acepta que la tecnología ha ganado la batalla.

Hay una banda local, afirma, cuya producción es excelsa, el disco suena como cualquiera de Europa, “no le pide nada”, pero aunque le dejaron varias copias del compacto, nadie lo ha comprado, absolutamente nadie.

También vendemos tenis

Entre las escasas tiendas de discos compactos que aún sobreviven en la ciudad está Discotecas A-gogo, ubicada en la Plaza Fiesta Camelinas, en el sur de la capital.

La exhibición de compactos es mayor si la comparamos con la referida del centro, con artistas tan distintos como Gorillaz y El Pirulí, una amplia gama para cualquier gusto y generación, sólo que además de CDs se vende un poco de todo: gorras, playeras, pines, regalos varios y hasta tenis infantiles, pues dejar que todo el ingreso dependa de la venta de discos sería un suicidio.

Son varias las décadas que este local ha resistido, es, hoy por hoy, uno de los últimos bastiones físicos a los que podríamos acudir para comprar música, ésa que ahora también podemos buscar de forma virtual en plataformas como Amazon o Mercado Libre con la ventaja de que nos llegará a la comodidad del hogar.

Por lo pronto, en este local una muy joven empleada hace lo suyo: atender bien a los clientes, recomendando discos nuevos, discos en vivo, recopilaciones y todo lo que esté en sus manos para lograr el casi milagro de la venta.

Caída libre

De acuerdo a un reporte de la Asociación Mexicana de Productores de Fonogramas (Amprofon) la industria de la música en México y el mundo goza de buena salud, pues se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos donde las plataformas digitales son el principal vehículo para que artistas ganen dinero gracias a sus obras.

En 2018, a nivel mundial se generó una cifra de 19 mil millones de dólares por ingresos en materia de compra de música, con un 47 por ciento aportado desde las plataformas de streaming gracias a 255 millones de suscriptores.

En lo que respecta al formato físico (CD, vinilos y casetes), la curva marca que en 1999 su aporte era de 25 mil millones de dólares, mientras que en 2018 cayó por debajo de los 10 mil millones.

Visto de otra forma, la venta de discos físicos ha caído 38 por ciento en los últimos 20 años, en contraparte, las suscripciones digitales aumentaron casi 40 por ciento.

El panorama ya es otro. Los artista no esperan vender grandes cantidades de discos, sino que sus temas se reproduzcan por millones en YouTube o estén en el top de Spotify y otras plataformas similares.

Si eso sucede, llegarán las compensaciones económicas y sus conciertos se venderán sin importar el costo del boletaje.

La batalla por el consumo musical se ganó en la esfera virtual desde 2016, cuando la misma Amprofon informó que las plataformas en la red ya representaban el 66 por ciento en cuanto a la venta de música.

El CD, sin embargo, continúa con un agónico reinado, pues pese a todo sigue siendo el formato físico más consumido, aunque cada vez se ve más amenazado por su padre: el vinilo, que en 2019 tuvo un repunte del 12.9 por ciento según la Recording Industry Association of America.

En un rápido y nada científico sondeo en redes sociales para fines de este reportaje, los melómanos aceptan que ya casi no compran CDs, si acaso “cuando sale alguno que me guste muchísimo”, dice un usuario, mientras que otro dice que prefiere los vinilos y a veces, sólo a veces, se deja seducir por cajas que contienen varios discos compactos.

Ni piratas

La industria del disco-objeto ya había sido golpeada de forma ilegal cuando la tecnología encontró el camino para “quemar” discos originales y ofrecerlos en una versión pirata a muy bajo costo.

Así, bastaba con ir a un mercado popular y encontrar puestos con discos a costos tan bajos como 10 ó hasta cinco pesos. Poco importaron las campañas mediáticas para evitar este consumo, pues resultaba mucho más económico en comparación con los elevados precios del original.

Nada más que la red de redes también venció a los clones; si hoy nos salimos a esos mercados, ya prácticamente nadie ofrece discos apócrifos, hay quienes venden memorias USB con cientos o hasta miles de canciones en formato MP3, pero de discos ya ni hablamos.

La tendencia es irreversible. El investigador español Pedro Buil Tercero afirma en la revista Telos número 106: “Asistimos a una revolución de la información y la telecomunicación que supone más de lo que nunca antes ha supuesto, ya que el Big Data transforma el modo de acceder al contenido y el modo de venderlo. En el caso de la música, permite conocer previamente las preferencias del usuario y emplear la información de las redes sociales para canalizar y optimizar las estrategias del marketing publicitario”.

¿Muerte definitiva?

Decretar la muerte definitiva del disco compacto sería tal vez arriesgado. De momento huele a inanición, pero no por ello se abarata ni se devalúa, al contrario, en sitios como Mercado Libre hay ejemplares muy caros: discos de rock hasta en mil 500 pesos quizá porque están descontinuados por los fabricantes y entonces aparece la variante de la escases, fundamento de la economía capitalista. Así que si el lector tiene una gran colección de CDs será mejor que los conserve: podría, a futuro, tener un tesoro muy bien pagado.

Datos curiosos

El disco compacto fue creado en 1979 por el holandés Kees Schouhamer Immink, de Philips, y el japonés Toshitada Doi, de Sony.

Los primeros títulos grabados en discos compactos en Europa fueron la Sinfonía Alpina de Richard Strauss, los valses de Frédéric Chopin interpretados por el pianista chileno Claudio Arrau, y el álbum The Visitors, del grupo ABBA.

El primer CD de música que CBS/Sony lanzó para este reproductor fue el disco 52nd Street, de Billy Joel.

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