/ sábado 18 de enero de 2020

Infancias trans: una realidad visible

En Morelia se registran ocho casos de menores trangénero; expertos han manifestado la necesidad de tener políticas públicas accesibles e inclusivas

MORELIA, Michoacán.-(OEM-Infomex).- “Yo soy una niña, también las niñas tenemos pene y testículos, porque yo soy una niña trans”, las palabras que Ana, de cinco años, dijo para defender su verdadera identidad de género, pese a su corta edad y los prejuicios que engloban la realidad social de invisibilidad a las personas transgénero de Morelia, México y el mundo.

Aunque no ha sido sencillo puesto que se han enfrentado a actos de discriminación, empezando por su padre; Ana, con el apoyo de sus abuelos maternos, hermano de seis años y su madre, Carmen Morales, ha ido adecuando poco a poco su exterior en sentido a su interior.

La verdadera identidad de género de Ana dio sus primeras manifestaciones al ponerse los vestidos y tacones de mamá, utilizar un lenguaje femenino para referirse a ella misma y hasta pedir se le vistiera con prendas de ropa de todos los colores, pero que realmente la representaran.

“Me siento orgullosa de apoyar a mi hija, de luchar por sus derechos, por lo que quiere ser, no ha sido fácil, pero tampoco imposible; se me han puesto obstáculos tras obstáculos, pero aquí seguimos en la lucha”, dijo Carmen al compartir el caso de su pequeña para El Sol de Morelia.

Ana eligió su propio nombre, estudia el tercer año del preescolar, toma clases de ballet y sabe lo que quiere ser de grande: Gloria Trevi. Es decir, tiene una vida como cualquier otro menor de su edad al que no se le cuestiona o señala si es niño o niña, lo cual le ha ayudado a vencer críticas, señalamientos y negativas, incluso para acceder a la educación.

Pese a conocer la condición de su hija, su padre no acepta su nueva identidad, incluso sigue refiriéndose a ella en lo masculino y por su nombre de registro, hecho por el que Carmen optó por cancelar la convivencia entre ambos, pues no quiere someter a su pequeña hija a tensiones emocionales que puedan incluso derivar en depresiones y lamentables suicidios.

“Me dijeron que su proceso lo va a llevar poco a poco, que si ella quiere tener pechos habrá que darle hormonas a su debido momento, también enseñarla a que tendrá pene y testículos para que no entre en disforia de género o se atemorice al verse al espejo”.

La disforia de género refiere al disgusto, desajuste o malestar con el sexo biológico de una persona frente a su verdadera identidad de género.

La menor de cinco años hoy en día también recibe doble atención psicológica con personal especialista en personas de la diversidad sexual; así como terapias alternas, derivado del proceso de divorcio de sus padres.

A raíz de las terapias que le brindan especialistas del Hospital Infantil de Morelia, es que a través de estudios resultó que Ana genera una cantidad mayor de hormonas femeninas, e incluso mediante un ultrasonido, recientemente realizado, se le detectaron ovarios a la menor, aunque físicamente tiene genitales masculinos.

“O sea que ella puede decidir lo que ella quiera ser, entonces por eso su forma de ser”, agregó Carmen al ser reiterativa en el apoyo brindado a su hija, a pesar de que su ex pareja la ha acusado de ser ella quien ha impuesto una identidad “equivocada” a la menor.

El odio a lo desconocido

“Soy un chico que defiende lo que es. Piensa en otros antes que en sí mismo, noble y muy buen amigo”, dijo Sac Alexander, de 16 años, quien a pesar de los diversos momentos de odio y discriminación por asumir su verdadera identidad de género, logró salir de la jaula en la que se encontraba por nacer en un cuerpo distinto.

Hoy dos años lo separan de poder formalizar legalmente no solo su cambio de nombre, sino también el género con el cual se identifica y que, aun con los cambios físicos que poco a poco lo han hecho sentirse satisfecho, aún falta más, ya que los cuestionamientos y malas experiencias han cimbrado su tranquilidad.

Desde los cinco años, Sac Alexander comenzó a mostrar tendencias en contra de los estereotipos que se le impusieron sobre ser mujer, sin embargo no fue hasta los 11 años, cuando cursaba el sexto año de primaria, que supo lo que realmente quería y lo manifestó a su madre y su hermana, a ésta última a quien incluso pidió lo llamara “hermano”.

“Tenía miedo a lastimarla y que me dijera lo mismo que mi papá, en ese entonces (…) no sabía cómo explicarle y no supe cómo explicarle que era un chico”, relató Sac quien debido a las emociones por compartir su testimonio derramó una que otra lágrima, a la par que fue tomado de la mano por su mamá, quien ha sido su gran apoyo.

Tormentoso fue su paso por la secundaria pues fue en este nivel académico cuando se vio inmerso en una depresión que, además de alejarse de sus amigos, lo llevó a una depresión y el que sería su primer año de bachillerato lo pasara entre las cuatro paredes de su habitación, con pánico escénico y temerle a las personas.

Ello, toda vez que, según Sac, su pasado -con su anterior identidad- parecía que lo perseguía a donde fuera y se manifestaba en preguntas incomodas, burlas y acoso hacia su persona, haciéndolo incluso dudar de sus propias expectativas. Sin embargo, el apoyo de su familia y de las mismas autoridades educativas de su preparatoria ha ayudado para que confíe más en él y sus capacidades.

“Después de pasar lista estaba más nervioso, en la secundaria me escondía para que no me nombraron, pero en la prepa cuando la maestra pasó lista me llamó Sac; ese pequeño detalle me hizo sentir muy feliz porque al final había encontrado una escuela donde no te discriminan por ser diferente a los que creen que son normales”, dijo el adolescente al reír.

Allí, junto a su madre y su hermana, dijo tener grandes aspiraciones, pues aunque creyó que su futuro pudiera estar en el arte y el dibujo, buscará la abogacía como profesión, pero enfocada a defender los derechos animales, pues uno de sus sueños es abrir un refugio para ahí resguardar a las especies.

Para Lía Saenz, madre de Sac, su mayor temor no fueron las críticas o circunstancias externas, sino era el hecho de que su hijo no se aceptara y, a su vez, al contexto de desinformación que actualmente se vive sobre la personas de la comunidad LGBTTTI+, y de cómo responder ante una decisión de vida.

“Uno no elige a sus hijos, ellos te eligen a ti. Estoy feliz y orgullosa que él me haya elegido como su madre, porque finalmente también he aprendido mucho. Aquí yo gané un hijo, entonces para mí fue yo te apoyo, a partir de ahora lo que tú quieras hacer, te apoyo”, dijo.

Las infancias trans, una realidad

La historia de Sac y la de Ana se entrelazan por tres motivos: ambos se encuentran en un proceso de transición, decidieron defender su verdadera identidad de género para “volver a nacer”, pero también el hecho de que al ser menores de edad, se enfrentan a actos de discriminación legal puesto que sus nombres no corresponden a su identidad, y por ende no hay un reconocimiento legal integral.

Por ello, la coordinadora de la Red de Personas Trans en Michoacán, Edén Irene Valdivia, ha manifestado la necesidad de tener políticas públicas accesibles e inclusivas, puesto que se debe considerar la propuesta de reconocimiento de identidad de género a infancias trans, misma que ya fue discutida en el Congreso de la Ciudad de México.

“Aunque la derecha está discutiendo en suposiciones de menores trans, hoy discutimos realidades de menores trans que ya existen y tienen problemas en la escuela para acceder a un baño, uniforme, lista, deportes, que no pueden ir a viajes de prácticas. Las personas trans somos un hecho. No está a discusión”, sentenció.

De ahí que precisara que conforme a sus registros son ocho los casos de infantes tan sólo en Morelia, cuyas edades van de los cuatro a los 16 años. Mientras que, según estadísticas nacionales, en el 80 por ciento una madre está de acuerdo y hay un padre ausente o en contra; y sólo el dos por ciento con ambos padres de acuerdo; y en el resto son otros familiares quienes apoyan a los menores.

Menores trans, invisibles ante las leyes

Fue el pasado 24 de abril de 2019 cuando el Parlamento de Mujeres de la Ciudad de México aprobó una iniciativa para desjudicializar el reconocimiento a la identidad de género para menores de 18 años, es decir que se ampliaran las reformas ya realizadas para que este trámite se realice por la vía administrativa.

Sin embargo, la polémica por dicha propuesta, turnada al Congreso local de la capital del país, creció al grado de que hubo protestas por parte de colectivos en defensa de la vida y la familia “natural”, así como de varios legisladores del PAN, PRI, PES y PRD; frente a quienes se opusieron al proyecto de dictamen que fue turnado al Pleno legislativo, el cual no pasó y su discusión se encuentra detenida.

Si bien desde el año 2008 se reconoció la identidad de género en la Ciudad de México, mediante un juicio, y a partir de 2015 por medio de trámite administrativo para las personas adultas, siguiendo la misma línea Michoacán y Nayarit en 2017, mientras que el pasado año Colima, Hidalgo y Chiapas.

No obstante, tanto dichas modificaciones locales al Código Familiar como la determinación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para que personas trans puedan adecuar sus actas de nacimiento en todo el territorio nacional sin necesidad de ir a juicio, aun sigue siendo exclusiva de las infancias trans, es decir, de los menores de 18 años.



Me siento orgullosa de apoyar a mi hija, de luchar por sus derechos, por lo que quiere ser, no ha sido fácil, pero tampoco imposible

Carmen. Madre de Ana



Dato

El pasado 24 de abril de 2019 cuando el Parlamento de Mujeres de la Ciudad de México aprobó una iniciativa para desjudicializar el reconocimiento a la identidad de género para menores de 18 años

MORELIA, Michoacán.-(OEM-Infomex).- “Yo soy una niña, también las niñas tenemos pene y testículos, porque yo soy una niña trans”, las palabras que Ana, de cinco años, dijo para defender su verdadera identidad de género, pese a su corta edad y los prejuicios que engloban la realidad social de invisibilidad a las personas transgénero de Morelia, México y el mundo.

Aunque no ha sido sencillo puesto que se han enfrentado a actos de discriminación, empezando por su padre; Ana, con el apoyo de sus abuelos maternos, hermano de seis años y su madre, Carmen Morales, ha ido adecuando poco a poco su exterior en sentido a su interior.

La verdadera identidad de género de Ana dio sus primeras manifestaciones al ponerse los vestidos y tacones de mamá, utilizar un lenguaje femenino para referirse a ella misma y hasta pedir se le vistiera con prendas de ropa de todos los colores, pero que realmente la representaran.

“Me siento orgullosa de apoyar a mi hija, de luchar por sus derechos, por lo que quiere ser, no ha sido fácil, pero tampoco imposible; se me han puesto obstáculos tras obstáculos, pero aquí seguimos en la lucha”, dijo Carmen al compartir el caso de su pequeña para El Sol de Morelia.

Ana eligió su propio nombre, estudia el tercer año del preescolar, toma clases de ballet y sabe lo que quiere ser de grande: Gloria Trevi. Es decir, tiene una vida como cualquier otro menor de su edad al que no se le cuestiona o señala si es niño o niña, lo cual le ha ayudado a vencer críticas, señalamientos y negativas, incluso para acceder a la educación.

Pese a conocer la condición de su hija, su padre no acepta su nueva identidad, incluso sigue refiriéndose a ella en lo masculino y por su nombre de registro, hecho por el que Carmen optó por cancelar la convivencia entre ambos, pues no quiere someter a su pequeña hija a tensiones emocionales que puedan incluso derivar en depresiones y lamentables suicidios.

“Me dijeron que su proceso lo va a llevar poco a poco, que si ella quiere tener pechos habrá que darle hormonas a su debido momento, también enseñarla a que tendrá pene y testículos para que no entre en disforia de género o se atemorice al verse al espejo”.

La disforia de género refiere al disgusto, desajuste o malestar con el sexo biológico de una persona frente a su verdadera identidad de género.

La menor de cinco años hoy en día también recibe doble atención psicológica con personal especialista en personas de la diversidad sexual; así como terapias alternas, derivado del proceso de divorcio de sus padres.

A raíz de las terapias que le brindan especialistas del Hospital Infantil de Morelia, es que a través de estudios resultó que Ana genera una cantidad mayor de hormonas femeninas, e incluso mediante un ultrasonido, recientemente realizado, se le detectaron ovarios a la menor, aunque físicamente tiene genitales masculinos.

“O sea que ella puede decidir lo que ella quiera ser, entonces por eso su forma de ser”, agregó Carmen al ser reiterativa en el apoyo brindado a su hija, a pesar de que su ex pareja la ha acusado de ser ella quien ha impuesto una identidad “equivocada” a la menor.

El odio a lo desconocido

“Soy un chico que defiende lo que es. Piensa en otros antes que en sí mismo, noble y muy buen amigo”, dijo Sac Alexander, de 16 años, quien a pesar de los diversos momentos de odio y discriminación por asumir su verdadera identidad de género, logró salir de la jaula en la que se encontraba por nacer en un cuerpo distinto.

Hoy dos años lo separan de poder formalizar legalmente no solo su cambio de nombre, sino también el género con el cual se identifica y que, aun con los cambios físicos que poco a poco lo han hecho sentirse satisfecho, aún falta más, ya que los cuestionamientos y malas experiencias han cimbrado su tranquilidad.

Desde los cinco años, Sac Alexander comenzó a mostrar tendencias en contra de los estereotipos que se le impusieron sobre ser mujer, sin embargo no fue hasta los 11 años, cuando cursaba el sexto año de primaria, que supo lo que realmente quería y lo manifestó a su madre y su hermana, a ésta última a quien incluso pidió lo llamara “hermano”.

“Tenía miedo a lastimarla y que me dijera lo mismo que mi papá, en ese entonces (…) no sabía cómo explicarle y no supe cómo explicarle que era un chico”, relató Sac quien debido a las emociones por compartir su testimonio derramó una que otra lágrima, a la par que fue tomado de la mano por su mamá, quien ha sido su gran apoyo.

Tormentoso fue su paso por la secundaria pues fue en este nivel académico cuando se vio inmerso en una depresión que, además de alejarse de sus amigos, lo llevó a una depresión y el que sería su primer año de bachillerato lo pasara entre las cuatro paredes de su habitación, con pánico escénico y temerle a las personas.

Ello, toda vez que, según Sac, su pasado -con su anterior identidad- parecía que lo perseguía a donde fuera y se manifestaba en preguntas incomodas, burlas y acoso hacia su persona, haciéndolo incluso dudar de sus propias expectativas. Sin embargo, el apoyo de su familia y de las mismas autoridades educativas de su preparatoria ha ayudado para que confíe más en él y sus capacidades.

“Después de pasar lista estaba más nervioso, en la secundaria me escondía para que no me nombraron, pero en la prepa cuando la maestra pasó lista me llamó Sac; ese pequeño detalle me hizo sentir muy feliz porque al final había encontrado una escuela donde no te discriminan por ser diferente a los que creen que son normales”, dijo el adolescente al reír.

Allí, junto a su madre y su hermana, dijo tener grandes aspiraciones, pues aunque creyó que su futuro pudiera estar en el arte y el dibujo, buscará la abogacía como profesión, pero enfocada a defender los derechos animales, pues uno de sus sueños es abrir un refugio para ahí resguardar a las especies.

Para Lía Saenz, madre de Sac, su mayor temor no fueron las críticas o circunstancias externas, sino era el hecho de que su hijo no se aceptara y, a su vez, al contexto de desinformación que actualmente se vive sobre la personas de la comunidad LGBTTTI+, y de cómo responder ante una decisión de vida.

“Uno no elige a sus hijos, ellos te eligen a ti. Estoy feliz y orgullosa que él me haya elegido como su madre, porque finalmente también he aprendido mucho. Aquí yo gané un hijo, entonces para mí fue yo te apoyo, a partir de ahora lo que tú quieras hacer, te apoyo”, dijo.

Las infancias trans, una realidad

La historia de Sac y la de Ana se entrelazan por tres motivos: ambos se encuentran en un proceso de transición, decidieron defender su verdadera identidad de género para “volver a nacer”, pero también el hecho de que al ser menores de edad, se enfrentan a actos de discriminación legal puesto que sus nombres no corresponden a su identidad, y por ende no hay un reconocimiento legal integral.

Por ello, la coordinadora de la Red de Personas Trans en Michoacán, Edén Irene Valdivia, ha manifestado la necesidad de tener políticas públicas accesibles e inclusivas, puesto que se debe considerar la propuesta de reconocimiento de identidad de género a infancias trans, misma que ya fue discutida en el Congreso de la Ciudad de México.

“Aunque la derecha está discutiendo en suposiciones de menores trans, hoy discutimos realidades de menores trans que ya existen y tienen problemas en la escuela para acceder a un baño, uniforme, lista, deportes, que no pueden ir a viajes de prácticas. Las personas trans somos un hecho. No está a discusión”, sentenció.

De ahí que precisara que conforme a sus registros son ocho los casos de infantes tan sólo en Morelia, cuyas edades van de los cuatro a los 16 años. Mientras que, según estadísticas nacionales, en el 80 por ciento una madre está de acuerdo y hay un padre ausente o en contra; y sólo el dos por ciento con ambos padres de acuerdo; y en el resto son otros familiares quienes apoyan a los menores.

Menores trans, invisibles ante las leyes

Fue el pasado 24 de abril de 2019 cuando el Parlamento de Mujeres de la Ciudad de México aprobó una iniciativa para desjudicializar el reconocimiento a la identidad de género para menores de 18 años, es decir que se ampliaran las reformas ya realizadas para que este trámite se realice por la vía administrativa.

Sin embargo, la polémica por dicha propuesta, turnada al Congreso local de la capital del país, creció al grado de que hubo protestas por parte de colectivos en defensa de la vida y la familia “natural”, así como de varios legisladores del PAN, PRI, PES y PRD; frente a quienes se opusieron al proyecto de dictamen que fue turnado al Pleno legislativo, el cual no pasó y su discusión se encuentra detenida.

Si bien desde el año 2008 se reconoció la identidad de género en la Ciudad de México, mediante un juicio, y a partir de 2015 por medio de trámite administrativo para las personas adultas, siguiendo la misma línea Michoacán y Nayarit en 2017, mientras que el pasado año Colima, Hidalgo y Chiapas.

No obstante, tanto dichas modificaciones locales al Código Familiar como la determinación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para que personas trans puedan adecuar sus actas de nacimiento en todo el territorio nacional sin necesidad de ir a juicio, aun sigue siendo exclusiva de las infancias trans, es decir, de los menores de 18 años.



Me siento orgullosa de apoyar a mi hija, de luchar por sus derechos, por lo que quiere ser, no ha sido fácil, pero tampoco imposible

Carmen. Madre de Ana



Dato

El pasado 24 de abril de 2019 cuando el Parlamento de Mujeres de la Ciudad de México aprobó una iniciativa para desjudicializar el reconocimiento a la identidad de género para menores de 18 años

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