/ domingo 21 de julio de 2019

Carambola, la vida en un billar

Los billares en Morelia es una tradición que aún persiste; El Sol de Morelia te presenta algunas historias

MORELIA, Mich. (OEM-Infomex).- A Sergio Gallegos Torres la cosa se le salió de las manos. Cuando llegó a Morelia en el año 2001 para trabajar en el billar Fenicia, que recientemente se estaba inaugurando, jamás se imaginó que se convertiría en su casa por 18 años y contando. “¡Cabrón!, nosotros veníamos por un ratito”, es lo que le suele decir su patrón en tono de broma y también de orgullo.

Sergio conoce a todos en el lugar y todos lo conocen a él; reparte bolas y tacos, enciende las luces de las mesas cuando se lo piden y sirve bebidas con la misma velocidad que con la que relata a El Sol de Morelia la historia de lo que califica como “el mejor lugar para jugar billar en la ciudad”. Y es que así nació el Fenicia, dice que la intención desde el inicio fue la de establecer un sitio digno para este deporte.

“El patrón venía de México y se metía a los billares que se tenían en la ciudad, pero los encontraba muy maltratados, entonces fue cuando se le ocurrió poner un lugar que dignificara el juego, cosa que ha funcionado, porque a raíz de eso los demás han tratado de hacer lo mismo”.

Al interior del Fenicia, que se ubica a media cuadra de Plaza Carrillo, se observan mesas que se conservan en buen estado, tableros electrónicos, una zona que funciona como graderío para observar las partidas y pasillos donde desfilan fotografías gigantes que evidencian a los campeones estatales, nacionales e internacionales que han jugado en este lugar.

Los estándares de calidad y el buen trato, considera Sergio, son los puntos claves que han permitido que al lugar sigan acudiendo jugadores de diferentes clases sociales y edades. Asegura que toda la gente que frecuenta el Fenicia tiene como característica particular el comprender que a este centro “sólo se viene a jugar billar y nada más”.

El primer torneo que se jugó en este lugar fue de carácter internacional y se dio el mismo año en que se inauguró el billar, para 2002 se realizó uno nacional y otro estatal, desde entonces, los certámenes se han vuelto tradicionales y aunque ya no se realizan tan seguidos como en el pasado, Sergio afirma que por lo menos se lleva a cabo el estatal en el mes de octubre.

“Han venido jugadores de Europa, pero también grandes campeones estatales y nacionales, como es el caso de Alberto Paredes, Erasto Nájera, Fernando Camacho, Raúl Tapia, José Luis Rescalvo, Marcos Pimentel, Francisco Contreras y otros más que de verdad hacen del billar su vida”.


A sus 46 años de edad, Sergio confiesa que su gusto por el billar es mínimo, pero también se dice agradecido con este deporte, pues argumenta que le ha permitido sostener a su familia por 18 años y afirma que no hay manera de que se pueda aburrir de un trabajo como éste.

Como parte de sus memorias del Fenicia, destaca los buenos torneos que ha presenciado, como aquellos relámpagos que inician a las 12:00 del día y culminan a altas horas de la madrugada. Pero no le pesa, “aquí estamos a diario, hasta en Noche Buena abrimos un rato para que vengan a pasar el rato y ya después se puedan ir tranquilos con sus familias”.

La actividad se intensifica los viernes a partir de las 18:00 horas, no se tiene ninguna mesa vacía y a los alrededores aguarda una fila de jugadores que están ávidos de golpear la bola con el taco. Pero eso de los “días con más trabajo” es relativo; cuenta Sergio que a diario le toca atender a personas que pasan las 12 horas metidos en el Fenicia: desayunan, comen y cenan billar.

LA BOLA “8” NO ES UN NEGOCIO

Guillermo Gallo Palmer tuvo su primer acercamiento con el billar durante su juventud. Trabajando como gerente de Recursos Humanos en un hotel que se ubicaba en la Zona Rosa de la Ciudad de México, fue invitado a presenciar una partida de pool al establecimiento de la calle Florencia.

La mayoría de los jugadores que frecuentaban el billar vestían de traje y corbata, pero por unas horas se arremangaban la camisa para hacer sus mejores tiros; ahí nació el gusto de Guillermo. Fue tanto de su agrado, que prefería comerse una torta en el billar que una comida formal y de cortesía en el hotel.

Como jugador se califica como uno “más del montón”, pero explica que supo dirigir su pasión a la administración de “Los Diamantes”, billar que fundó en la ciudad de Morelia en el año de 1977 y que a la fecha se mantiene vigente como uno de los más antiguos y tradicionales, ubicándose cerca de la Plaza de Toros.

Con casi 42 años de recorrido, Gallo Palmer relata que en los inicios tuvo que luchar contra la mala imagen que se tenía de los billares, “hace 100 años se decía que era un buen negocio porque sólo debías poner una mesa para jugar y lo demás era una barra de 10 metros; eso eran cantinas y no billares”.

Defensor del juego por la habilidad intelectual que se requiere, argumenta que para jugarlo se debe estar lúcido y aplicar conocimientos matemáticos, “inclusive ya hay gente que estudia diferentes técnicas y cada vez se le añaden más detalles tecnológicos, como las mesas que ya cuentan con calefacción para que el efecto del bote sea más parejo”.

Se enorgullece cuando afirma que la batalla se va ganando. Y es que si bien reconoce que todavía hay billares en la ciudad que se niegan a actualizar su equipo y a dignificar la disciplina, expone que se han dado pasos agigantados en los últimos años, al grado de que el Instituto Mexicano de la Juventud lo está considerando como un deporte que debe ser representado en justas internacionales.

“Las mujeres también ya se animan a jugar más, de hecho alguna vez tuvimos en Los Diamantes a unas jugadoras americanas que le ganaron a todos los clientes, eso nos habla de una mayor apertura en este deporte, sobre todo en la modalidad de pool”.

Aunque los torneos que realiza anualmente no están avalados por la Federación Mexicana de Billar, Guillermo expone que la idea de tener competencias constantemente es para promover la participación de jugadores locales y de otros municipios, “sirven para que vengan y midan el nivel de juego que tenemos, para que se den cuenta que podemos hacer un buen papel”.

A Los Diamantes acuden aproximadamente 200 clientes al día, la mayoría juegan billar, algunos prefieren el dominó y el ajedrez, mientras que hay otros que solamente se dedican a observar. Para Guillermo la actividad que elijan es lo de menos, pues argumenta que lo importante es que tengan una alternativa para pasar el rato, “el relajamiento que aquí obtienen les permite estar mejor con su familia y con la gente que conviven a diario”.

Confiesa que él nunca se puede negar a una partida de carambola: “Me hace sentir relajado, pero también me sirve para caminar, ya que en un juego de a 30 carambolas uno se lleva aproximadamente una hora, en ese tiempo tú estás moviéndote, te agachas, te vuelves a parar; pero además, tienes que estar pensando en la velocidad y la forma en que le vas a pegar a la bola para que haga el efecto que deseas”.

Guillermo Gallo desmiente a quien hace 100 años dijo que el billar era un negocio. Considera que a sus 70 años le ha permitido vivir dignamente, pero más allá de los pesos y centavos que le pueda dejar un cliente, afirma que la satisfacción está en haber afrontado el reto de honrar a la disciplina. En ese sentido, asume que ha cumplido cabalmente.

LA FÓRMULA

Durante el día, Erasto Nájera Vieyra recorre la capital en su taxi llevando a los pasajeros por todas partes. Cuando encuentra un espacio libre, toma su taco que cataloga como un “clásico” y se dirige a jugar carambola, la modalidad que le ha permitido ganar múltiples trofeos a nivel estatal y nacional.

Después de colocarse el guante en la mano izquierda y preparar el taco con la tiza, ofrece una cátedra matemática: “La fórmula dice salida, menos ataque, igual a llegada. La mesa en las bandas largas tienen siete marcas, cada diamante es una numeración; tú debes tirar y buscar que pegue en tres lados para que llegue al punto que deseas”.

Advierte que los cálculos deben hacerse en un lapso máximo de 40 segundos, si no la oportunidad de tirar se te escapa. A propósito del tema, recuerda con humor a aquel viejo que solía llevar una calculadora consigo para no errar en las cuentas antes de ejecutar un tiro.

Con 48 años de edad, Erasto Nájera relata su primer contacto con el billar, allá por el año de 1986. Siendo menor de edad todavía, logró acceder a un establecimiento que se ubicaba en la colonia el Porvenir; ahí, observó una jugada y de inmediato le tomó gusto.


Un par de años después, dice que encontró lo que era el trabajo ideal. Los fines de semana se dedicaba a cuidar un billar, situación que aprovechó para practicar y ganar fogueo; aunque es diestro en su vida cotidiana, para jugar se especializa en tirar con la mano izquierda. “Vi que un amigo lo hacía así y pensé que era la manera correcta de ejecutar el taco”.

El accidente dio frutos. Para el año de 1990, Erasto jugó su primer torneo de forma oficial y lo ganó. Como premio se hizo acreedor a 250 mil viejos pesos, pese a la emoción, supo reconocer que se había enfrentado a jugadores de bajo nivel, por lo que decidió emigrar a otros billares en busca de una mayor competencia.

Tiene la fecha clara: 14 de octubre del año 2000. Ese día se jugó el primer torneo de la Asociación Michoacana de Billar; llegó el triunfo venciendo a Alberto Paredes y a partir de ahí la participación en diferentes certámenes fue en ascenso, al grado de que dejó de contabilizarlos.

Erasto tiene reservado un espacio dentro de su casa donde resguarda por lo menos 10 trofeos, siendo de los más importantes aquel que ganó en diciembre de 2017, cuando venció a Hugo Escalante del estado de Jalisco. Al palmarés se le añaden algunos primeros lugares en torneos estatales y alrededor de 10 segundos lugares.

Coincide en que la imagen de los billares se ha mejorado con el pasar de los años y que atrás quedaron los estigmas que relacionaban a esta disciplina con los vicios y la vagancia. “Mi esposa conoce el contexto donde me desenvuelvo y me apoya, ahora mismo tengo un niño que está por cumplir siete años y ya está aprendiendo a tirar”.

Aunque las obligaciones laborales y familiares ya no le permiten jugar tanto como en años anteriores, trata de practicar por lo menos tres veces a la semana. Si se le pregunta por qué le gusta el billar, no duda en hacer un listado de cualidades que se resumen en ser un “juego muy completo”.

Además de lo que se tiene que pensar en cada jugada, Erasto resalta las emociones que genera el billar, la adrenalina que le acelera el corazón cuando va perdiendo una carambola. “Empiezas a sudar, pero cuando se da el triunfo es lo más bonito que hay, el poder recibir un trofeo”.

Advierte que por encima de esto debe persistir la humildad. Cita a su maestro Salvador Rivera, quien siempre le aconsejaba respetar al rival, ser un caballero en el juego y sobre todo salir a divertirse y ganar.

Después de más de 30 años golpeando la bola blanca, Erasto Nájera comparte que la mayor lección aprendida es haber entendido que no se puede jugar, si como persona no estás en plenitud; asegura que un jugador no funciona en una partida cuando su estado de ánimo no es el óptimo.

Califica a la carambola como una modalidad celosa que requiere del esfuerzo máximo. Cuando se llega a una mesa de billar, dice que se debe dejar de lado el hambre, los problemas económicos, familiares y de cualquier tipo; de no hacerlo, sentencia que nunca se podrá dominar el juego. Añade una fórmula más: ser una persona equilibrada es igual a ser un buen jugador de billar.

MORELIA, Mich. (OEM-Infomex).- A Sergio Gallegos Torres la cosa se le salió de las manos. Cuando llegó a Morelia en el año 2001 para trabajar en el billar Fenicia, que recientemente se estaba inaugurando, jamás se imaginó que se convertiría en su casa por 18 años y contando. “¡Cabrón!, nosotros veníamos por un ratito”, es lo que le suele decir su patrón en tono de broma y también de orgullo.

Sergio conoce a todos en el lugar y todos lo conocen a él; reparte bolas y tacos, enciende las luces de las mesas cuando se lo piden y sirve bebidas con la misma velocidad que con la que relata a El Sol de Morelia la historia de lo que califica como “el mejor lugar para jugar billar en la ciudad”. Y es que así nació el Fenicia, dice que la intención desde el inicio fue la de establecer un sitio digno para este deporte.

“El patrón venía de México y se metía a los billares que se tenían en la ciudad, pero los encontraba muy maltratados, entonces fue cuando se le ocurrió poner un lugar que dignificara el juego, cosa que ha funcionado, porque a raíz de eso los demás han tratado de hacer lo mismo”.

Al interior del Fenicia, que se ubica a media cuadra de Plaza Carrillo, se observan mesas que se conservan en buen estado, tableros electrónicos, una zona que funciona como graderío para observar las partidas y pasillos donde desfilan fotografías gigantes que evidencian a los campeones estatales, nacionales e internacionales que han jugado en este lugar.

Los estándares de calidad y el buen trato, considera Sergio, son los puntos claves que han permitido que al lugar sigan acudiendo jugadores de diferentes clases sociales y edades. Asegura que toda la gente que frecuenta el Fenicia tiene como característica particular el comprender que a este centro “sólo se viene a jugar billar y nada más”.

El primer torneo que se jugó en este lugar fue de carácter internacional y se dio el mismo año en que se inauguró el billar, para 2002 se realizó uno nacional y otro estatal, desde entonces, los certámenes se han vuelto tradicionales y aunque ya no se realizan tan seguidos como en el pasado, Sergio afirma que por lo menos se lleva a cabo el estatal en el mes de octubre.

“Han venido jugadores de Europa, pero también grandes campeones estatales y nacionales, como es el caso de Alberto Paredes, Erasto Nájera, Fernando Camacho, Raúl Tapia, José Luis Rescalvo, Marcos Pimentel, Francisco Contreras y otros más que de verdad hacen del billar su vida”.


A sus 46 años de edad, Sergio confiesa que su gusto por el billar es mínimo, pero también se dice agradecido con este deporte, pues argumenta que le ha permitido sostener a su familia por 18 años y afirma que no hay manera de que se pueda aburrir de un trabajo como éste.

Como parte de sus memorias del Fenicia, destaca los buenos torneos que ha presenciado, como aquellos relámpagos que inician a las 12:00 del día y culminan a altas horas de la madrugada. Pero no le pesa, “aquí estamos a diario, hasta en Noche Buena abrimos un rato para que vengan a pasar el rato y ya después se puedan ir tranquilos con sus familias”.

La actividad se intensifica los viernes a partir de las 18:00 horas, no se tiene ninguna mesa vacía y a los alrededores aguarda una fila de jugadores que están ávidos de golpear la bola con el taco. Pero eso de los “días con más trabajo” es relativo; cuenta Sergio que a diario le toca atender a personas que pasan las 12 horas metidos en el Fenicia: desayunan, comen y cenan billar.

LA BOLA “8” NO ES UN NEGOCIO

Guillermo Gallo Palmer tuvo su primer acercamiento con el billar durante su juventud. Trabajando como gerente de Recursos Humanos en un hotel que se ubicaba en la Zona Rosa de la Ciudad de México, fue invitado a presenciar una partida de pool al establecimiento de la calle Florencia.

La mayoría de los jugadores que frecuentaban el billar vestían de traje y corbata, pero por unas horas se arremangaban la camisa para hacer sus mejores tiros; ahí nació el gusto de Guillermo. Fue tanto de su agrado, que prefería comerse una torta en el billar que una comida formal y de cortesía en el hotel.

Como jugador se califica como uno “más del montón”, pero explica que supo dirigir su pasión a la administración de “Los Diamantes”, billar que fundó en la ciudad de Morelia en el año de 1977 y que a la fecha se mantiene vigente como uno de los más antiguos y tradicionales, ubicándose cerca de la Plaza de Toros.

Con casi 42 años de recorrido, Gallo Palmer relata que en los inicios tuvo que luchar contra la mala imagen que se tenía de los billares, “hace 100 años se decía que era un buen negocio porque sólo debías poner una mesa para jugar y lo demás era una barra de 10 metros; eso eran cantinas y no billares”.

Defensor del juego por la habilidad intelectual que se requiere, argumenta que para jugarlo se debe estar lúcido y aplicar conocimientos matemáticos, “inclusive ya hay gente que estudia diferentes técnicas y cada vez se le añaden más detalles tecnológicos, como las mesas que ya cuentan con calefacción para que el efecto del bote sea más parejo”.

Se enorgullece cuando afirma que la batalla se va ganando. Y es que si bien reconoce que todavía hay billares en la ciudad que se niegan a actualizar su equipo y a dignificar la disciplina, expone que se han dado pasos agigantados en los últimos años, al grado de que el Instituto Mexicano de la Juventud lo está considerando como un deporte que debe ser representado en justas internacionales.

“Las mujeres también ya se animan a jugar más, de hecho alguna vez tuvimos en Los Diamantes a unas jugadoras americanas que le ganaron a todos los clientes, eso nos habla de una mayor apertura en este deporte, sobre todo en la modalidad de pool”.

Aunque los torneos que realiza anualmente no están avalados por la Federación Mexicana de Billar, Guillermo expone que la idea de tener competencias constantemente es para promover la participación de jugadores locales y de otros municipios, “sirven para que vengan y midan el nivel de juego que tenemos, para que se den cuenta que podemos hacer un buen papel”.

A Los Diamantes acuden aproximadamente 200 clientes al día, la mayoría juegan billar, algunos prefieren el dominó y el ajedrez, mientras que hay otros que solamente se dedican a observar. Para Guillermo la actividad que elijan es lo de menos, pues argumenta que lo importante es que tengan una alternativa para pasar el rato, “el relajamiento que aquí obtienen les permite estar mejor con su familia y con la gente que conviven a diario”.

Confiesa que él nunca se puede negar a una partida de carambola: “Me hace sentir relajado, pero también me sirve para caminar, ya que en un juego de a 30 carambolas uno se lleva aproximadamente una hora, en ese tiempo tú estás moviéndote, te agachas, te vuelves a parar; pero además, tienes que estar pensando en la velocidad y la forma en que le vas a pegar a la bola para que haga el efecto que deseas”.

Guillermo Gallo desmiente a quien hace 100 años dijo que el billar era un negocio. Considera que a sus 70 años le ha permitido vivir dignamente, pero más allá de los pesos y centavos que le pueda dejar un cliente, afirma que la satisfacción está en haber afrontado el reto de honrar a la disciplina. En ese sentido, asume que ha cumplido cabalmente.

LA FÓRMULA

Durante el día, Erasto Nájera Vieyra recorre la capital en su taxi llevando a los pasajeros por todas partes. Cuando encuentra un espacio libre, toma su taco que cataloga como un “clásico” y se dirige a jugar carambola, la modalidad que le ha permitido ganar múltiples trofeos a nivel estatal y nacional.

Después de colocarse el guante en la mano izquierda y preparar el taco con la tiza, ofrece una cátedra matemática: “La fórmula dice salida, menos ataque, igual a llegada. La mesa en las bandas largas tienen siete marcas, cada diamante es una numeración; tú debes tirar y buscar que pegue en tres lados para que llegue al punto que deseas”.

Advierte que los cálculos deben hacerse en un lapso máximo de 40 segundos, si no la oportunidad de tirar se te escapa. A propósito del tema, recuerda con humor a aquel viejo que solía llevar una calculadora consigo para no errar en las cuentas antes de ejecutar un tiro.

Con 48 años de edad, Erasto Nájera relata su primer contacto con el billar, allá por el año de 1986. Siendo menor de edad todavía, logró acceder a un establecimiento que se ubicaba en la colonia el Porvenir; ahí, observó una jugada y de inmediato le tomó gusto.


Un par de años después, dice que encontró lo que era el trabajo ideal. Los fines de semana se dedicaba a cuidar un billar, situación que aprovechó para practicar y ganar fogueo; aunque es diestro en su vida cotidiana, para jugar se especializa en tirar con la mano izquierda. “Vi que un amigo lo hacía así y pensé que era la manera correcta de ejecutar el taco”.

El accidente dio frutos. Para el año de 1990, Erasto jugó su primer torneo de forma oficial y lo ganó. Como premio se hizo acreedor a 250 mil viejos pesos, pese a la emoción, supo reconocer que se había enfrentado a jugadores de bajo nivel, por lo que decidió emigrar a otros billares en busca de una mayor competencia.

Tiene la fecha clara: 14 de octubre del año 2000. Ese día se jugó el primer torneo de la Asociación Michoacana de Billar; llegó el triunfo venciendo a Alberto Paredes y a partir de ahí la participación en diferentes certámenes fue en ascenso, al grado de que dejó de contabilizarlos.

Erasto tiene reservado un espacio dentro de su casa donde resguarda por lo menos 10 trofeos, siendo de los más importantes aquel que ganó en diciembre de 2017, cuando venció a Hugo Escalante del estado de Jalisco. Al palmarés se le añaden algunos primeros lugares en torneos estatales y alrededor de 10 segundos lugares.

Coincide en que la imagen de los billares se ha mejorado con el pasar de los años y que atrás quedaron los estigmas que relacionaban a esta disciplina con los vicios y la vagancia. “Mi esposa conoce el contexto donde me desenvuelvo y me apoya, ahora mismo tengo un niño que está por cumplir siete años y ya está aprendiendo a tirar”.

Aunque las obligaciones laborales y familiares ya no le permiten jugar tanto como en años anteriores, trata de practicar por lo menos tres veces a la semana. Si se le pregunta por qué le gusta el billar, no duda en hacer un listado de cualidades que se resumen en ser un “juego muy completo”.

Además de lo que se tiene que pensar en cada jugada, Erasto resalta las emociones que genera el billar, la adrenalina que le acelera el corazón cuando va perdiendo una carambola. “Empiezas a sudar, pero cuando se da el triunfo es lo más bonito que hay, el poder recibir un trofeo”.

Advierte que por encima de esto debe persistir la humildad. Cita a su maestro Salvador Rivera, quien siempre le aconsejaba respetar al rival, ser un caballero en el juego y sobre todo salir a divertirse y ganar.

Después de más de 30 años golpeando la bola blanca, Erasto Nájera comparte que la mayor lección aprendida es haber entendido que no se puede jugar, si como persona no estás en plenitud; asegura que un jugador no funciona en una partida cuando su estado de ánimo no es el óptimo.

Califica a la carambola como una modalidad celosa que requiere del esfuerzo máximo. Cuando se llega a una mesa de billar, dice que se debe dejar de lado el hambre, los problemas económicos, familiares y de cualquier tipo; de no hacerlo, sentencia que nunca se podrá dominar el juego. Añade una fórmula más: ser una persona equilibrada es igual a ser un buen jugador de billar.

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