/ sábado 21 de noviembre de 2020

"No hay premios ni paga, es para Dios”: florista de Patamban

El Tata Talí en entrevista con El Sol de Morelia, habla acerca de esta tradición de 1930 en torno a las fiestas de la Virgen de la Asunción

Morelia, Michoacán-(OEM-Infomex).- Nadie quiere hacerlo gratis, por el trabajo que implica recolectar la flor e irlos a armar”, así habla El Tata Talí”, Neftalí Ayungua Suárez, artesano de Michoacán, oriundo del municipio de Tangancicuaro, lugar tradicional en la creación de los tapetes florales de Patamban.

Esta tradición fue instaurada alrededor de 1930 durante las fiestas de la Virgen de la Asunción, los tapetes florales de Patamban constituyen una de las costumbres más representativas de la comunidad del municipio de Tangancicuaro que, desde hace 17 años, el Festival de Música de Morelia (FMM), adoptó como parte de sus actividades alternativas de referencia para el turismo.

En entrevista exclusiva para El Sol de Morelia, desde su taller, el “Tata Talí”, Neftalí Ayungua Suárez, recuerda que “los tapetes se comenzaron a hacer de manera simple, sin dibujos, igual que los arcos con tabardillo, amapola y de cualquier zacate”.

Sin embargo, cuenta que “poco a poco se fue pensando en mejorar y hubo gente muy capaz que diseñó la compostura del tapete y los arcos”. Estas estructuras elípticas se elaboran año con año en ciertas esquinas del pueblo “por donde pasa la procesión religiosa”.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

Cada año, paralelamente a la fiesta de Cristo Rey, el festival de música convoca a cerca de 80 artesanos para participar en la elaboración de los tapetes, desde la recolección de flores hasta el “tirado”, pasando por un proceso de planeación dirigido por la familia Ayungua.

Don Neftalí cuenta que el proceso requiere ir a cortar las flores, deshojarlas, transportar los materiales a Morelia y “tirar” los tapetes. Este último paso se da entre las 2 y 10 de la mañana, previo a la inauguración del festival, explica.

A pesar del tiempo invertido y los requerimientos, el pueblo de Patamban no se arredra y cumple con la tradición al utilizar flor natural recién cortada y otros elementos silvestres de la región como “cinco llagas, amapola –antes de ser ilegal–, flor del quiote del maguey, moradillo, verdolagas, bellotas y “huinumo” de pino.

“Debemos ir al campo y hay que dejar el trabajo de casa para recolectar la flor […], aquí no hay premios ni paga, es nada más por la creencia en el señor, porque por aquí va a pasar la procesión, por eso lo hacemos”, narra el hombre de 85 años.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

Para don Neftalí, esta tradición es fundamental para su pueblo. Mientras observa a las afueras de su taller, recuerda los primeros años de su trabajo como comisionado del evento, las gestiones que tuvo que realizar ante el gobierno y las formas en las que la tradición ha transformado el proceso de “tirado” o montaje de los arreglos florales a ras de suelo.

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Artesano, alfarero y primer coordinador de los tapetes para el festival, el anciano cuenta que la primera ocasión que el festival de música contó con la participación de los tapetes de Patamban fue en 2003.

En esa fecha el entonces presidente municipal, Fausto Vallejo, se acercó a él para reconocer el trabajo expuesto en la calzada Fray Antonio de San Miguel y solicitarle “no dejar de hacer los tapetes”, a lo cual “Tata Talí” le solicitó, además del reconocimiento moral, un incentivo económico a los equipos de artesanos: realizar un concurso, a fin de premiar a los mejores. Tras la promesa, la solicitud fue realidad y el resto de la historia se cuenta sola.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

En Patamban el objetivo principal de los tapetes es religioso. “Es para corresponder al santísimo Cristo Rey y agradecerle por darnos vida y trabajo durante el año… por ello hacemos un tapete muy bonito y en cada esquina colocamos un arco que va relacionado con nuestros oficios: panaderos, agricultores, alfareros, abarroteros”, relata Ayungua Suárez.

“No hay tintes de promoción turística” en esta festividad, pese a convocatoria y llegada de muchos visitantes nacionales y extranjeros”, asegura.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

Pandemia, duro golpe a la tradición

Artesano alfarero y agricultor –igual que su padre–, José Neftalí reconoce que la pandemia fue un duro golpe a los cerca de 80 talleres de Patamban y al gremio artesanal de todo Michoacán.

“Me preparé desde noviembre del año pasado para el tianguis del Domingo de Ramos y no se llevó a cabo”, cuenta el hijo del “Tata Talí”. Tras la pandemia de la enfermedad de Covi-19 y la prohibición de comercio en plazas públicas y la suspensión de los tianguis artesanales –Uruapan y la noche de muertos en Pátzcuaro–, la circunstancia lo orilló a emplearse en la pisca de fresa y los trabajos del campo.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

“Si me dan a escoger entre el campo y la artesanía, mil veces escojo la artesanía porque es muy satisfactorio hacer esto y cuando me compran una pieza, lo hacen con gran gusto… ese cachito de barro es parte de mi corazón y mi imaginación, por eso me apasiona”.

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Explica que este año el “tirado” de los tapetes será distinto debido al cambio de sede. Atribuyó la escases de flor este año a “que las lluvias se fueron antes”, además de otros factores, como la proliferación de huertas de aguacate en las inmediaciones de Patamban.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

Con 42 años de edad y media vida involucrado en la tradición del tapete –por herencia familiar–, José Neftalí asegura que “para eventos especiales, como el festival, tenemos una reunión anual entre agosto y septiembre”, pero fue precisamente la pandemia de Covid-19 lo que “les movió todos los planes”.

“La participación es abierta para toda la comunidad. Generalmente, desde octubre nos mandan los dibujos y de ahí nos dividimos… faltando 15 días para salir se preparan la mayoría de cosas: se junta la flor, salimos del pueblo y trabajamos desde las 11 de la noche para entregar los cuadros por la mañana”, explica mientras su padre lo observa.

De igual manera, el festival de música otorga una compensación simbólica por su trabajo y en algunas ocasiones les ha abierto la puerta para vender alfarería –ollas de barro laqueado y piezas típicas del pueblo–, además de apoyarlos con recursos para visitar el Zoológico, el Lago de Pátzcuaro y la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

“Aquí sólo no trabaja el que no quiere”

Padre e hijo de la familia Ayungua, señalaron que el auge del aguacate en la región de Tangancicuaro, además de los cultivos de papa, fresa, brócoli y zarzamora ha venido a impulsar la economía de Patamban, pero sobretodo los plantíos del llamado “oro verde”.

“Aquí sólo no trabaja el que no quiere”, aseguró José. Sin embargo, los efectos perniciosos de la explotación de las tierras comienzan a ser visibles: tala furtiva, “fracking” hidráulico y ollas que acaparan el vital líquido, renta de tierras a decenas de años, uso de agroquímicos y uso de mano de obra local a capitales anónimos que terminarán por ser los dueños del territorio.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

“A mediados de la década de los 80’s yo estaba en Estados Unidos y ahí un “gringo” me dijo: ‘México tiene tierras vírgenes, lástima que el gobierno de ustedes no los apoya. Pero va a llegar un día en que los americanos, japoneses y alemanes, renten las tierras allá… y ustedes ya nada’, y así fue”, señaló.

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Sin dejar de reconocer la bonanza económica derivada de la agroindustria, José explicó que “mucho aguacate nos va a dejar sin agua, hay demasiadas ollas que recaban el agua… antes los barrancos de la zona se llenaban. Ahora ya no porque todo lo están captando los cultivos. Eso ha derivado, también, que se acabe la flor, la vegetación y haya mucho desmonte en la zona”.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

Morelia, Michoacán-(OEM-Infomex).- Nadie quiere hacerlo gratis, por el trabajo que implica recolectar la flor e irlos a armar”, así habla El Tata Talí”, Neftalí Ayungua Suárez, artesano de Michoacán, oriundo del municipio de Tangancicuaro, lugar tradicional en la creación de los tapetes florales de Patamban.

Esta tradición fue instaurada alrededor de 1930 durante las fiestas de la Virgen de la Asunción, los tapetes florales de Patamban constituyen una de las costumbres más representativas de la comunidad del municipio de Tangancicuaro que, desde hace 17 años, el Festival de Música de Morelia (FMM), adoptó como parte de sus actividades alternativas de referencia para el turismo.

En entrevista exclusiva para El Sol de Morelia, desde su taller, el “Tata Talí”, Neftalí Ayungua Suárez, recuerda que “los tapetes se comenzaron a hacer de manera simple, sin dibujos, igual que los arcos con tabardillo, amapola y de cualquier zacate”.

Sin embargo, cuenta que “poco a poco se fue pensando en mejorar y hubo gente muy capaz que diseñó la compostura del tapete y los arcos”. Estas estructuras elípticas se elaboran año con año en ciertas esquinas del pueblo “por donde pasa la procesión religiosa”.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

Cada año, paralelamente a la fiesta de Cristo Rey, el festival de música convoca a cerca de 80 artesanos para participar en la elaboración de los tapetes, desde la recolección de flores hasta el “tirado”, pasando por un proceso de planeación dirigido por la familia Ayungua.

Don Neftalí cuenta que el proceso requiere ir a cortar las flores, deshojarlas, transportar los materiales a Morelia y “tirar” los tapetes. Este último paso se da entre las 2 y 10 de la mañana, previo a la inauguración del festival, explica.

A pesar del tiempo invertido y los requerimientos, el pueblo de Patamban no se arredra y cumple con la tradición al utilizar flor natural recién cortada y otros elementos silvestres de la región como “cinco llagas, amapola –antes de ser ilegal–, flor del quiote del maguey, moradillo, verdolagas, bellotas y “huinumo” de pino.

“Debemos ir al campo y hay que dejar el trabajo de casa para recolectar la flor […], aquí no hay premios ni paga, es nada más por la creencia en el señor, porque por aquí va a pasar la procesión, por eso lo hacemos”, narra el hombre de 85 años.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

Para don Neftalí, esta tradición es fundamental para su pueblo. Mientras observa a las afueras de su taller, recuerda los primeros años de su trabajo como comisionado del evento, las gestiones que tuvo que realizar ante el gobierno y las formas en las que la tradición ha transformado el proceso de “tirado” o montaje de los arreglos florales a ras de suelo.

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Artesano, alfarero y primer coordinador de los tapetes para el festival, el anciano cuenta que la primera ocasión que el festival de música contó con la participación de los tapetes de Patamban fue en 2003.

En esa fecha el entonces presidente municipal, Fausto Vallejo, se acercó a él para reconocer el trabajo expuesto en la calzada Fray Antonio de San Miguel y solicitarle “no dejar de hacer los tapetes”, a lo cual “Tata Talí” le solicitó, además del reconocimiento moral, un incentivo económico a los equipos de artesanos: realizar un concurso, a fin de premiar a los mejores. Tras la promesa, la solicitud fue realidad y el resto de la historia se cuenta sola.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

En Patamban el objetivo principal de los tapetes es religioso. “Es para corresponder al santísimo Cristo Rey y agradecerle por darnos vida y trabajo durante el año… por ello hacemos un tapete muy bonito y en cada esquina colocamos un arco que va relacionado con nuestros oficios: panaderos, agricultores, alfareros, abarroteros”, relata Ayungua Suárez.

“No hay tintes de promoción turística” en esta festividad, pese a convocatoria y llegada de muchos visitantes nacionales y extranjeros”, asegura.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

Pandemia, duro golpe a la tradición

Artesano alfarero y agricultor –igual que su padre–, José Neftalí reconoce que la pandemia fue un duro golpe a los cerca de 80 talleres de Patamban y al gremio artesanal de todo Michoacán.

“Me preparé desde noviembre del año pasado para el tianguis del Domingo de Ramos y no se llevó a cabo”, cuenta el hijo del “Tata Talí”. Tras la pandemia de la enfermedad de Covi-19 y la prohibición de comercio en plazas públicas y la suspensión de los tianguis artesanales –Uruapan y la noche de muertos en Pátzcuaro–, la circunstancia lo orilló a emplearse en la pisca de fresa y los trabajos del campo.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

“Si me dan a escoger entre el campo y la artesanía, mil veces escojo la artesanía porque es muy satisfactorio hacer esto y cuando me compran una pieza, lo hacen con gran gusto… ese cachito de barro es parte de mi corazón y mi imaginación, por eso me apasiona”.

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Explica que este año el “tirado” de los tapetes será distinto debido al cambio de sede. Atribuyó la escases de flor este año a “que las lluvias se fueron antes”, además de otros factores, como la proliferación de huertas de aguacate en las inmediaciones de Patamban.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

Con 42 años de edad y media vida involucrado en la tradición del tapete –por herencia familiar–, José Neftalí asegura que “para eventos especiales, como el festival, tenemos una reunión anual entre agosto y septiembre”, pero fue precisamente la pandemia de Covid-19 lo que “les movió todos los planes”.

“La participación es abierta para toda la comunidad. Generalmente, desde octubre nos mandan los dibujos y de ahí nos dividimos… faltando 15 días para salir se preparan la mayoría de cosas: se junta la flor, salimos del pueblo y trabajamos desde las 11 de la noche para entregar los cuadros por la mañana”, explica mientras su padre lo observa.

De igual manera, el festival de música otorga una compensación simbólica por su trabajo y en algunas ocasiones les ha abierto la puerta para vender alfarería –ollas de barro laqueado y piezas típicas del pueblo–, además de apoyarlos con recursos para visitar el Zoológico, el Lago de Pátzcuaro y la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

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Padre e hijo de la familia Ayungua, señalaron que el auge del aguacate en la región de Tangancicuaro, además de los cultivos de papa, fresa, brócoli y zarzamora ha venido a impulsar la economía de Patamban, pero sobretodo los plantíos del llamado “oro verde”.

“Aquí sólo no trabaja el que no quiere”, aseguró José. Sin embargo, los efectos perniciosos de la explotación de las tierras comienzan a ser visibles: tala furtiva, “fracking” hidráulico y ollas que acaparan el vital líquido, renta de tierras a decenas de años, uso de agroquímicos y uso de mano de obra local a capitales anónimos que terminarán por ser los dueños del territorio.

Foto: Iván Arias | El Sol de Morelia

“A mediados de la década de los 80’s yo estaba en Estados Unidos y ahí un “gringo” me dijo: ‘México tiene tierras vírgenes, lástima que el gobierno de ustedes no los apoya. Pero va a llegar un día en que los americanos, japoneses y alemanes, renten las tierras allá… y ustedes ya nada’, y así fue”, señaló.

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