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El país de las últimas cosas

  • Enrique Godínez del Río

El autor Paul Auster en su novela de género narrativo “El País de las últimas cosas”, nos maneja una visión apocalíptica de una ciudad que está dejando de existir.
Anna Blume, la narradora en la búsqueda de su hermano William que fue enviado meses atrás como corresponsal para cubrir lo que está sucediendo en aquel país y en su larga carta nos describe la constante destrucción del mismo, que avanza en la enfermedad, la psicosis y el caos generado por el deterioro social, como el gobierno trata de sacar provecho y mantenerse en el poder mediante el uso autoritario a costa del mismo caos para perpetuarse, el autor nos narra en el recorrido de las calles de la ciudad la que va viviendo Anna en una forma dantesca de las diferentes formas de como una sociedad empieza a autodestruirse.

En esa subsistencia de la sociedad dentro del país, una forma de sobrevivencia son los llamados recolectores, personas que van encontrando en la destrucción cosas que pueden vender para seguir sobreviviendo, donde sus habitantes son sombras sin ninguna identidad y perspectiva a largo plazo, sin futuro porque han perdido su pasado, se sobrevive para no morir, por que en algún sentido hemos transferido el tener por el ser, de ahí parte la autodestrucción irreversible del país.
El país de las últimas cosas nos invita a la reflexión de que el camino que estamos tomando como sociedad en términos quizás exagerados en su libro, pero que no dista de los síntomas que estamos teniendo en este momento como sociedad, las ciudades estamos creciendo sin un rumbo definido, con una profunda crisis de los anti-valores como son el egoísmo que está muy presente, el futuro no tiene sentido más que en la única forma de sobrevivir, el pasado no es parte del presente y la degradación de los recursos naturales por el creciente consumismo se nos está volcando en contra nuestra y no estamos haciendo nada por remediarlo.
Debemos de ser conscientes de lo que estamos viviendo hoy y que muchos de los que actualmente tenemos más de 40 años de edad sabemos ésta vida no era así hace más de 30 o 50 años atrás, vivimos un pasado de seguridad, sin contaminación, embotellamientos viales, brotaba vida y se convivía con la naturaleza, ese pasado se nos fue porque no está presente con nosotros y la pregunta es ¿qué pretendemos hacer con los próximos 30 años o 50 años?, que esperaremos ver al llegar allá, por eso afirmo que nos estamos convirtiendo en una sociedad sin pasado que vive su presente sin anhelar si este presente que tenemos podrá ser igual o mejor a ese pasado, sabemos que las sociedades estamos en constante evolución pero hay aspectos muy importantes como sociedad que jamás debemos dejarlos como parte de una evolución y los más importantes como son los valores, el uso racional de los recursos naturales y la búsqueda de un consumismo más reflexivo que no juegue en contra de nosotros mismos, los siguientes años.
Al final estoy seguro que cada vez la sociedad está más consciente de que el cambio está en ella misma, contribuyamos a despertar las consciencias para poco a poco recuperar y tener el control del rumbo con sentido de nuestro municipio y no llegar a ser el país de las últimas cosas.