/ viernes 23 de noviembre de 2018

LUZ COMPARTIDA

“La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor”

Kurt D. Cobain (1967-1994) Músico estadounidense

Al tiempo de escribir esta colaboración estamos celebrando a Santa Cecilia, Patrona de los Músicos, de quien algunas voces señalan que ni fue santa, ni músico. Aquí algunos datos de ella:

“A la luz de los documentos históricos corroborados, la existencia de Santa Cecilia podría ser una leyenda, puesto que no se la menciona en ninguna de las listas hagiográficas de la época, hasta la aparición de las Actas de Santa Cecilia (hacia el año 480, unos tres siglos después de su supuesto martirio), y su patronazgo sobre la música, proclamado en 1594 por el Papa Gregorio XIII, podría ser fruto de una mala traducción del latín de dichas actas.

Por una parte, la leyenda puede tener su explicación en la circunstancia de que la iglesia de Santa Cecilia en Trastevere (Roma), en la que se originó el culto a la santa, se encuentra prácticamente en el mismo sitio en el que se encontraba el templo de la Bona dea Restituta , la buena diosa de la restitución (de la salud), diosa romana de la fertilidad, la castidad y la salud, en cuyos ritos estaba prohibida la presencia de hombres y a la que se atribuían poderes especiales para curar la ceguera. La palabra latina correspondiente a la ceguera, “caecitas”, resulta muy parecida a Cecilia.

En cuanto a su patronazgo sobre la música, parece ser que está fundamentado en una traducción errónea de la palabra organis de las mencionadas Actas de Santa Cecilia, que en latín significa: “instrumentos” (pudiendo ser incluso los de tortura: candentibus organis, como figura en los códices más antiguos, en vez de canentibus organis), y que se tradujo, quizá interesadamente, por “órgano”, instrumento que la Iglesia católica empezó a introducir en sus templos en siglo VI. Y así, lo que en el texto original venía a significar que la santa, desdeñando los candentes instrumentos de tortura, o el canto de los instrumentos musicales, tan sólo quería alabar a su Señor, pasó a ser que la santa se entregaba a su Señor cantando y tocando el órgano. Con lo que de despreciar la música para alcanzar la virtud pasó a alcanzar la virtud interpretando música”.

De cualquier forma, sigamos celebrando la tradición porque como cita Friedrich Nietzsche: “Sin música la vida sería un error”. (M)



“La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor”

Kurt D. Cobain (1967-1994) Músico estadounidense

Al tiempo de escribir esta colaboración estamos celebrando a Santa Cecilia, Patrona de los Músicos, de quien algunas voces señalan que ni fue santa, ni músico. Aquí algunos datos de ella:

“A la luz de los documentos históricos corroborados, la existencia de Santa Cecilia podría ser una leyenda, puesto que no se la menciona en ninguna de las listas hagiográficas de la época, hasta la aparición de las Actas de Santa Cecilia (hacia el año 480, unos tres siglos después de su supuesto martirio), y su patronazgo sobre la música, proclamado en 1594 por el Papa Gregorio XIII, podría ser fruto de una mala traducción del latín de dichas actas.

Por una parte, la leyenda puede tener su explicación en la circunstancia de que la iglesia de Santa Cecilia en Trastevere (Roma), en la que se originó el culto a la santa, se encuentra prácticamente en el mismo sitio en el que se encontraba el templo de la Bona dea Restituta , la buena diosa de la restitución (de la salud), diosa romana de la fertilidad, la castidad y la salud, en cuyos ritos estaba prohibida la presencia de hombres y a la que se atribuían poderes especiales para curar la ceguera. La palabra latina correspondiente a la ceguera, “caecitas”, resulta muy parecida a Cecilia.

En cuanto a su patronazgo sobre la música, parece ser que está fundamentado en una traducción errónea de la palabra organis de las mencionadas Actas de Santa Cecilia, que en latín significa: “instrumentos” (pudiendo ser incluso los de tortura: candentibus organis, como figura en los códices más antiguos, en vez de canentibus organis), y que se tradujo, quizá interesadamente, por “órgano”, instrumento que la Iglesia católica empezó a introducir en sus templos en siglo VI. Y así, lo que en el texto original venía a significar que la santa, desdeñando los candentes instrumentos de tortura, o el canto de los instrumentos musicales, tan sólo quería alabar a su Señor, pasó a ser que la santa se entregaba a su Señor cantando y tocando el órgano. Con lo que de despreciar la música para alcanzar la virtud pasó a alcanzar la virtud interpretando música”.

De cualquier forma, sigamos celebrando la tradición porque como cita Friedrich Nietzsche: “Sin música la vida sería un error”. (M)



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