/ jueves 7 de febrero de 2019

Golpe de Timón

Recién se conmemoró el aniversario 102 de haberse promulgado nuestra Carta Magna, el hecho se verificó en el ahora llamado Teatro de La República de Querétaro, la actualidad es pródiga en muchos sucesos que rompen con la legalidad porque la corrupción galopante es más que evidente y hemos padecido sus consecuencias.

En aquellos tiempos, hace más de un siglo, figuraron dos legisladores michoacanos en el Congreso Constituyente de aquel año precedido de estruendosos acontecimientos derivados de la Revolución; nos referimos a Jesús Romero Flores y Francisco J. Múgica. Por cierto, este último algunos aún se preguntan por qué no fue presidente de la República.

Nuestra Carta Magna, la actual, difiere de la original, obviamente los contextos varían porque nada permanece estático.La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ha sido reformada, enmendada y los remiendos son ostensibles, cada mandatario hace sus agregados en el afán de reinventar nuestro país.

Aquel Congreso es radicalmente diferente al que tenemos ahora, muchos legisladores lucen devaluados en términos generales, no legislan, hacen gestiones, viajan o duermen la siesta en las sesiones; su preparación en muchos casos es nimia, alguien diría que hablan con faltas de ortografía.

La tarea primordial de los legisladores es hacer leyes, aunque muchos asumen que su trabajo es la gestión, tarea por la cual cobran una alta dieta en el México plagado de las desigualdades y las historias de terror, acostumbran publicar en redes sociales las dádivas que entregan costeadas con recursos públicos y hasta se hacen los graciosos. A falta de cosas trascendentes difunden lo que se les ocurre, en muchos casos no rebasan los linderos de la frivolidad.

Costumbres, atavismos y prácticas inveteradas que se maridan con el clientelismo, usualmente no retornan a sus distritos para legitimar sus decisiones al votarse en el Pleno alguna nueva legislación o reforma constitucional porque sienten mayor compromiso con las elites de sus partidos que con los electores aunque en los comicios deban a los votantes su curul.

En diversos sondeos los diputados suelen ser mal calificados, en algunos casos peor que a la Policía, muchas veces se pueden ver como escuchar los desencuentros entre los integrantes de bancadas antagónicas, no se trata de un debate reposado en el que reluzca la retórica, los argumentos lustrosos o exposiciones de motivos interesantes como necesarias, no, lo que en múltiples ocasiones se refleja es el encono, la diatriba con los insultos como epílogo.

La más alta tribuna de la nación se ha rebajado, se ha pervertido, esa es una realidad indiscutible.

Quinientos diputados federales entre uninominales y pluri nominales son un exceso en un país en el que la pobreza y la desigualdad no han dejado de cabalgar por los cuatro puntos cardinales, es una carga sumamente onerosa e injustificada, es momento de reducir el número de curules.

En la actualidad 200 diputados pluris son un exceso injustificable porque la competencia política y la alternancia llegaron para quedarse, diversos partidos ganan gubernaturas, senadurías, ayuntamientos y otros espacios, no hay razón de ser para mantener del erario público a semejante cantidad de “gestores” muy bien pagados. En fin, los diputados actuales difieren, en mucho, de aquellos del Congreso Constituyente. (M)

Recién se conmemoró el aniversario 102 de haberse promulgado nuestra Carta Magna, el hecho se verificó en el ahora llamado Teatro de La República de Querétaro, la actualidad es pródiga en muchos sucesos que rompen con la legalidad porque la corrupción galopante es más que evidente y hemos padecido sus consecuencias.

En aquellos tiempos, hace más de un siglo, figuraron dos legisladores michoacanos en el Congreso Constituyente de aquel año precedido de estruendosos acontecimientos derivados de la Revolución; nos referimos a Jesús Romero Flores y Francisco J. Múgica. Por cierto, este último algunos aún se preguntan por qué no fue presidente de la República.

Nuestra Carta Magna, la actual, difiere de la original, obviamente los contextos varían porque nada permanece estático.La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ha sido reformada, enmendada y los remiendos son ostensibles, cada mandatario hace sus agregados en el afán de reinventar nuestro país.

Aquel Congreso es radicalmente diferente al que tenemos ahora, muchos legisladores lucen devaluados en términos generales, no legislan, hacen gestiones, viajan o duermen la siesta en las sesiones; su preparación en muchos casos es nimia, alguien diría que hablan con faltas de ortografía.

La tarea primordial de los legisladores es hacer leyes, aunque muchos asumen que su trabajo es la gestión, tarea por la cual cobran una alta dieta en el México plagado de las desigualdades y las historias de terror, acostumbran publicar en redes sociales las dádivas que entregan costeadas con recursos públicos y hasta se hacen los graciosos. A falta de cosas trascendentes difunden lo que se les ocurre, en muchos casos no rebasan los linderos de la frivolidad.

Costumbres, atavismos y prácticas inveteradas que se maridan con el clientelismo, usualmente no retornan a sus distritos para legitimar sus decisiones al votarse en el Pleno alguna nueva legislación o reforma constitucional porque sienten mayor compromiso con las elites de sus partidos que con los electores aunque en los comicios deban a los votantes su curul.

En diversos sondeos los diputados suelen ser mal calificados, en algunos casos peor que a la Policía, muchas veces se pueden ver como escuchar los desencuentros entre los integrantes de bancadas antagónicas, no se trata de un debate reposado en el que reluzca la retórica, los argumentos lustrosos o exposiciones de motivos interesantes como necesarias, no, lo que en múltiples ocasiones se refleja es el encono, la diatriba con los insultos como epílogo.

La más alta tribuna de la nación se ha rebajado, se ha pervertido, esa es una realidad indiscutible.

Quinientos diputados federales entre uninominales y pluri nominales son un exceso en un país en el que la pobreza y la desigualdad no han dejado de cabalgar por los cuatro puntos cardinales, es una carga sumamente onerosa e injustificada, es momento de reducir el número de curules.

En la actualidad 200 diputados pluris son un exceso injustificable porque la competencia política y la alternancia llegaron para quedarse, diversos partidos ganan gubernaturas, senadurías, ayuntamientos y otros espacios, no hay razón de ser para mantener del erario público a semejante cantidad de “gestores” muy bien pagados. En fin, los diputados actuales difieren, en mucho, de aquellos del Congreso Constituyente. (M)

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